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“Yo no ayudo a mi mujer con los ni√Īos ni con la casa”: El art√≠culo viral que no es lo que parece
Publicado por: Denisse Charpentier
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“Yo no ayudo a mi mujer con los ni√Īos ni con las tareas de la casa”, declara el psic√≥logo espa√Īol Alberto Soler Sarri√≥, en una columna que se ha viralizado ampliamente en redes sociales en los √ļltimos d√≠as.

Lo que para muchos, en primera instancia, parece ser la confesión de un hombre machista o despreocupado que se desliga de los quehaceres familiares, en realidad es todo lo contrario, pues en este artículo el especialista muestra la equivocada concepción que la sociedad tiene respecto al cuidado de los hijos y la tareas domésticas.

Soler, quien es casado y tiene dos hijos, deja en claro en su manifiesto que él no ayuda a su mujer, porque no se puede ayudar a alguien cuando se está haciendo algo que es su entera responsabilidad.

A continuación puedes leer el viralizado artículo.

Esta ma√Īana he ido de paseo y al supermercado con los ni√Īos (ya tienen 15 meses, est√°n para com√©rselos, ¬°de verdad!). En la cola, se me ponen a hablar un par de se√Īoras, y las dos concluyen lo mismo: ‚Äúhi ha que veure, lo que ajuden ara els homens a les seues dones amb els fills‚ÄĚ (‚Äúhay que ver lo que ayudan ahora los hombres a sus mujeres con los hijos‚ÄĚ). √Čsta es una de esas situaciones que me encantan para poder provocar un poco y sacar mi lado m√°s feminista. Pero hoy se hac√≠a tarde para comer y me he limitado a sonre√≠r, agradecer y seguir a casa.

¬ŅQue qu√© le habr√≠a dicho a estas se√Īoras? Probablemente, como en otras ocasiones, les habr√≠a respondido con un ‚Äúdisculpe se√Īora, pero no, ni ayudo ni pienso ayudar a mi mujer con los hijos‚ÄĚ. Y pasar√≠a a explicarle cu√°l es mi punto de vista al respecto.
Antes de tener hijos yo nunca he sido de esas parejas o maridos que ayudan a su mujer con las tareas de casa. Pero es que mi mujer tampoco me ha ayudado nunca. Y cuando llegaron los hijos las cosas siguieron m√°s o menos igual: ni le he ayudado con la casa ni ahora con los hijos. Habr√° alguno que a√ļn no haya pillado de qu√© va la cosa y est√© pensando maravillas sobre m√≠ y apiad√°ndose de mi mujer (¬°pobrecita, menudo le ha tocado!). No, yo no ayudo a mi mujer con los ni√Īos porque no puedo ayudar a alguien con algo que es mi entera responsabilidad.

Los hijos, al igual que las tareas dom√©sticas, no son el patrimonio de nadie: ni pertenecen a la mujer ni pertenecen al hombre. Son responsabilidad de ambos. Por este motivo me llega a ofender cuando, de modo muy bienintencionado (soy consciente) me halagan con ‚Äúlo mucho que ayudo a mi mujer‚ÄĚ. Como si no fueran mis hijos o no fuera mi responsabilidad. Hago, con mucho esfuerzo y mucho gusto ni m√°s ni menos que aquello que me corresponde. Al igual que mi mujer. Y por mucho que me esfuerce nunca podr√© llegar a hacer tanto y tan bien como hace ella.

¬ŅPor qu√© tenemos esta visi√≥n de las responsabilidades?

Tenemos a√ļn en la mente un modelo de familia patriarcal en el que hay un reparto de tareas muy bien definido: el hombre es el proveedor de recursos, la mujer la gestora del hogar (ah√≠ se incluyen los hijos). Sin embargo la sociedad ha cambiado profundamente en las √ļltimas d√©cadas (afortunadamente) y este reparto de papeles ha pasado en muchos casos a la historia. La mujer hoy en d√≠a, aunque sigue profundamente discriminada socialmente (no hay m√°s que ver la diferencia en salarios u oportunidades de promoci√≥n laboral) es el agente de su propio desarrollo, tiene la capacidad de desarrollar una carrera profesional en los mismos √°mbitos que un hombre y, si decide dedicarse al cuidado de los hijos es, en la mayor√≠a de los casos, por una elecci√≥n personal, y no por falta de oportunidades o derechos sociales.

En un momento en el que tenemos esta igualdad de roles entre hombre y mujer, asumir de facto que los hijos son responsabilidad de ellas es un vestigio del pasado. Hoy en d√≠a hombre y mujer se reparten (o deber√≠an hacerlo) de modo equilibrado aquellas tareas que les ata√Īen a ambos, como la casa y los hijos. ¬ŅY qu√© es ‚Äúde modo equilibrado‚ÄĚ? Ese equilibrio no implica en (casi) ning√ļn caso un reparto 50-50, sino m√°s bien una adaptaci√≥n flexible entre la disponibilidad de los miembros de la familia y las tareas que se requieren. Pensemos por ejemplo, qu√© injusto ser√≠a un reparto de tareas 50-50 en un caso en el que la mujer llegara a casa a las 20:00 despu√©s de 12 horas de trabajo, y su pareja llevara desde mediod√≠a en casa. Un reparto ‚Äúmitad t√ļ, mitad yo‚ÄĚ ser√≠a tremendamente injusto. E igual a la inversa.

Los hijos implican dar un paso m√°s all√° en esta flexibilidad y suponen un importante test de compenetraci√≥n y trabajo de equipo en la pareja (y cuando vienen a pares como en nuestro caso, m√°s todav√≠a). Ya habl√© hace tiempo sobre el papel del padre durante la lactancia, ya que parece que muchos padres se sienten perdidos durante esta etapa pensando que la mujer es la √ļnica que puede hacer algo por el ni√Īo. Ni mucho menos. Pero conforme crecen los ni√Īos el papel que juega el padre crece m√°s si cabe.

¬ŅCu√°les son las tareas propias del padre y cu√°les las de la madre?

Bueno, pues más allá de ser la madre (por obvios motivos) la encargada de la teta, el resto de las casi innumerables tareas relacionadas con los hijos no son patrimonio exclusivo de nadie, son total y absolutamente intercambiables entre padre y madre en función de las circunstancias, preferencias (de ellos o de los hijos -hoy quiero que me duerma la mami/el papi-) o habilidades de cada uno.

Un buen reparto de esas tareas es el que es equilibrado, justo, que no genera conflicto y que permite un desarrollo armonioso de la rutina doméstica.

¬ŅQu√© modelo quiero transmitir a mis hijos?

Quiero que mis hijos crezcan sin saber si planchar es cosa de hombres o de mujeres. Que no sepan si los ba√Īos son cosa de su padre o de su madre. Que no asocien la cocina con el feudo de nadie, ni tampoco la aspiradora, doblar ropa u ordenar los armarios. Que acudan con m√°s o menos igual frecuencia a uno o a otro para dormir, para contar sus confidencias, para jugar o para enfadarse. Que no haya un ‚Äújefe‚ÄĚ de la casa sino que todos convivimos del modo m√°s feliz posible.

As√≠ que no, se√Īora, yo no ayudo a mi mujer con los ni√Īos. Tampoco con la casa. Estoy con ellos en el supermercado y les paseo porque son mis hijos y me acompa√Īan all√° donde voy. Les cambio los pa√Īales, les ba√Īo, les llevo al parque o les preparo la comida no por ayudar a mi mujer, sino porque son mis hijos, son mi responsabilidad y quiero que crezcan con un modelo de familia y de reparto de tareas diferente a aquel que Ud. y yo hemos tenido.

Alberto Soler
Psicólogo

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