Sociedad
Comercio diabólico: pactos con el demonio
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Desde el inicio de los tiempos, la gran mayoría de las creencias ha distinguido el bien y el mal como dos fuerzas irreconciliables, destacando en todas alguna figura que represente el mal. Y en el caso del cristianismo, la religión con mayor cantidad de adeptos en nuestro país, tampoco es la excepción, con el diablo como principal oponente a la verdad y pureza.

De acuerdo a la tradición cristiana, el rol de Satán es ser el principal oponente a Dios, y en ese papel intenta de una u otra forma apartar a las criaturas creadas del plan divino, estableciendo pactos o alianzas de tal forma de asegurarse almas para cumplir condena junto a él.

Y si bien pareciera a “cuento de viejas”, lo cierto es que en la d√©cada del 30, el estadounidense Stith Thompson profundiz√≥ en el tema en su texto “Motif-Index of folk literature” llegando a concluir algunas de las razones m√°s recurrentes para concretar un acuerdo con el demonio, las que van desde la ayuda en empresa complicadas, adem√°s del √©xito en los negocios, en juegos de azar y -por supuesto- con el sexo opuesto; sin dejar de lado la necesidad de auxilio en medio de una necesidad y poderes m√°gicos.

Todas estas razones apuntan principalmente a places y situaciones terrenales, olvidando la eternidad del alma, que pasa a ser la moneda de cambio para Sat√°n. Esto √ļltimo queda en evidencia en el texto sagrado, cuando el propio Diablo tienta a Jes√ļs.

Seg√ļn el evangelio de Mateo (Cap√≠tulo 4, vers√≠culos 1 al 11), el maligno no s√≥lo intent√≥ hacer que Jes√ļs hiciera demostraciones p√ļblicas de su poder, sino que adem√°s le ofreci√≥ supuestos reinos “si postrado me adoras”, dando luces de lo que finalmente desea el demonio con el alma de los humanos: poder y gloria.

Y si bien esta negociaci√≥n no lleg√≥ a buen puerto, otros mortales creyeron que de esta forma era posible negociar con el mismo pr√≠ncipe de las tinieblas, pese a la f√©rrea vigilancia de la Iglesia Cat√≥lica, que no escatim√≥ recursos en perseguir pr√°cticas consideradas de “brujer√≠a”.

No obstante, esto significó la muerte de muchas mujeres en una hoguera acusadas de prácticas abominables, que iban desde usar poderes mágicos para llevar a los hombres por el camino del mal. Y aunque el género femenino quedó marcado por este tipo de acusaciones, cuando hablamos de pactos con el demonio los hombres llevan la delantera.

De ahí que entre los casos más conocidos aparezcan nombres como Teófilo de Adana, y el Doctor Fausto, como ejemplos clásicos de transacciones diabólicas.

Pero esa tendencia a culpar a las mujeres del “comercio diab√≥lico”, llev√≥ a que dos inquisidores alemanes, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger, elaboraran un tratado enfocado en las hechiceras, el “Malleus Maleficarum” o “Martillo de las Brujas”, texto publicado en Alemania por el 1485 y que fue ampliamente utilizado en la Inquisici√≥n.

Entre sus cap√≠tulos se explica parte de los rituales, entre los que destaca el realizado por un grupo de brujas hasta donde acude el mismo demonio en forma de hombre, exigiendo “preparar ciertos unguentos con los huesos y miembros de ni√Īos, especialmente de aquellos que han sido bautizados; por todos estos medios, y con la ayuda que √©l le proporcione, podr√° cumplir todos sus deseos”.

Pactos emblem√°ticos con el demonio

Una vez aceptados los pactos como ritual, poco a poco se ha ido conociendo de historias que rayan entre la fantasía y el misterio, de personas que decidieron vender su alma al diablo.

Teófilo de Adana, un sacerdote con ansias de poder

Seg√ļn un relato ap√≥crifo (no aprobado por la Iglesia), Te√≥filo de Adana era un sacerdote que fue designado a una ciudad al sur de Turqu√≠a, pero no queriendo asumir el desaf√≠o por no considerarse capaz, otro vino a reemplazarle.

Pero su sucesor no se conformó sólo con asumir su nuevo rol, sino que además prácticamente lo confinó a un rincón de la comunidad. Esta situación motivó la molestia de Teófilo, quien no encontró nada mejor que recurrir a Satán para recuperar su antigua posición.

Luego de firmar un contrato donde el Diablo le exig√≠a renunciar a Jes√ļs y a la Virgen Mar√≠a, Te√≥filo recuper√≥ su sitial en la iglesia. Pero con el paso de los a√Īos, ech√≥ pie atr√°s a su dr√°stica decisi√≥n y pidi√≥ perd√≥n siendo redimido finalmente por la madre de Jesucristo.

Aunque su perd√≥n no fue gratis, tras un largo periodo de ayuno, el mismo demonio vino a hacer valer el contrato. En un arrebato de sinceridad, Te√≥filo le mostr√≥ el documento a su sucesor, quien le arrebat√≥ el texto lanz√°ndolo al fuego, liberando de paso el alma de Te√≥filo, quien muri√≥ de alegr√≠a, seg√ļn consta en el libro “The sources of the Faust tradition from Simon Magus to Lessing“.

Fausto, la leyenda

Considerada la historia m√°s cl√°sica respecto a ventas de almas, su vida est√° relatada en el libro “Historia von D. Johann Fausten”, donde se cuenta de un mago que recib√≠a ayuda de Mefost√≥files, demonio s√ļbdito del Diablo, durante 24 a√Īos, marcados por excesos y placeres mundanos, al t√©rmino de los cuales su alma quedar√≠a en propiedad del demonio.

Si bien en algunos momentos Fausto queda a punto de alcanzar el arrepentimiento, finalmente es arrebatado al infierno, perdiéndose para siempre su alma.

De esta tr√°gica historia ha derivado una serie de versiones, llevadas a la literatura y al cine, quedando en la conciencia colectiva la historia del joven que a cambio de conocimiento y juventud para conquistar al sexo opuesto, fue capaz de vender su alma, surgiendo como personaje casi rom√°ntico, aunque bastante m√°s alejado del mito original relatado en “La tr√°gica historia de la vida y muerte del Doctor Fausto“.

M√ļsica por almas para el demonio

El resto de las historias est√°n marcadas por la m√ļsica, y es que al menos dos artistas han sido puestos bajo sospecha por su fama y √©xito, quedando en la duda si efectivamente concretaron alguna transacci√≥n con el demonio.

El primero de ellos es Giuseppe Tartiti, quien dej√≥ la miseria gracias a su particular dominio del viol√≠n, quedando patente en su obra “el trino del diablo”, que habr√≠a estado inspirada en un particular encuentro con el diablo.

Seg√ļn cuenta el Grove Dictionary of Music and Musicians, el mismo demonio le toc√≥ una pieza que dej√≥ asombrado al intr√©pido artista, quien intent√≥ reproducir la obra en una sonata, famosa hasta la actualidad.

“La sonata que compuse entonces es por lejos la mejor que he escrito jam√°s y a√ļn la llamo “El trino del diablo”, pero result√≥ tan inferior a lo que hab√≠a o√≠do en el sue√Īo que me hubiera gustado romper mi viol√≠n en pedazos y abandonar la m√ļsica para siempre”, relata.

El mito concluye que dicho viol√≠n utilizado por el diablo se encuentra en alg√ļn lugar oculto, pero quien lo tenga en su poder y logre arrancarle algunas notas, recibir√° la visita del demonio para ofrecerle su ayuda y talento.

Pero no s√≥lo Tartini es parte de la leyenda, sino que adem√°s otro m√ļsico italiano, Niccolo Paganini, tambi√©n vivi√≥ bajo el halo de la sospecha de un pacto demon√≠aco. Y si bien el propio artista difundi√≥ un supuesto talento otorgado por Sant√°n, lo concreto es que el mito parti√≥ m√°s que nada por su extraordinario talento.

Tanto así, que a Paganini se le recuerda por haber logrado ejecutar obras completas sólo tocando una cuerda.

A su muerte, supuestamente por s√≠filis, la Iglesia se neg√≥ a que su cuerpo fuera enterrado en un cementerio cat√≥lico, y s√≥lo tras 30 a√Īos de disputas, los restos del denominado “Compositor del Diablo” finalmente fueron depositados en la catedral de Parma.

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