Se trata de una milenaria tradición de los Khasis de la India, los cuales, cargados de paciencia, idearon una fórmula para cruzar los ríos del bosque Meghalaya sin romper con la armonía del ambiente.

Guiando raíces de árboles de caucho, los nativos consiguieron crear puentes vivos. No son más que ramas perfectamente tejidas, que con el paso del tiempo siguen creciendo y reparándose a sí mismas.

Los puentes, que cargan sin problemas el peso de 50 personas, deslumbran por la inteligencia de sus creadores y la perfección de su construcción absolutamente natural.