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Periodista de “El Ciudadano” desmiente incitar agresiones a TVN y acusa manipulaci√≥n de la prensa
Publicado por: Christian Leal
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Este martes, BioBioChile public√≥ una nota sobre la denuncia p√ļblica de un grupo de periodistas de TVN en torno a las supuestas acciones de un profesional de “El Ciudadano” para incitar la agresi√≥n hacia algunos medios, la que fue acogida por el Colegio de Periodistas,

Hoy mi√©rcoles, en una carta abierta, Mauricio Becerra desminti√≥ haber incitado a los manifestantes a agredir o da√Īar los equipos de medios televisivos como TVN, Canal 13, Mega o Chilevisi√≥n, al tiempo que acus√≥ a algunos de sus periodistas de manipular los hechos para presentar las protestas como violentas.

A continuación, reproducimos íntegramente el texto publicado en El Ciudadano.

Carta abierta a nuestros colegas periodistas:

Los √ļltimos d√≠as a trav√©s de Twitter y en una nota aparecida en Radio B√≠o-B√≠o se acusa a nuestro periodista, Mauricio Becerra, de agredir a la prensa e instigar a la gente que participa en marchas a que lo hagan. Junto con desmentir tales acusaciones, nos llama la atenci√≥n la coordinaci√≥n que tienen nuestros colegas para desprestigiarnos sin siquiera contrastar sus fuentes, cosa b√°sica del periodismo. En una carta abierta nuestro periodista da su respuesta:

Estimados:

De partida debo se√Īalar que no conozco al periodista Roberto Saa, quien me acusa de que he incitado a ‚Äúagredir a la prensa‚ÄĚ o que ‚Äúhay gente que ha sido agredida por culpa de este tipo‚ÄĚ o que ‚ÄĚvarios m√≥viles han sido atacados, al ser alentados por √©l‚ÄĚ. Nunca lo he visto cubriendo una marcha, por lo que me cuesta entender el √©nfasis con que me acusa.

Su sentencia la afirma diciendo que ‚Äúpor lo menos 10 colegas que pueden apuntarlo‚ÄĚ. Si acercarse a un periodista para preguntarle por qu√© estaba mintiendo en sus despachos o decirle a un camar√≥grafo que podr√≠a dedicarse a cubrir la violencia policial de igual forma como se dedican a buscar encapuchados, todo dicho de una manera cordial, de profesional a profesional, es ‚Äėalentar‚Äô a las masas a agredir a mis colegas, creo que recurre a una pr√°ctica com√ļn entre nuestros colegas: la exageraci√≥n.

Un ejercicio m√≠nimo del periodismo es el contraste de fuentes y hasta ahora ninguno de los periodistas que me increpan o reproducen frases como ‚ÄėPiteate un Mauricio Becerra‚Äô han siquiera intentado conocer nuestra versi√≥n.

De igual forma abultan las cifras. Me gustar√≠a conocer si quiera uno de esas ‚Äėdecenas de testigos‚Äô que se√Īala Saa, obviamente que no sean camar√≥grafos o periodistas de los medios masivos.

Tambi√©n quiero emplazar al camar√≥grafo Carlos del Canto, quien sostiene que ‚Äúpor culpa de este personaje varios colegas me incluyo fuimos agredidos en mas de una ocasi√≥n por alentar a otros a golpearnos‚ÄĚ.

Dicha acusación es grave y al leer sus twitter sólo me cabe comprobar que el ejercicio de reducción de la realidad, configurar enemigos y vestir demonios es la tónica acostumbrada.

Para explicarme mejor paso a relatar los hechos en los que se me implica:

Poco despu√©s de la una y media de la tarde el 30 de junio de este a√Īo, en circunstancias que reporteaba la jornada de movilizaci√≥n estudiantil me encontr√© en las afueras del Ministerio de Educaci√≥n junto a otros colegas.

En ese momento periodistas de Mega, TVN y Canal 13 daban curso a sus despachos en directo. El escenario tras ellos era una marcha pacífica que ocupaba la calzada sur de la Alameda y que desde la esquina de Amunátegui hacia el poniente ocupaba ambas calzadas.

No había nadie tirando piedras, mucho menos una molotov y personas ocasionando incidentes. Al fondo se veía, eso sí, en dirección a Los Héroes, gas lacrimógeno y el accionar de la policía. Pero en el lugar en que estaban los periodistas no ocurría incidente alguno e, incluso, carabineros estaba en actitud laxa.

Al escuchar el relato del periodista de Mega, Simón Oliveros, me llamó la atención que en su descripción en directo de la situación para el noticiario que a esa hora estaba al aire dijera que había encapuchados y personas lanzando bombas molotov, en circunstancias en que no había nadie con dichas características realizando esos actos en ese lugar.

Entonces resulta extra√Īo que un profesional cuyo deber es la veracidad, la objetividad y el rigor est√© transmitiendo cosas que no ocurr√≠an.

No niego que durante la marcha no haya habido incidentes de este tipo, pero afirmamos que un periodista no puede hacer un relato que no ocurre frente a sus sentidos inmediatos y esconda, disfrace o tergiverse el hecho de que en ese momento la mayor parte de los manifestantes que se hallaban frente a él se comportaban de manera pacífica.

Pero el tipo estaba allí haciendo un relato acostumbrado de violencia, encapuchados y todo eso a lo que estamos acostumbrados a ver en Mega. Ante tal situación lo abordé, ya que estábamos haciendo transmisión radial on line, respecto de por qué hacia dicho relato y no se ajustaba a lo que allí acontecía. Como no obtuve respuesta del periodista, le dije que estaba mintiendo y que debía ajustarse a las mínimas condiciones de ejercicio de la profesión.

Ese d√≠a, varias personas que estaban tras las rejas colocadas por carabineros increparon a los periodistas que hac√≠an su relato de los hechos, acusando que simplemente faltaban a la verdad. Pero atribuir que la pregunta que hice ‚Äėaleona‚Äô (como se nos dijo en aquella ocasi√≥n) a la gente contra la prensa es reducir el simple hecho de que cada d√≠a la gente se da cuenta con mayor claridad de las poco √©ticas formas de ejercicio de la profesi√≥n que realizan algunos de nuestros colegas.

As√≠ que los juicios respecto a que ‚Äúinsult√© a sus colegas‚ÄĚ e ‚Äúincit√© a hacer destrozos‚ÄĚ no se ajustan a la realidad. Simplemente estaba trabajando en ese momento al igual que mis colegas, con la diferencia de que nuestro relato intenta ajustarse con veracidad a lo ocurrido y no construir un gui√≥n ya repetido donde hay buenos y malos.

Niego tajantemente la acusaci√≥n de que incitara a hacer destrozos, como afirman en sus relatos. Si el hecho de acercarse a los manifestantes para recoger su opini√≥n o reportear donde efectivamente ocurren los hechos implica ‚Äėincitar a agredir a la prensa‚Äô, est√°n repitiendo un ejercicio de puesta en discurso de esos que se usaban en la universidad para analizar la manipulaci√≥n medi√°tica.

LA UNIFORMIDAD A LA QUE NOS TIENEN ACOSTUMBRADO

La principal crítica que se hace a los medios hoy es no sólo su uniformidad, de la que gustosamente como medio estamos librados, sino que, sobre todo, la forma en que distorsionan, manipulan y reducen la realidad. Le recomendamos revisar los comentarios a muchas de sus notas en diversos portales de Internet, donde se evidencia que este rechazo a la prensa es cada vez mayor.

En tal sentido, llama la atención el hecho que los periodistas acostumbren a hacer el relato de un hecho desde una posición intencionada y no objetiva. Porque elegir como lugar de despacho un espacio detrás de la policía uniformada, uno de los actores protagonistas de la noticia, claramente es reflejo de parcialidad.

Es evidente que Mega envía a sus reporteros no a cubrir un hecho que está ocurriendo, sino que con la intención clara de buscar incidentes, destrozos, encapuchados y el sinfín de imágenes que permitan hacer un relato de una movilización estudiantil centrado en hechos de violencia. Un relato, en definitiva, que criminaliza la protesta social y ensombrece las demandas de los sectores que protestan.

As√≠ las cosas, pareciera que los periodistas no van a ver lo que pasa, no salen a buscar la noticia, sino que salen predispuestos a probar una tesis, con un gui√≥n ya armado de buenos y malos, sin siquiera profundizar en el por qu√© ocurren los incidentes, que efectivamente son violentos (cosa que jam√°s hemos negado), pero que ensombrecen el contexto y una pregunta b√°sica del periodismo: ¬ŅPor qu√© pasa eso?

Aprovechamos entonces de pedirles un análisis más fino de los hechos y no quedarse con el estereotipo al que recurren siempre: encapuchados, violentistas, anarquistas o infiltrados, que es una de las formas reduccionistas que los medios recurren para ensombrecer un complejo fenómeno de violencia, formas residuales de expresión y, en el fondo, desigualdad social.

LAS INVESTIGACIONES DE CANAL 13

Luego de a√Īos viendo los noticiarios de televisi√≥n, se constata que las luces y sus c√°maras est√°n puestas contra los de abajo. Un amigo que trabaj√≥ en Canal 13 hace unos a√Īos me cont√≥ que estuvo varios d√≠as en una van de vidrios polarizados tratando de registrar a un cuidador de autos haciendo alguna piller√≠a. ‚ÄėEra el hombre m√°s honrado del mundo‚Äô- me dijo. As√≠ las cosas, como el tipo era honrado, no fue jam√°s noticia.

As√≠ persiguen al ciego que no es ciego, a la jubilada que vende drogas en las poblaciones, al chico que se fuma un porro en una plaza o al que se roba un pat√© de un supermercado. Un periodismo que festina con las peque√Īas ilegalidades de los que no tienen voz, pero que hacen la vista gorda con sus generosos auspiciadores.

Me gustaría ver el mismo ímpetu y el despilfarro de recursos con las cámaras enfocadas hacia otros sectores. Pero pedir eso a los medios grandes de Chile es mucho pedir. Sólo hace unos meses el principal noticiario de TVN era auspiciado por La Polar, al igual que como hoy reciben plata de CMR, Cruz Verde, BCI o Falabella.

Quiz√°s sea por esto la fama que tiene el periodismo chileno entre sus pares latinoamericanos. Se nos acusa de complaciente o que consideramos golpes noticiosos a filtraciones de investigaciones llevadas a cabo por organismos fiscales.

No pocos internautas han observado en los √ļltimos d√≠as que se entiende m√°s sobre la crisis de la educaci√≥n revisando prensa extranjera, (vea nota de revista Time) pero en nuestras pantallas vemos a nuestros colegas preocupados de un chico que tira una piedra entre doscientos mil manifestantes pac√≠ficos o apresurados por mostrar alguna disidencia en los c√≠rculos estudiantiles.

LA FOTO QUE ME TOM√ď UN DESCONOCIDO

Recuerdo que el 30 de junio, en las esquinas de Amun√°tegui con Alameda me encontr√© con Felipe Varas, periodista de Canal 13, quien me dijo ‚ÄėAh, eres t√ļ el que increpa a los periodistas‚Äô (o algo por el estilo). Se produjo una discusi√≥n franca, sin ofensas ni groser√≠as, la que observaban atentos un grupo de secundarios. Me present√© y les dije que era periodista de El Ciudadano y un tipo tom√≥ una foto. Cuando le ped√≠ que me dijera qui√©n era √©l, ni siquiera se present√≥ y se escabull√≥ entre un enjambre de periodistas.

Me acabo de enterar que era Francisco Pollak. Pareciera que esa es su t√©cnica de reporteo: Hacerse el leso, capturar un par de im√°genes y despu√©s construir un relato que habla que llam√© a que ‚Äúrompieran el m√≥vil de prensa y agredirnos‚ÄĚ o que lo trat√© a garabatos, como acusa en sus mensajes. Tambi√©n dice que los insult√© y llam√© a agredir a la ‚Äėprensa burguesa‚Äô. Le informo al se√Īor Pollak que palabras como ‚Äėprensa burguesa‚Äô no est√°n en mi vocabulario y me espantan esos lugares comunes.

Decir ahora que estuvieron a punto de agredirlo a causa m√≠a es exagerar una situaci√≥n. No hubo asomo de violencia y ni siquiera se escuch√≥ un improperio. Los escolares, recuerdo, miraban sin entender. Pero es una rutina habitual en nuestros colegas el recurso a la hip√©rbole, la exageraci√≥n o la prestidigitaci√≥n ling√ľ√≠stica.

En su relato decirles ‚Äėoye colega est√°s mintiendo‚Äô es amenazarlos; preguntarles por qu√© mienten, lo entienden como una agresi√≥n; o establecer las diferencias entre su ejercicio y el nuestro es aleonar a la gente.

Quiz√°s a√ļn no se dan cuenta que no todo incendio es dantesco o que no s√≥lo ‚Äėcausan furor‚Äô los nuevos aparatos que cada d√≠a nos venden como si fueran noticia.

Que quieran encerrar el rechazo que causa la puesta en discurso que hacen de la realidad en la construcci√≥n medi√°tica de un ‚Äėperiodista exaltado‚Äô, como es lo que intentan hacer, es tapar el sol con un dedo.

UNA PIEDRA EN UN M√ďVIL DE TVN

También creo importante comentar los garabatos recibidos por camarógrafos y periodistas de TVN. Y ha sido en más de una ocasión. Así ocurrió el día 12 de mayo. Recuerdo que en un momento del acto realizado en el Paseo Bulnes, las lacrimógenas que había lanzado carabineros a los jóvenes que se le enfrentaban en las esquinas de Nataniel Cox con Cóndor, afectaron a la masa que simplemente contemplaba el acto.

Los jóvenes, muchos de ellos quizá era a la primera protesta que iban, huyeron en estampada por Cóndor al oriente. Era un mar humano de gente, avanzar era dificultoso y respirar un suicidio. Si hubiese caído alguien de seguro hubiese sido aplastado. En la esquina de Eleuterio Ramírez un grupo de Fuerzas Especiales no halló mejor cosa que lanzar lacrimógenas a los chicos que arrancaban desesperados. No había nadie tirando una piedra en esa esquina.

All√≠ estaba un camar√≥grafo de TVN, pero sus esfuerzos se concentraban en buscar en direcci√≥n al Paseo Bulnes alg√ļn chico encapuchado haciendo destrozos. No ten√≠a ojos para el abuso que efectuaba los efectivos policiales a escasos metros suyos. Eso no ameritaba registro.

Al observar tal situación le pregunté si acaso era ciego. Su respuesta fue escabullirse una esquina más allá, donde había otros periodistas. Al rato me encuentro en el Parque Almagro, frente a los juegos Diana con un móvil de TVN.

Recuerdo que me acerqu√© a un camar√≥grafo, un tipo alto y fornido, que all√≠ estaba y le dije algo as√≠ como ‚Äėespero que no mientan esta vez‚Äô. No fue un grito, fue un mensaje a la cara de una persona a menos de un metro de distancia. Su repuesta fue ‚Äėc√≥rrete de aqu√≠ CTM‚Äô, entre otros improperios.

Una mujer que all√≠ estaba empez√≥ a decirles que no mintieran, al rato un grupo gritaba ‚Äėla prensa burguesa no nos interesa‚Äô. Rodeados, uno de los periodistas me dijo ‚Äėeso es lo que buscabai‚Äô. Al rato lleg√≥ un joven m√°s radical con una piedra en sus manos.

Los que allí estábamos intentamos controlar la situación. Se le dijo que no hiciera tal cosa y yo mismo recuerdo haberle dicho que no se prestara de actor para un guión ya armado, que el relato lo construían ellos y que su accionar era un festín para los editores. Su respuesta fue que éramos unos amarillos y que sólo la violencia es la respuesta a los medios como TVN.

Acto seguido tiró la piedra contra el parabrisas del móvil, que se hizo pedazos. De inmediato recibió el repudio de los que allí estábamos y se fue. El móvil cerró sus puertas y también partió.

Decir ahora que es responsabilidad mía que el móvil haya sido violentado, es un ejercicio reduccionista de lo que pasó. Afirmar que un periodista de un medio independiente que sermonea a sus colegas respecto a la veracidad de los que transmiten es instigar a las masas en contra de ellos, como si las personas no tuviesen un juicio a priori de sus mensajes y su rol en el espectáculo masivo.

Las respuestas que vemos en muchas personas ‚Äď los m√°s apagan la tele, los menos les tiran alg√ļn guijarro ‚Äď no creo que sea porque alguien llega y ‚Äėaleona a las masas‚Äô. De ser as√≠, me asombrar√≠a de mi capacidad de persuasi√≥n.

Hay algo m√°s profundo en el descontento contra la prensa. Una encuesta realizada hace unos a√Īos daba cuenta de que una de las profesiones m√°s detestadas era precisamente el ser periodista ¬ŅPor qu√© ser√°?

Siento que mis colegas se han acostumbrado a un ejercicio impune de la profesión de informar y estaban acostumbrados a una audiencia pasiva, ciega y dependiente sólo de sus mensajes y relatos de mundo. Recién se están dando cuenta que de tanto manipular, omitir y desvirtuar los hechos sus audiencias están hartas.

Veo tambi√©n que est√°n acostumbrados a taparse entre ellos y esperan que, como tambi√©n somos periodistas, hagamos lo mismo. Pero esto no es pasarse una cu√Īa que no alcanzamos a registrar o compartir un mono de televisi√≥n. La complicidad profesional llega hasta el punto en el que se vulnera la √©tica.

Cada vez que tergiversen información y estemos allí para advertir a sus auditores lo haremos. No es hora de hacerse los lesos y desconocer para quienes estamos trabajando.

REPORTEANDO DETR√ĀS DE CARABINEROS

Estoy acostumbrado ya en las protestas a ver a mis colegas escudados detrás de carabineros. Detrás del guanaco y los zorrillos intentan hacer zoom a los disturbios. Y sólo cuando la policía gana el espacio a los manifestantes, se apresuran en buscar una tienda saqueada o un letrero roto. Recién allí comienzan sus despachos.

Así el 21 de mayo me tocó ver a Cristian Dazzarola y su equipo de Chilevisión en Valparaíso buscando las piedras más grandes a lo largo de una cuadra. Estaba pronto a iniciar su habitual despacho y exigía a sus asistentes hallar piedras grandes para mostrar en vivo y en directo para todo Chile.

Cuando lo correg√≠, como se hace de profesional a profesional, sin insultos, por lo que hac√≠a su respuesta fue ‚ÄėMe tienes harto, saco de h‚Ķ‚Äô

Por lo demás me llamó poderosamente la atención ver al tipo cubriendo una protesta vestidos de terno y corbata (hay una periodista de TVN que acostumbro a ver con tacos cubriendo las protestas). Me cuesta entender su movilidad espacial, a lo menos que tomen sus despachos como un trámite más entre otros del día y se pongan a repetir un relato ultra repetido.

Si bien para blindarse de estas cr√≠ticas este a√Īo estrenaron la t√©cnica de dar una nota con las masivas movilizaciones y otra con las protestas (con la excepci√≥n de Mega que porf√≠a en criminalizar cualquier atisbo de rechazo al modelo econ√≥mico), el espacio que dedican a un pu√Īado de muchachos que expresan su rabia ante una vitrina de Claro (sus auspiciadores) es de la misma extensi√≥n en tiempo y cobertura que 200 mil personas marchando pac√≠ficamente.

Los relatos que hacen periodistas de los medios tradicionales deben aceptar la sanci√≥n social en el marco del respeto y la necesaria rectificaci√≥n de la tergiversaci√≥n de los hechos que realizan. No en vano muchos carteles de las protestas de las √ļltimas semanas acusan, como ya se habr√°n enterado, que ‚Äėla prensa miente‚Äô (hay una chapita que dice TVN Miente y cuentan que se vende harto).

Para terminar nos gustaría invitarlos a que cumplan con las buenas formas de trato interpersonal y de objetividad periodística que tanto hacen falta a la prensa de nuestro país. Que no manipulen, distorsiones, exageren u obliteren lo que pasa. También los invito a ocupar las cámaras ocultas, esas que tanto les gustan, con los poderosos.

De seguro, considerando los recursos humanos y materiales que tienen los medios grandes, hallar√≠an muy buenos golpes. As√≠ nos enterar√≠amos por la prensa de la colusi√≥n en las farmacias, las estafas de La Polar o los trapitos sucios de alg√ļn pol√≠tico o empresario y no como ocurre hoy que son cosas ventiladas por instancias de fiscalizaci√≥n p√ļblicas y nuestros colegas son los √ļltimos en enterarse.

Entiendo que quien pone la plata pone la m√ļsica y debe costar reportear la contaminaci√≥n de las napas subterr√°neas que provoca el grupo Luksic en el norte para un periodista de Canal 13 o las violaciones a los derechos humanos cometidos en los barcos del grupo Claro durante la dictadura para un colega de Mega.

Pero con valentía a veces se pueden hacer las cosas y eso serviría muy bien a nuestra profesión con tan mala fama. Ante nosotros tenemos una ciudadanía que contrasta por sí misma la información o ya la producen ellos mismos. Lástima que para ellos mis colegas serán un mal recuerdo y nosotros la pulga que los molestará en la oreja.

Cordialmente

Mauricio Becerra Rebolledo
Twitter: @kalidoscop

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