Notas
La hipocres√≠a de llamar a los trabajadores “colaboradores”
Publicado por: Comunicado de Prensa
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La siguiente es una columna enviada a La Radio por la Fundación Sol a través de su boletín.

Cada vez es m√°s frecuente escuchar en las empresas la palabra ‚Äúcolaboradores‚ÄĚ en lugar de ‚Äútrabajadores‚ÄĚ; o de ‚Äúl√≠deres‚ÄĚ en vez de ‚Äújefes‚ÄĚ. El eufemismo podr√≠a ser inocente, pero no lo es.

Detr√°s de este lenguaje opera un verdadero cambio en la forma de presentar a los trabajadores en la empresa moderna, que busca demostrar que no existen diferencias, que no hay subordinados, dependencias, asimetr√≠as y explotaci√≥n, s√≥lo una gran familia donde todos colaboran y comparten las mismas condiciones. De ah√≠ tambi√©n la alusi√≥n a ‚Äúl√≠deres‚ÄĚ en lugar de ‚Äújefes‚ÄĚ, pues los l√≠deres ‚Äúgu√≠an‚ÄĚ, no mandan.

Los √ļltimos hechos p√ļblicos relacionados con trabajadores han puesto en evidencia, sin embargo, que este lenguaje deforma la verdadera condici√≥n del trabajo en nuestra sociedad.

Imagen: Libertinus Yomango (CC)

Imagen: Libertinus Yomango (CC)

En los mensajes de Farmacias Ahumada, por ejemplo, est√° presente la idea de ‚Äúcolaboradores contentos‚ÄĚ o ‚Äúlas personas son lo primero‚ÄĚ. Sin embargo hace un mes vimos c√≥mo sus trabajadores llevaban a cabo un duro proceso de negociaci√≥n colectiva que termin√≥ con 30 d√≠as de huelga y sin ganancias considerables para los sindicalizados. El caso Farmacias Ahumada sac√≥ a relucir lo autoritarias que son las relaciones laborales y alent√≥ una incredulidad por parte de la ciudadan√≠a.

Otro ejemplo es el del Banco BCI, cuyo sindicato actualmente lleva adelante un proceso de negociaci√≥n colectiva. BCI tiene un eslogan para su personal, ‚Äúact√ļa como due√Īo‚ÄĚ, sin embargo desde 1992 los trabajadores no pueden ejercer su derecho a co ‚Äď determinar las condiciones de trabajo por contrato colectivo, pues el banco unilateralmente impone un manual de beneficios que act√ļa como techo para la negociaci√≥n. Estas personas est√°n muy lejos de gozar de las atribuciones que tienen los due√Īos, ya que no pueden intervenir libremente en las decisiones.

En Scotiabank los trabajadores son llamados ‚Äúscotiabankers‚ÄĚ, otra forma de propaganda que apunta a generar un sentido de pertenencia e identidad con la organizaci√≥n. El programa Scotia Applause reconoce a las personas que demuestran alguno de los ‚Äú5 valores esenciales‚ÄĚ de la empresa. En BancoEstado Microempresas existe la ‚ÄúSubgerencia de Gesti√≥n de la Felicidad‚ÄĚ, que se explica en la siguiente frase: ‚Äúpara hacer bien el trabajo y atender bien a los clientes, hay que comenzar por ser uno mismo feliz‚ÄĚ. En Starbucks, la palabra m√°gica es ‚Äúpartners‚ÄĚ. ‚ÄúDecimos partners porque en esta empresa somos todos iguales‚ÄĚ, ‚Äúnuestra misi√≥n es inspirar y nutrir el esp√≠ritu humano‚ÄĚ ‚Äúnuestros partners son los m√°s importantes, somos partners, somos socios‚ÄĚ, se definen.

Todos estos ejemplos muestran cómo se ha puesto de moda en las empresas la utilización de una cultura organizacional de tinte humanista, con foco en el desarrollo personal, para lograr comprometer y motivar a las personas. Se las invita a entregarse más; a sentirse parte de un intercambio bidireccional favorable.

No obstante, esta valoraci√≥n del ‚Äúpotencial humano‚ÄĚ contrasta con lo escasamente retribuido que es el trabajo en las grandes empresas y con la poca fuerza que tienen las instituciones que permiten una intervenci√≥n de los trabajadores, como lo es la negociaci√≥n colectiva. Las grandes empresas, con toda su publicidad moderna, no se except√ļan de pagar sueldos m√≠nimos, pensados para las pymes. La negociaci√≥n colectiva no logra superar en promedio el 1% de reajuste real en los salarios. Por √ļltimo, son las grandes empresas del sector servicios y comercio, donde los trabajadores deben laborar domingos y festivos, afectando su vida personal y familiar, sobre todo ahora que es Navidad.

A pesar de que se habla de una ‚Äúnueva forma de concebir a las personas en la empresa‚ÄĚ y de una ‚Äúgesti√≥n de recursos humanos 2.0‚ÄĚ, la esencia no se modifica: el estatus de ciertos miembros de la organizaci√≥n es diferente al de otros, en condiciones muy inferiores, y eso no se altera con un simple maquillaje de vocabulario. Convengamos, al menos, en llamar las cosas como son.

Karina Narbona
Investigadora de la Fundación SOL

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