El 90% de los controladores aéreos españoles volvió a sus puestos de trabajo, luego de que el gobierno decretara estado de alarma, militarizando los aeropuertos y poniendo a los huelguistas en riesgo penal. En Chile, los servicios aéreos a Madrid se regularizan a partir de mañana.

20 horas estuvo cerrado el tráfico aéreo en España, tras la huelga de los controladores aéreos, iniciada ayer por un decreto que reducía sus beneficios laborales.

El estado de alarma, decretado por el gobierno, significó un rápido retorno de 283 de los 296 controladores aéreos a sus puestos de trabajo, ahora vigilados por 190 soldados.

El vicepresidente español, Alfredo Pérez Rubalcaba, fue el encargado de anunciar el estado de excepción, el primero de los últimos 35 años de historia democrática.

Tras la deposición del movimiento, los vuelos se han ido reanudando, aunque la normalidad total de los 47 aeropuertos de España tardará de 24 a 48 horas en llegar, anunció el Ministerio de Fomento.

No obstante, la autoridad anunció que se abrirá un expediente atodos los controladores que no hayan ido a trabajar sin justificación, independiente de la investigación de la fiscalía y de las denuncias particulares. Los afectados en España y el mundo se calculan en 600 mil.

El estado de alarma significa que los controladores quedaron “movilizados”, pasan a tener condición de militares, e incurrirán en delito de desobediencia si se niegan a trabajar y pueden ser castigados hasta con seis años de cárcel.

El chileno Pedro Cerón, auditor de La Radio residente en España, dijo que los controladores aprovecharon el fin de semana largo para desatar el caos. Añade que debieron regresar a sus lugares de trabajo pues fueron amenazados incluso con el embargo de sus bienes.

Sin bien los vuelos desde y hacia España se cancelaron en Santiago hasta este domingo, el jefe de servicios del Aeropuerto, Mario Mandfredini, dijo que hoy existió mayor repercusión.

El portavoz de la Unión Sindical de Controladores Aéreos, César Cabo, aseguró que ha sido “muy difícil convencer” a los controladores para que regresaran a las torres de control, pues consideran que trabajan en condiciones de esclavitud. No obstante, casi todos los sectores rechazaron el paro, conociendo los millonarios sueldos de que gozan.