
Imagen: Álvaro Arriagada en Flickr
Sin alumbrado público, una millonaria deuda, peleas entre propietarios y socio gestor, con casas abandonadas, y otros problema está Pingueral. Lejos, muy lejos del proyecto original que comenzó en los 90′ y que alguna vez fue un paraíso de tranquilidad en Tomé.
Más de 60 días sin alumbrado público lleva el complejo Pingueral. Un problema para los 80 residentes permanentes del exclusivo sector.
Bueno, ‘que vayan y paguen la cuenta’ pensará usted, pero este no es un simple problema de morosidad de 20 millones de pesos a la CGE, acá el problema no es si los propietarios tienen o no recursos para cancelar gastos comunes. Acá el dilema está en determinar a quién le corresponde pagar el alumbrado público
Pingueral nace cuando el año 88 los hermanos Gustavo y Gregorio Yanquez compran un loteo en Tomé, y comienzan a vender terrenos para quienes desean edificar sus casas en un sector paradisíaco. Se conforma así una sociedad comandita, en que por cada propiedad adquirida se compra una acción, pero que de poco sirve, porque todas las decisiones admnistrativas del resort, recaen en el socio gestor, Gustavo Yanquez.
Todo marchaba sobre ruedas para Pingueral, hasta el 2008, cuando empieza el conflicto con el Ministerio de Bienes Nacionales, porque Yanquez se negó a permitir un acceso público como establece la ley.
La ministra de ese entonces, dictó una resolución en la que establece que el acceso a Pingueral es camino público, y que la municipalidad debe velar por el libre tránsito. Es entonces cuando algunos de los propietarios deciden no pagar más alumbrado público, porque si son calles públicas, entonces que el Estado se haga cargo, concluyen.
Meses después, Yanquez llega a acuerdo con el edil de Tomé, Eduardo Aguilera, y ambos establecen que Pingueral pagará la luz, a cambio de que el municipio controle el acceso nocturno. El problema es que no todos los propietarios estaban de acuerdo y comienza a acumularse la deuda.
Desde entonces, las diferencias son tan irreconciliables que los actores se entienden sólo en tribunales.
Esta ha sido la gota que rebalsó el vaso de la enemistad entre propietarios y Gustavo Yanquez. Los primeros dicen no sentirse representados por el socio gestor, pues no comparten su forma de administrar.
El presidente de la Junta de Vecinos de Pingueral, Jorge Rojas, dice que se sienten en tierra de nadie. Pues si bien, se declararon las calles bienes de uso público, el municipio no se hace cargo de ellos. Y al administrador poco le importa lo que dicen los dueños de terrenos.
Eduardo Sarquis, es un empresario penquista, fue de los primeros en comprar en Pingueral y fue también el primer presidente de la Junta de Vigilancia. Indica que son unos 300 propietarios de unos 500 en total, que se oponen tajantemente a la administración de Gustavo Yanquez.
Sarquis indica que no es correcto que el socio gestor, sea el administrador, quien tiene además negocios particulares en Pingueral. Agrega que en gastos comunes, les cobran por mantención de canchas, de piscinas, de club house, entre otros, que no sólo usan vecinos de la sociedad comandita, pues el señor Yanquez los ofrece en sus otros proyectos inmobiliarios como a los propietarios de departamentos Costa Pingueral.
Además dice que han hecho auditorías y estas arrojan evidentes irregularidades.
Los propietarios además están divididos, un grupo quiere que a toda costa se logre restringir el acceso a quienes no residan en Pingueral. Otros quieren que el asunto se legalice, porque argumentan que la tranquilidad volverá al resort sólo cuando prime el estado de derecho.
En tanto Gustavo Yanquez, rechazó hacer declaraciones públicas, excusándose en que éste es sólo un “cahuín” de motivaciones políticas.
Pero los vecinos replican que no saben a qué se refiere, porque a Yanquez no lo quieren ni en la Concertación ni en la Derecha.
Y así están, apelando en la Corte Suprema e ideando cómo deshacer esa sociedad comandita, que sienten es la gran piedra de tope, para regularizar todo.
Mientras los terrenos y propiedades siguen devaluándose, porque están lejos muy lejos, de ser ese lugar tranquilo y quitado de bulla, que se les vendió.
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