Notas
Lo que se va con Bielsa
Publicado por: Rodrigo Astorga
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Recuerdo una anécdota en el campo de entrenamiento del Mark Park de Johannesburgo, cuando Bielsa viajó junto a la Roja a disputar un amistoso con los anfitriones del Mundial. El rosarino como era habitual, había llegado, un día después que los jugadores y en su primera solitaria caminata sobre el pasto sudafricano se desplazaba con particular inquietud. No era el cielo nublado lo que le preocupaba, era otra cosa y a la distancia era difícil adivinar.

Marcelo Bielsa | Orellana en Flickr

Marcelo Bielsa | Orellana en Flickr

Tras algunos minutos, Bielsa se acercó donde estaba junto a un amigo, yo que pocas veces había cruzado palabras con el argentino, tenía ese día una misión particular, presentarle a un entrenador trasandino que trabajaba en Sudáfrica y que tenía intención de hablar con Bielsa.

Tom√© aire, camin√© unos pasos hacia nuestro t√©cnico y me acerqu√©, ‚Äú Marcelo, como le va‚ÄĚ, le dije , apenas y me hizo un gesto con la cabeza, pero me estir√≥ su mano. ‚ÄúEl se√Īor ac√° quiere conocerlo, es t√©cnico y trabaja en Sud√°frica hace 20 a√Īos‚ÄĚ; el gesto con la cabeza y la mano estirada lo repiti√≥ casi como un robot, en ese momento se acerc√≥ a mi acompa√Īante y le dijo sin mediar otra palabra, ni un como le va, ‚Äúhabr√≠a posibilidad de conseguir un rodillo para pasarle a la cancha‚ÄĚ. La cara de sorpresa, de mi amigo fue instant√°nea, todo lo que le hab√≠an dicho de Bielsa, se volv√≠a realidad en 15 segundos. El tipo era un obsesivo y trabaj√≥lico y a aquella persona que reci√©n conoc√≠a no le qued√≥ m√°s remedio que buscar alg√ļn contacto en el Mark Park para conseguirle un rodillo.

Hoy m√°s que concentrarme en los votos m√°s o votos menos de una elecci√≥n marcada por los intereses econ√≥micos, prefiero concentrarme en lo que perdemos con la partida de Bielsa. Es cierto que el f√ļtbol no termina y la selecci√≥n tampoco, de hecho fue el propio Marcelo el que ratific√≥ las palabras de Pellegrini, sobre la lejan√≠a de su persona con las deidades del balompi√©, pero es innegable que el trabajo y el legado de Marcelo Bielsa nos marc√≥ a todos.

Bielsa le dio algo al f√ļtbol chileno que hace a√Īos se hab√≠a extraviado, le dio seriedad, profesionalismo, trabajo, dedicaci√≥n, valores. Sobre todo valores. Nuestros jugadores nunca fueron los mejores del mundo, ni tampoco los m√°s disciplinados, pero carec√≠an de liderazgo y en Bielsa, Bonini, Berizzo, Quiroga y su staff encontraron los referentes necesarios, para entender que con trabajo, con m√©todo, con planificaci√≥n, se puede alcanzar objetivos y logros.

Para muchos de nuestros jugadores, Bielsa ser√° el que les abri√≥ las puertas del mundo, Carmona, Morales, Orellana, Villanueva, son s√≥lo algunos de los casos de jugadores que consolidaron su futuro econ√≥mico gracias a que fueron expuestos en la vitrina de una selecci√≥n revalorizada en el concierto mundial. Chile pas√≥ de ser un paria a un ejemplo. De tramposos a modelo de trabajo y eso se logr√≥ en pocos a√Īos, ya no hab√≠a cantitos de jugadores grit√°ndole al t√©cnico ‚Äú el dolape, el dolape‚ÄĚ, como ocurri√≥ sobre el final del proceso de Acosta. Ac√° hab√≠a un plantel, que sin perder la alegr√≠a, entendi√≥ que el uso de un notebook en la cancha de entrenamiento no era un canje publicitario, sino una herramienta de superaci√≥n.

Aprendieron el libro de las jugadas, el código de la estructura, sabían que fuera Copenhague, Ciudad del Cabo, Bahía, Zilina o México, Chile siempre saldría a jugar de la misma forma o de manera frontal.

Chile era un equipo con identidad, desaparecieron los fantasmas que nos persegu√≠an siempre cada vez que viaj√°bamos por Am√©rica y que nos dec√≠an se juega a la uruguaya, a la brasile√Īa o a la peruana, cuando la vuelta nos tocaba a nosotros, nos encog√≠amos de hombro y pens√°bamos , como era jugar a la chilena. Hoy esa discusi√≥n ya no existe, el esquema estaba por sobre los jugadores y el bielsismo para muchos fan√°ticos pasaba a ser una religi√≥n.

Con Bielsa se van muchas cosas, pero la que m√°s me duele es que se aborta la opci√≥n de un proceso, la posibilidad de trabajar siete u ocho a√Īos con un entrenador, que moldeara las futuras generaciones, con m√©todo y trabajo. En Chile nos gusta trabajar poco y ganar mucho, Bielsa ganaba mucho y trabajaba mucho y aquello se puede perder como un modelo de vida para los que vienen. Caricaturizar a Bielsa como el loco y reducir sus actitudes s√≥lo a una demencia pelotera es torpe y facilista.

El rosarino trabajaba en serio, algo que en Chile hace falta, donde tenemos la cultura de sacar la vuelta. Donde el caf√© matinal dura tres horas y la sobremesa del almuerzo dos. Donde queremos un jefe que nos acompa√Īe a comer y nos palmotee la espalda y no uno que sea un ejemplo por su forma de trabajar.

Es cierto que Bielsa tiene excesos, que probablemente no cambiar√° porque son parte de su personalidad, pero su m√©todo es una escuela y una universidad para quienes lo conocieron como entrenador y como colega. Siento la partida de Bielsa, aunque nos cerrara las puertas en la cara y su relaci√≥n con la prensa y los medios fuera distante, siento la partida de Bielsa porque en un mundo de dobles lecturas, siempre fue de una l√≠nea en la mayor√≠a de sus actitudes. No s√© si nos farreamos al mejor entrenador del mundo, s√≥lo s√© que el propio Bielsa no quiso seguir con nuevos jefes y aquello es una opci√≥n propia y leg√≠tima. Al final fue consecuente y no quiso trabajar con quienes siempre critic√≥, si hubiese seguido, as√≠ a cualquier precio, incluso por su cari√Īo por este pa√≠s, que ya nadie discute, se hubiese traicionado.

En un mundo de lados B y medias tintas se agradece el que Bielsa un día pasó por Chile, lo que viene ahora es pensar que la vida sigue y el duelo no puede ni debe ser eterno.

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