El Blog de Pato Yáñez

 

España pagó una deuda contraída por años con el fútbol mundial con su consagración de este domingo en Johannesburgo ante Holanda.

ffia.com

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El primer tiempo del partido pareció ser una sesión de kickboxing más que una final del Mundial de Fútbol.

Esto fue generado en parte por la permisividad del juez Howard Webb, que despilfarró todo el prestigio ganado a lo largo de la temporada con un arbitraje contemplativo y conciliador en la primera media hora, en la que debió expulsar a De Jong por el planchazo al pecho de Xabi Alonso, entre otros cobros discutibles.

En aquella media hora, España fue la que más apostó al gol con Xavi e Iniesta armando en sector contrario, Pedro desnivelando por las bandas, David Villa en el centro del ataque y Sergio Ramos aprovechando lo poco que sintió la marca de Dirk Kuyt y la nula ayuda de De Jong por aquel sector.

El defensor del Real Madrid entraba con amplia libertad al área holandesa y ponía en jaque a Heitinga y Mathijsen, que debían liberar la marca de los centroatacantes hispanos, poniéndolos en posición de gol frente a Stekelenburg.

Holanda se acordó de jugar en el segundo tiempo y empezó a hacer lo que debió realizar desde el comienzo: tocar el balón, buscar a Robben y Kuyt por las bandas, que Sneijder se hiciera del medio terreno, auxiliado por Van Bommel en la recuperación y poniendo pelotas a la espalda de los centrales españoles.

Esto permitieron dos tapadas portentosas de Iker Casillas, uno de los pilares de la campaña del Campeón Mundial, tras entradas de Robben, en aquellos pequeños grandes detalles que definen partidos tan importantes como una final.

En el alargue, se veía a un equipo holandés más entero y con un elemento como Elia que podía desequilibrar por las bandas con su rapidez y buen juego, pero al que le faltaba un partner que hiciera daño en el área, lo que no hizo Van Persie a lo largo de la Copa.

Intentó colocar a Van der Vaart junto a Van Bommel para equiparar el doble cinco italiano, pero no pudo conseguir el balón, porque España, que anticipó la pizarra de Van Maarwijk con el ingreso de Cesc Fábregas, lo rotó y lo movió hasta encontrar la jugada necesaria en el cierre del partido con el hombre de las grandes instancias: Andrés Iniesta.

El chico que puso al Barcelona con su gol inolvidable en Stanford Bridge en una final de Champions, agigantó su leyenda con un remate cruzado que se instalará entre las grandes secuencias del fútbol español y le da su primer título del mundo a una Selección que pasó de ser la “Furia Roja” a una oncena que privilegia el toque del balón y el buen juego de sus integrantes.

Aquella tierra que en los últimos años apostó por tener a los mejores jugadores del mundo en sus canchas, saca dividendos de aquello con una enorme generación de futbolistas, que ya les han regalado un título europeo y una inolvidable corona mundial.

Y que prometen seguir regalándole alegrías a su pueblo, que hoy grita con orgullo “Yo soy español, español, español” y desde Andalucía, los viejos béticos hoy se calzan la camiseta roja y cantan sevillanas recordando a Lola Flores con aquel grito de “Viva España, manque pierda”.