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Continúa investigación de homicidio de joven en La Serena

Diario El Día
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“Fue cosa de mala suerte” es la frase que se repite una y otra vez en el pasaje Rubén Darío, en el sector Monjitas Oriente de Las Compañías, donde una veintena de personas espera la llegada del cuerpo de Erick Guevara, el joven de 28 años asesinado la madrugada del domingo en el centro de La Serena.

El azul y el rojo se tomaron toda la calle. Los globos de esos colores que identifican a Universidad de Chile, que era el club de sus amores, decoran las entradas de cada una de las puertas de las casas al costado del camino. En medio de todo, algunas velas encendidas en el piso con la imagen del joven de fondo le dan un tinte de ceremonia a una que todavía no comenzaba, el velorio.

Alrededor, la gente, sus conocidos y sus amigos que todavía no pueden creer lo que sucedido. “Fue cosa de mala suerte”, insiste Betsabé Vergara, vecina del joven y madre de sus amigos, con los que se juntaban todos las tardes en esa misma esquina, donde en ese minuto esperaban sus restos.

“Yo lo conozco de toda la vida, desde siempre y te puedo decir que nunca anduvo metido en algo raro, era alguien trabajador, un joven sano, no creo que nadie se haya imaginado que le podía pasar esto a él, porque era el más tranquilo del grupo. Es más, yo reconozco que los niños míos sí son desordenados, pero él para nada”, dice la señora, quien asegura haber querido a Erick como a uno más de sus hijos.

“Pasaba más en mi casa que en la de él”, agrega, mientras a su lado, otros vecinos asienten con la cabeza. “Fue cosa de mala suerte”, retumba en el aire.

El destino

“Nosotros le dijimos que no fuera a esa fiesta”, dice Pía Fernández, amiga de Erick, quien estuvo horas antes de la fatídica celebración con el malogrado joven, y tanto ella como su pareja lo conminaron insistentemente a que se quedara con ellos en Las Compañías.

Allí, la víctima asistió al bautizo de la hija de Pía. Se estaba divirtiendo, se le veía feliz, por eso a todos les extrañó que decidiera marcharse.

“No era la idea, además que el Erick es como el alma de la fiesta. No queríamos que se fuera, pero estaba el otro carrete de la amiga que era en un hostal, creo, y prefirió irse para allá. Aunque mi pareja le puso la camioneta enfrente, para que no bajara al centro no hubo caso, se fue y no volvió nunca más”, cuenta Pía, quien en ese momento no puede contener la emoción y da paso al silencio. Está convencida de que la vida del joven no debería haber terminado de esa manera.

“Fue pura mala suerte”, repite, de nuevo, mientras enfatiza en el esfuerzo que Erick habría hecho en el último tiempo para levantarse luego de que hace algunos meses quedara sin trabajo, algo que lo complicaba ya que tenía un hijo pequeño que mantener. Ya había encontrado algunas posibilidades. De hecho, en las últimas semanas había estado haciendo el curso para sacar licencia de conducir, una exigencia del nuevo trabajo al que quería ingresar.

“Le estaba poniendo empeño, porque no podía estar mucho tiempo sin un sueldo. No quería que le faltara nada a su hijo, era su regalón y eso uno lo veía cuando estaban juntos, era todo para él”, agrega su amiga.

Su querido C.D.P.A.C

Según cuentan sus cercanos, toda la vida Erick había corrido tras un balón y en el último tiempo lo había hecho en el Club Deportivo Pedro Aguirre Cerda, donde cada fin de semana se vestía de corto y corría por la banda derecha. Tal era el lazo que tenía con el club que su familia quiso que fuese velado en la sede ubicada en la Compañía Alta.

Lo recuerdan como “el niño tranquilo” que pocas veces reclamaba por algún cobro. “Sí, fue cosa de mala suerte”, coincide Johnny Galleguillos, otro miembro del club.

“La noticia fue impactante, sobre todo por la persona. Si había alguien al que tú pensabas que no le podía pasar algo así era a él, lo que pasa es que era muy tranquilo, muy conciliador, eso era lo que demostraba en la cancha y eso es lo que veía yo. Alguien puede pensar que ahora que murió todos van a hablar bien de él, pero no es así, de verdad era un cabro extremadamente tranquilo, por eso el club está de luto”, afirma Galleguillos.

La noche fatal

Venía del bautizo a pasarla bien. La cita era en el local ubicado en Eduardo de La Barra 281, en el recinto de hospedaje de Resto-Hostal, donde celebrarían a una amiga y donde llegó Erick .

Eran las 23:00 horas y unas 50 personas se divertían, buena parte de ellos también integrantes del Club Deportivo Pedro Aguirre Cerda, amigos de la víctima. Todo bien. Normal, hasta que a eso de las 05:00, la dueña del establecimiento, Vanessa Torres, decidió que es hora de terminar la fiesta y le pidió a la gente que se retirara. La mayoría hizo caso.

Se fueron, pero un sujeto de 19 años – a quien la mayoría de los asistentes no conocía- se negó a moverse de donde estaba. Estaba ebrio y vociferó algunos improperios incluso en contra de la administradora.

Todos observaban la escena, pero nadie hizo nada, excepto Erick. Según cuentan testigos, se levantó de su mesa y se dirigió dónde estaba el individuo que ocasionaba problemas e insistió en que debía retirarse, que la fiesta había terminado.

Aquel acto fue el principio del fin. Pudo haber sido cualquiera, pero le tocó a Erick. No pasaron dos minutos y el sujeto sacó un arma de fuego que llevaba entre sus prendas de vestir, apuntó y ante la mirada atónita de quienes todavía estaban en el lugar le disparó a quemarropa en el cuello a Guevara, para darse a la fuga inmediatamente, no logrando ser alcanzado y siendo capturado ayer por personal de la PDI.

Administradora

“Fue cosa de mala suerte, pero igual hubo valentía de parte de él”, relata la administradora del recinto donde ocurrieron los hechos, Vanessa Torres.

A ella la encontramos en el hostal, todavía impactada por lo que sucedió. Sabe que aquello perjudicará la imagen de su negocio, pero igualmente está consciente de que no puede retroceder el tiempo y prefiere hablar “para que no se sigan especulando cosas”.

Afirma que es primera vez que allí pasa algo de estas características. “Lo que pasó es terrible y se han dicho muchas cosas, pero la mayoría son mentiras. Aquí no se hacen fiestas regularmente, pero ese día yo presté el local a unos amigos porque tenían una celebración, no lo arrendé, lo presté, porque esto no es un pub como se ha dicho, es un hostal donde vienen familias y turistas”, afirma.

Consultada sobre por qué una persona pudo ingresar con un arma de fuego insistió en que confiaba en la gente que había llegado.

“Yo sabía que la mayoría era gente sana, el mismo Erick era una persona muy sana, yo lo conocía, no tengo necesidad de andar revisando porque las veces que hemos hecho cosas así siempre son personas a las que uno les tiene confianza, pero claramente esto te cambia la percepción, porque no sabes con qué te vas a encontrar ni quién puede llegar. Este tipo, el que mató a Erick, no era conocido para la gran mayoría, francamente pienso que era un colado, pero eso es algo que la policía tendrá que determinar”, sostiene afectada la dueña del lugar.

Sin riñas

“Fue cosa de mala suerte”, decía la gente en la población Rubén Darío, decían en el Club Deportivo y también en el mismo local de Eduardo de la Barra, entre Matta y Pedro Pablo Muñoz. Y aquello parece corroborarlo la investigación oficial.

Fue Erick quien se acercó al sujeto que no quería salir del lugar, pero antes ya otros parroquianos lo habían hecho sin ninguna consecuencia más que la negativa del individuo. Pero aquel no era el mejor día de Erick, quien recibió el disparo que horas más tarde le provocó la muerte en el Hospital de La Serena.

No lo increpó, tampoco lo habría insultado y mucho menos se habría producido una pelea previo al disparo. Simplemente, no fue el momento apropiado para abordar al presunto responsable del homicidio.

Según el jefe de la Brigada Homicidios de la PDI, Jaime Rojo, fue un hecho fortuito, desafortunado.

“Pese a que no se puede descartar porque es una investigación que está en curso, lo más probable, de acuerdo a lo investigado, es que no haya existido ninguna pelea, no hay indicio de que se haya producido una riña, y el sujeto imputado tampoco presenta lesiones que se pueda pensar que corresponden a una pelea. No se sabe cuáles serían las palabras que se dijeron, pero no hubo ninguna acción violenta por parte de la víctima (…) También es poco probable la tesis de las rencillas anteriores”, precisa Rojo. Mientras todos continúan preguntándose “¿por qué a él?”, “al más tranquilo de todos”. “Fue cosa de mala suerte”, dicen.

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