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¿Es bueno que los niños crean en el “Viejo Pascuero”?

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Se acerca la Navidad y con ello la ansiedad de los niños que esperan la llegada del Viejito Pascuero, sinónimo de regalos y felicidad. Sin embargo, en algunos círculos es ampliamente discutido si es adecuado o no que los niños crean en el hombre de barba blanca y traje rojo.

Las personas que están en contra de esta creencia, argumentan que esto se aleja del sentido de la celebración de la fecha y se asocia más bien al consumismo sin sentido. No obstante, la psicóloga y docente de la U. del Pacífico, Guila Sosman, destaca que lo relevante es el significado que los padres y la familia le transmitan al niño con respecto a esta figura.

“ Si a través del viejito pascuero los padres logran transmitirle a sus hijos, de manera lúdica y por medio de la imaginación, valores como el respeto y la inclusión, la creencia sería favorable. Sin embargo, si se le atribuye al viejito pascuero la facultad de ‘castigar’ a los niños por sus conductas o rendimiento escolar, por ejemplo diciéndoles durante el año que si se portan mal el viejito no les va a traer regalos o no los va a querer, se puede estar haciendo un uso erróneo, toda vez que son los padres quienes deben disciplinar a sus hijos y ser las figuras de autoridad, a través de una comunicación sincera en conexión con personas, actos y consecuencias de la realidad”, explica la especialista.

Guila Sosman recuerda que las fantasías y el juego son aspectos que caracterizan la niñez y son necesarios para su desarrollo cognitivo y psicológico en general, pues es a través de ellos que los niños adquieren la capacidad de simbolizar, es decir, de pasar del pensamiento concreto al abstracto, además de la adquisición de las normas sociales.

Sin embargo, y como a todos nos ha pasado, llega el momento en que la fantasía finaliza. A veces abruptamente y otras en forma paulatina, en donde parecieran existir sentimientos encontrados sobre si seguir creyendo o hacer oídos sordos a las evidencias de la realidad.

El día D

La psicóloga dice que no hay una edad determinada para dejar de creer, aunque en general esto suele suceder alrededor de los 6 o 7 años, ya que luego, con el ingreso a la enseñanza básica, los niños comienzan a poseer un tipo de pensamiento más objetivo, en el que logran distinguir con más facilidad la realidad y la fantasía. “Sin embargo, hay que evaluar caso a caso, ya que esto depende tanto de la madurez del niño como de su entorno familiar y social”, precisa.

Respecto al rol de los padres en este proceso, la docente de la U. del Pacífico plantea que “en etapas preescolares el niño requiere del pensamiento mágico para su desarrollo mental y nosotros como adultos, más que propiciar el tránsito de la fantasía a la realidad, debemos acompañarlos en el recorrido que irán haciendo, de manera natural y gracias a nuestro apoyo, en cada etapa vital. En este sentido, a través del juego y la lectura de cuentos, entre otros, podemos compartir con ellos su mundo mágico”.

Cuando en la familia hay hijos de diferentes edades, Gosman recomienda que se respete y valore la etapa en que se encuentra cada niño. “Para ello es necesario comunicar a los hermanos mayores que ya dejaron de creer en el viejito pascuero, que no lo revelen hasta que los más pequeños puedan descubrirlo por sí solos”, aclara.

Incluso, en el caso de aquellos niños más grandes que siguen creyendo, la invitación es a intentar no apurar los procesos. “La idea es poder comunicarnos con ellos, ya que las fantasías muchas veces son una defensa ante una sensación de soledad, tristeza o ansiedad que es importante poder identificar”, comenta.

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Pero, ¿qué hacer cuando un hijo pregunta en forma directa si existe o no el Viejito Pascuero? Antes de dar una respuesta directa, la psicóloga sugiere explorar si el niño sigue creyendo en él, con el objetivo de adecuar nuestra respuesta a lo que él necesita escuchar. “Por ejemplo, le podemos responder con una pregunta: ‘¿Qué crees tú?, ¿crees que existe?’ Otra vía es decirle que el Viejito Pascuero existe en la medida en que creemos en él. Lo fundamental es que podamos empatizar e interpretar qué es lo que necesita y quiere al preguntarnos esto, para responderle de una manera que sea significativa y aclaratoria”, dice.

Finalmente, Guila Sosman comenta que “no hay una persona en particular a la que le corresponda responder ‘la verdad’ y es importante respetar que existe una razón por la cual el niño le pregunta a otros adultos distintos de sus padres. No obstante, para cualquier persona antes de responder la pregunta de un niño, es importante que considere las creencias y modo particular de vivir de la familia de ese niño, para no ocasionar confusión o contradicciones en él”.

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