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Rosina y Fïgaro brillan en divertido regreso de ‘El Barbero de Sevilla’

Teatro Municipal
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El Teatro Municipal de Santiago presenta desde hoy la más famosa comedia de Rossini en la exitosa y atractiva puesta en escena de Fabio Sparvoli. En esta ocasión, el montaje tiene la dirección musical de Konstantin Chudovsky y un atractivo elenco de artistas internacionales.

por Joel Poblete M.

Sin duda uno de los títulos más populares y exitosos del repertorio operístico universal, El Barbero de Sevilla de Gioachino Rossini es una comedia irresistible que nunca deja de hacer reír y encantar al público, tanto por la simpatía de su trama como por la contagiosa partitura. Por eso no extraña que este título sea uno de los que con mayor frecuencia regresa al Teatro Municipal de Santiago. Entre las cuatro distintas producciones que hemos podido apreciar en el último cuarto de siglo en ese escenario, es la del director de escena italiano Fabio Sparvoli, estrenada en 2008, la que mejor ha logrado conectarse con el público del Municipal; desde hoy sábado 22 se presentará nuevamente en la capital, en una reposición a cargo del chileno Rodrigo Navarrete.

Chispeante y simpático, el montaje es tradicional en líneas generales, pero aporta diversos elementos que otorgan agilidad y frescura a la historia, centrada en los intentos del Conde de Almaviva por conquistar a la bella Rosina, ayudado por el astuto Fígaro. Entre esos elementos destacan el vestuario de Simona Morresi y especialmente el atractivo y funcional diseño escenográfico de Giorgio Ricchelli, que se centra en una gran estructura transparente que representa la casa donde viven Rosina y su tutor, el doctor Bartolo, un espacio que se puede mover y proporciona distintos ángulos, reforzados por la acertada iluminación de José Luis Fiorruccio y los movimientos de un grupo de actores que aparece en distintos instantes para reforzar lo cómico. El trabajo de Sparvoli, ahora en manos de Navarrete, sigue funcionando a la perfección, con momentos especialmente logrados, como el final del primer acto, el interludio orquestal que representa un temporal acompañado en escena por paraguas voladores, y por supuesto el festivo y colorido final de la obra. 

En lo musical, como ya se está convirtiendo en costumbre desde que asumiera este año como nuevo director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el ruso Konstantin Chudovsky vuelve a ser uno de elementos más llamativos de la función, tanto por sus histriónicos movimientos al dirigir la obra con su habitual desborde de energía, como porque además en esta ocasión interactúa con los personajes haciéndoles señas, acompaña los recitativos al teclado desde el foso e incluso toca él mismo la guitarra en la serenata del Conde de Almaviva. Más allá de lo anecdótico, esta incursión de Chudovsky en Rossini es efectiva, y se permite en algunos momentos acelerar la velocidad de ciertos pasajes, mientras otros fueron más lentos de que de costumbre.

En el atractivo elenco de cantantes internacionales brilla especialmente la Rosina de la joven mezzosoprano georgiana Ketevan Kemoklidze, quien en 2008 debutó en Sudamérica precisamente en el Municipal como un estupendo Cherubino en Las Bodas de Fígaro; ahora regresa en aún mejor forma, tanto por su belleza y encanto como actriz, como por su hermosa voz y técnica segura y fluida. A su lado también se luce el juguetón Fígaro del barítono ruso Rodion Pogossov, quien interpretó a Papageno en La Flauta Mágica de 2007; al margen de que este personaje siempre se gana al público, es innegable que la simpatía y el canto seguro del artista ayudan mucho -por algo interpreta este rol en importantes teatros como el Metropolitan de Nueva York, donde lo cantó este mismo año- aunque en algunos pasajes todavía debe pulir un poco su italiano.
Quien también regresa es el tenor estadounidense Kenneth Tarver, que cantó el Conde de Almaviva en 2008 en el estreno de esta producción. Su timbre y color de voz no terminan de entusiasmar, si bien de todos modos se trata de un cantante de buena línea vocal, sutil y refinado, que maneja bien el estilo rossiniano (eso sí, una vez más algunos operáticos lamentarán que no cante la exigente aria “Cessa di più resistere”, en la que en 1989 y 1995 sí se luciera su colega Rockwell Blake en el Municipal). El veterano bajo-barítono italiano Bruno Praticò debutó en Chile en 1991 con El Elixir de Amor, y esta vez su voz refleja el paso de dos décadas. No obstante, el oficio del intérprete se mantiene intacto y lo confirma como un experto en este repertorio, además que es un gran comediante. Por su parte, en su primera actuación en nuestro país, el bajo ucraniano Ievgen Orlov es un buen Don Basilio, con una voz sólida y potente. 

En los demás personajes están muy bien Daniela Ezquerra como Berta, Ramiro Maturana como Fiorello y Carlos Guzmán como el capitán. Muy efectivos en sus breves intervenciones los integrantes del Coro del Municipal, que dirige Jorge Klastornik.

Este ‘Barbero de Sevilla’ es un espectáculo divertido, atractivo y recomendable, que se presentará hasta el sábado 29 en seis funciones, cuatro con este elenco internacional y dos a cargo del elenco estelar, que en esta ocasión contará sólo con cantantes chilenos como Evelyn Ramírez, Patricio Sabaté y Ricardo Seguel, dirigidos por José Luis Domínguez. 

El barítono ruso Rodion Pogossov y la mezzo georgiana Ketevan Kemoklidze entregan interpretaciones de gran calidad en esta producción de la famosa ópera de Rossini.

El barítono ruso Rodion Pogossov y la mezzo georgiana Ketevan Kemoklidze entregan interpretaciones de gran calidad en esta producción de la famosa ópera de Rossini.

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