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James Franco sorprende como cineasta en el estreno mundial de ‘Mientras agonizo’

As I Lay Dying
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El actor nominado al Oscar por ’127 horas’, James Franco, ha desarrollado sus talentos como director de cine, y ahora llega a la Selección Oficial de Cannes con una bien lograda adaptación de una de las más célebres e intrincadas novelas de William Faulkner. Una de las buenas sorpresas del festival 2013.

El escritor estadounidense William Faulkner (1897-1962) ha tenido una marcada influencia en el cine contemporáneo. Godard cita su novela ‘Palmeras salvajes’ al final de su ya clásica ‘Sin aliento’ (1960), Tarantino evoca el monólogo del reloj de ‘El sonido y la furia’ en ‘Pulp Fiction’, y los hermanos Coen se inspiran en su vida en ‘Barton Fink’ y evocan su querido mundo sureño de los años 30 en ‘O brother, where art Thou? (2000), por citar sólo algunos casos.

Las adaptaciones de sus textos, sin embargo, no son tan numerosas; entre ellas sobresale ‘Tarnsihed Angels’, de Douglas Sirk (1958). ¿Por qué no abundan éstas? Porque la prosa de Faulkner, revolucionaria como pocas, introduce la frase larga, enrevesada y dubitativa, profundamente subjetiva de sus personajes, muy lejana a las coordenadas narrativas precisas que exige el tradicional guión de cine. Más que una realidad retratable en un filme convencional, lo que escribe Faulkner es un universo que se conforma a partir de miradas individuales, de flujos de conciencia que van y vienen en el tiempo, y que demuelen progresivamente las referencias objetivas.

Su novela ‘Mientras agonizo’ (As I Lie Dying, 1930), se articula en gran parte a partir de los relatos de los integrantes de una familia pobre del sur de los Estados Unidos, que sufren la repentina muerte de la madre, Addie Brunden. El padre Anse, desdentado y testarudo, y sus cinco hijos emprenden un viaje para enterrar el ataúd en el pueblo de Jefferson, en una travesía que tendrá un alto nivel de accidentes y sufrimiento.

El actor y ahora director James Franco no le tuvo miedo a la fama de ‘inadaptable’ de ‘Mientras agonizo’ y realizó un filme de 110 minutos, en el que él mismo interpreta a Darl, uno de los hijos de la familia. Para dar cuenta de la escritura sinuosa y elíptica de Faulkner, Franco recurre reiteradamente al recurso de la pantalla dividida, que pone en pantalla dos miradas, dos subjetividades simultáneas.

El recurso resulta algo extraño en los primeros minutos, pero paulatinamente el espectador comprende que, a través de estas dos percepciones que coexisten sobre un mismo momento, la película busca restituir la naturaleza misma de relato. Franco ama la literatura y ese afecto se refleja en la forma en que instala algunos de los monólogos de la novela en el filme, como ese crucial en que la madre deja entrever que Jewel, su hijo predilecto, es fruto de su relación con el pastor de la iglesia.

La frase extensa y vacilante, colmada de culpa, resuena desde la conciencia y, acompañada de una bien elaborada partitura de Tim O’Keefe, instala con propiedad poco habitual el mundo faulkneriano en la pantalla. El elenco tiene un gran nivel y, junto al mismo Franco, sobresalen Tim Blake-Nelson (Anse) y Jim Parrack (Cash Brunden).

No es ‘Mientras agonizo’ un filme que vaya a convocar multitudes ni a quebrar récords de recaudación. Es probable incluso que su circulación fuera de los circuitos de cine arte (o ‘specialty’ como lo denominan en la industria hollywoodense) sea escasa. No obstante, la película brilla en su trabajo de adaptación -guión de James Franco y Matt Rager- y en la solidez y fuerza con que traspasa al cine un texto rico en matices, conflictos interiores y emociones contradictorias.

Con ‘Mientras agonizo’, James Franco se revela como uno de los nuevos realizadores más convincentes del cine estadounidense.

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