VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

María Elena Garay, conocida como "La Chauchita", relata desde su casa en San Felipe su sorpresa por la fama que adquirió tras un video viral. Este video, grabado afuera de la comisaría de San Felipe, revela una historia de violencia callejera y el asesinato de su esposo, "Dedos Cortos". La identidad de María Elena se vio transformada por memes y apodos, pero ella afirma su verdadera identidad. Actualmente, enfrenta un cáncer de riñón y recibe apoyo de seguidores en redes sociales.

Se convirtió en uno de los virales más reconocibles del país. Pero ese registro, repetido durante años, circuló sin una parte clave de la historia.

“Lo más que me ha sorprendido es mi fama, de que todos me quieren, de que me hablan. Todos los días me piden saludos, videos, se preocupan de mi salud, de cómo la estoy pasando”.

María Elena Garay dice eso desde su casa en San Felipe, en el sector de Cuatro Villas. Su nombre no siempre es reconocido, pero su voz sí. Aparece en ciclos: alguien comparte el video, alguien repite alguna frase, alguien la reconoce en la calle. Han pasado más de diez años y esa presencia no desaparece del todo.

Antes de eso, su vida transcurría lejos de cualquier exposición. Era vecina del barrio, pareja de Cristian Vásquez, conocido como el “Dedos Cortos”. No había cámaras ni registros públicos.

Tenía 51 cuando todo ocurrió. Con el tiempo, su nombre empezó a borrarse detrás de otros. Apodos que no eligió. Pero ella insiste en uno: “Yo no soy ni la Mojojojo ni la Calila… yo soy la Chauchita”.

Ahí fija el punto. Y agrega: “Yo soy sincera para decir las cosas. Yo no ando con hue… tapadas. Yo tengo que decir lo que tengo que decir nomás”.

María Elena Garay
María Elena Garay

Afuera de la comisaría

Año 2014. Tres periodistas la rodean frente a la comisaría de San Felipe. Un micrófono entra desde abajo, dos grabadoras se acercan desde los lados. Detrás pasan autos, se ve la vereda, árboles, un barrio cualquiera.

La entrevista la realiza el periodista local Gonzalo Macaya para VTV Valle Televisión, pero otros también llegan al lugar. Es un punto de prensa breve, casi improvisado. El motivo es una riña entre vecinos en la Villa 250 Años.

Ella empieza su relato: “Y salí yo y le dije: ‘Oye, ahue…, fíjate que hay niños chicos’. ‘Calláte sapa cul…’, me dijo (…) Y el hermano de la Margarita, el Care’ Puta que le dicen, pasó por la casa el día anterior, y nos dijo: ‘Se van a tirarse sapas cul…’”.

En la grabación editada, que ese mismo año fue compartida en YouTube, el relato avanza sin pausas. Lo que queda es una secuencia continua.

Sigue: “Y ahí aparecieron to’as, to’as, to’as. Las Calilas, las Mojojojo, la Maiga. To’as esas aparecieron allá con sables. Y de ahí nosotros salimos también con unos cuchillos pa’ afuera”.

El relato no busca ordenar. Avanza por impulso. Se apoya en la repetición, en los nombres, en el tono.

Ese modo de hablar es lo que fija el video en la memoria. “Yo hablo como hablo y a quien le gusta, le gusta, y si no, a la cresta”, dirá años después.

Lo que no se entendía

Durante todo ese tiempo, ese video circuló como una escena aislada. Una forma de hablar sin contexto. Un fragmento que se repetía por su sonido, pero también por lo que contaba, aunque sin que quedara claro qué había pasado realmente: una versión fragmentada, hecha para el ritmo de internet de esos años.

Hasta que ella misma vuelve sobre ese momento: “El video lo hicieron afuera de la comisaría de San Felipe. Y esto se trataba porque mataron a mi marido. De ahí salió el video. Eso nadie lo sabe”.

Ahora pone lo que faltaba: “Yo estaba con él cuando lo mataron… nosotros habíamos tenido un problema con unas tipejas… después ellas llegaron a pelear para acá… nosotros igual salimos a echarles la aniñá…”.

El relato se completa: “En eso yo entro a la cocina y siento los balazos. Ahí mi marido cayó, al entrar al comedor, herido de bala…”.

Después, lo inmediato: “Después me llevaron a la comisaría para declarar… y cuando salí, estaban los periodistas. Eran personas del diario y de la televisión”.

Ese es el punto exacto del video. Ella sale de declarar por el asesinato de su esposo. Afuera la esperan cámaras. Habla. Ese registro queda.

Con el tiempo, ese relato fragmentado empezó a circular. “Al principio me molestó. Pero después ya me dio la misma hueá… la gente me empezó a apoyar, me empezaron a querer”.

El “Dedos Cortos”

Cristian Vásquez Espinoza, conocido como el “Dedos Cortos”, era la pareja de María Elena Garay. Vivían en el mismo sector donde ocurrió la riña que terminó con su muerte, en San Felipe. El conflicto, según María Elena, estaba vinculado a disputas previas entre vecinos.

En su versión, los nombres que quedaron como parte del video no eran solo apodos llamativos, sino personas concretas dentro de ese conflicto. “Esas hue… fueron las que pagaron a un menor para que le dispararan a mi marido. La Maida, las Mojo, el Care’ Puta, todas esas le armaron la trifulca. Esa gente le pagó a un hue… para que mataran a mi esposo”.

Afirma que no se trató de bandas organizadas ni de tráfico de drogas. “No tiene nada que ver con el tráfico. Fue una riña callejera. Ellas estaban enredadas con mi hija. Y ahí el Care’ Puta se metió a defender a una de las otras. Vino para acá a echarle la aniñá a mi hija, y ahí mi marido fue y le dio un charchazo a ese hueón del Care’ Puta. Y de ahí se encendió la llama”.

Para ella, la diferencia también estaba en cómo se organizaban unos y otros: “Para nosotros, para el lado de nosotros, no era una banda. Ellos tenían una banda para el lado de ellos. Porque ellos son de otro tipo de gente”.

Después de la muerte, recuerda que también vinieron las amenazas. “Cuando pasó todo lo que pasó, los cabros pasaban en moto por aquí y me gritaban cosas. Me decían ‘vieja sapa cu…’ y cosas así. Querían que yo callara todo lo de la muerte de mi marido”.

Ese episodio es el que la lleva a la comisaría. Y desde ahí, a la cámara.

“Las Calilas y las Mojojojo”, cuando la persona se vuelve meme

Cuando el video se vuelve viral, su identidad cambia. El nombre que se impone no es el suyo: “La Mojojojo”. Pero ella lo corrige. Reafirma: “Yo no soy ni la Mojojojo ni la Calila… yo soy la Chaucha”.

Ese intento convive con una circulación que ya no controla. Su imagen empieza a moverse por otros espacios, con otros significados.

Aun así, hay algo que sí reconoce: “A mí me encanta cuando yo salgo a la calle y me saludan… puras bendiciones. Soy conocida en todo Chile y en el mundo”.

Recuerda también cómo fue ese primer impacto: “Me hicieron una canción; yo pasaba en mi auto y la ponían… después ya me parecía divertido”.

El sociólogo Felipe Espinosa describe este proceso como una forma de “memeificación”, donde una persona es tomada por audiencias digitales y reinterpretada fuera de su control. “La memeificación de una persona ocurre muchas veces por razones no buscadas o no intencionadas”, explica. “Son seleccionadas por las comunidades virtuales para ser reinterpretadas y luego amplificadas”.

En ese tránsito, añade, se pierde o se gana algo relacionado con la identidad y la intimidad. “La identidad ya no pertenece solo al individuo, se colectiviza”, afirma.

En el caso de María Elena, ese proceso tiene una doble cara. Por un lado, su historia se fragmenta. Por otro, su figura genera cercanía.

“En su caso, le ha significado generar afectos de desconocidos”, dice Espinosa. “Esos afectos espontáneos representan la cercanía que genera su figura”.

Esa circulación también transforma la memoria. “Estamos accediendo a una memoria digital fragmentada, sin un eje claro de interpretación”, señala.

En ese proceso, lo que permanece no es el hecho. Es la forma de decirlo. “En este caso particular, el lenguaje idiosincrásico juega un rol importante”, explica Espinosa. “Es justamente la falta de contexto lo que hace atractivo el contenido”.

Habla de una irrupción: un modo de hablar que rompe con lo esperado en un noticiario. “Es la espontaneidad en el habla, muy propia de la cultura popular”.

Desde el mundo de los memes, el creador de contenido Diego Campos -“El Daigo”, conocido por recrear virales chilenos en redes- lo explica así: “El video funciona porque es una manera de hablar pegajosa y muy fácil de reconocer”.

Y añade: “La gente empieza a usar las frases en distintos contextos y ahí deja de ser parte de un video… pasa a ser parte del lenguaje cotidiano”.

Su vida hoy y la enfermedad

Más de una década después, María Elena Garay sigue en San Felipe. La fama aparece y desaparece, pero no se extingue. La reconocen en la calle, le piden fotos, le hablan como si la conocieran.

En 2025, después de abrir cuenta en TikTok e Instagram (@lachauchitaoficial), contó que enfrenta un cáncer de riñón. Está a la espera de tratamiento de diálisis. Esa exposición reciente no solo reactivó el viral: también intensificó el contacto con quienes la siguen desde hace años.

Hoy es posible escribirle, verla, hablarle. Y ella responde: “Yo converso con gente de Chile, de Estados Unidos. No mucho, pero me han ayudado”.

Ese apoyo llega en mensajes, en saludos, en gestos concretos. Ella lo recibe y lo agradece.

Cuando recuerda cómo siguió después de todo, lo resume sin rodeos: “Luchando, trabajando… mi familia me ayudaba bastante. La gente que me rodea me ayudaba”.

El video sigue circulando por el mundo. Y ella sigue en San Felipe. Ahora, con otra pelea.