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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Kyle Craven, un estudiante del colegio católico en Ohio, Archbishop Hoban High School, se convirtió en el rostro de "Bad Luck Brian" cuando su foto de anuario se viralizó en Reddit en 2012. La imagen con frases irónicas se expandió globalmente, generando ingresos para Craven. A pesar de la fama, mantiene una vida normal con su familia en una granja en Ohio.

Todo partió como una broma en un anuario escolar. Hoy, su protagonista cuenta cómo esa imagen llegó a campañas con grandes marcas y se convirtió en una fuente de ingresos que sigue activa.

La foto tenía un destino claro: el anuario escolar del Archbishop Hoban High School, un colegio católico en Akron, una ciudad del estado de Ohio, en Estados Unidos. Un retrato formal, fondo neutro, uniforme. El estudiante Kyle Craven decidió romper esa lógica y exageró la expresión a propósito, con una mueca forzada que tensaba la cara y dejaba una sonrisa incómoda.

La imagen no fue aceptada. Quedó fuera. “Era mi foto del anuario. La tomé como una broma”, dice Craven a BioBioChile.

La directora lo llamó para decirle que la foto no iba al anuario y que debía repetirla al día siguiente. “Me fui a casa, la escaneé y la puse como foto de perfil en Facebook”, recuerda.

Ese gesto evitó que la imagen se perdiera. Tiempo después, su mejor amigo, Ian Davies, la subió a Reddit —una plataforma donde los usuarios comparten contenido y lo hacen circular— el 23 de enero de 2012. A partir de ahí comenzaron a aparecer las primeras versiones con texto, entre ellas una de las más tempranas: “Takes driving test / gets first DUI” (Hace el examen de conducir / recibe un arresto por conducir bajo la influencia del alcohol).

Ahí comenzó a circular fuera de su entorno. En pocos días, la imagen empezó a replicarse con distintas frases y a expandirse hacia otras plataformas. Esa mezcla de foto y texto dio forma a lo que se conoce como image macro: una misma imagen que se reutiliza con frases distintas para crear nuevos memes.

El rostro seguía siendo el mismo. El nombre ya no: Bad Luck Brian (Brian Mala Suerte, en español).

El meme Bad Luck Brian
Memes de Bad Luck Brian
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Una imagen, un formato, miles de versiones

La escena inicial no anticipaba nada. “Pensé que era muy gracioso, pero también creí que duraría unas pocas semanas y no se convertiría en un meme global”, dice Craven sobre los primeros días.

Lo que vino después no dependió de él, sino de esa estructura. Cada nueva frase reactivaba la imagen y la desplazaba a otro contexto. Algunas se volvieron reconocibles por sí solas. “Los padres se divorcian / Nadie pelea por la custodia”, recuerda como una de las más difundidas y también como su favorita.

El mecanismo se repite: una situación simple que se resuelve peor de lo esperado. Ese esquema se expandió rápido. Pasó de Reddit a redes sociales como Facebook o Tumblr, y luego a páginas que recopilaban contenido. Desde ahí alcanzó sitios como 9GAG o BuzzFeed, donde el formato terminó de instalarse a escala global.

En Chile, espacios como Porlaputa y Jaidefinichon ayudaron a fijar ese lenguaje dentro del consumo digital. Desde Chutazos —una cuenta chilena dedicada a crear memes desde códigos locales— lo explican así: “Se usaba para mostrar situaciones de mala suerte o vergüenza, con ese formato clásico de texto arriba y texto abajo”. La imagen no cambiaba. Cambiaban las frases.

Kyle Craven, el hombre tras el meme Bad Luck Brian
Kyle Craven, el hombre tras el meme Bad Luck Brian

Del viral a las campañas

Durante los primeros años, la imagen empezó a aparecer en distintos espacios sin mediación directa de su protagonista. “Al principio casi no había control”, dice Craven.

Esa circulación no distinguía entre uso personal y comercial. La foto se replicaba, se adaptaba y empezaba a aparecer en distintos soportes sin mediación.

Con el tiempo, esa visibilidad tomó otra escala. La imagen dejó de moverse solo entre usuarios y pasó a ser utilizada por marcas. Apareció en campañas publicitarias —incluidos spots y contenidos digitales de empresas como McDonald’s y Volkswagen— y en productos asociados a la cultura de internet.

En el momento de mayor exposición, ese uso empezó a traducirse en ingresos directos. Durante el auge del meme, Craven llegó a generar entre 15.000 y 20.000 dólares anuales por derechos de imagen.

“En los primeros años había muy poco control. Después, cuando la imagen empezó a tener valor comercial, fui más proactivo”, dice Craven.

Ese cambio implicó intervenir cuando el uso cruzaba cierto límite. “Cuando algo pasaba a ser comercial sin permiso, lo abordaba directamente, ya sea contactando o con solicitudes formales para bajarlo”.

También implicó seleccionar. “Evalúo las oportunidades como cualquier decisión de negocio. Miro la marca, los términos y el valor. Si se siente forzado o fuera de tono, paso”.

En paralelo, el meme se consolidó como un activo. Licencias para productos como camisetas o peluches, campañas digitales y colaboraciones sostenidas en el tiempo empezaron a darle una dimensión económica más amplia.

“Legal y profesionalmente mantengo control sobre cómo se usa en lo comercial. Pero culturalmente pertenece a internet. No intento pelear contra eso”, dice.

Esa doble condición —propiedad en lo económico y circulación libre en lo cultural— también aparece en la lectura del semiólogo François Jost, autor del libro Dígalo con memes: de la parodia al mundo digital.

“Lo que podría haber sido algo negativo resultó bastante positivo. Un individuo que podría haber sido ridiculizado logró revertir esa situación y transformar el ridículo en un ejemplo de gestión de su imagen”, comenta.

Para Jost, ese tránsito responde a una lógica más amplia: “Los memes representan muchas veces una inversión del estigma”. Es decir, una imagen que podría fijar a alguien en el ridículo cambia de lugar y adquiere otro valor. En ese movimiento, lo que era motivo de burla pasa a circular como algo compartido, replicable y, en ciertos casos, aprovechable.

En ese punto aparece el dato que ordena todo el recorrido. “Si lo miro en perspectiva, estamos en un rango de seis cifras”, dice Craven. Se refiere a más de 100.000 dólares —sobre 90 millones de pesos chilenos— generados a partir de licencias, campañas, apariciones y acuerdos vinculados a la popularidad del meme.

Una vida fuera del personaje

La exposición no reorganizó su vida. La dejó correr en paralelo. “Mi vida sigue siendo la misma, pero ahora tengo la oportunidad de hacer apariciones divertidas y viajar los fines de semana”, explica.

“No siento que haya definido mi identidad. Tengo una vida completamente separada del meme, y la disfruto mucho. Tengo esposa, dos hijos y una pequeña granja en Ohio con cabras y gallinas”, detalla.

Esa separación también define su relación con el proyecto. Mantiene contacto permanente con Ian Davies, su amigo desde la infancia y socio en el uso del personaje. “Hablamos todos los días, tanto por amistad como para ver nuevas oportunidades. No necesitamos el dinero, así que no buscamos activamente las cosas. Pero es genial cuando aparecen”.

En ese equilibrio aparece otro dato que marca el alcance. “Me pusieron en un museo en Suiza (Museum für Kommunikation)”.

La imagen sigue circulando. Su vida ocurre en otro plano.

Kyle Craven
Kyle Craven

Por qué funcionó

El caso permite una lectura más amplia. François Jost sitúa el fenómeno en una lógica reconocible.
“Un individuo que podría haber sido ridiculizado logró revertir esa situación y transformar el ridículo en un ejemplo de gestión de su imagen personal”, indica el profesional.

Ese desplazamiento no depende solo del contexto, sino del formato. “La imagen de Bad Luck Brian es típica de esos memes que combinan una imagen y un texto para expresar una emoción o situación. El humor surge de la brecha entre la emoción y su representación”, dice Jost.

Desde Porlaputa, una de las primeras comunidades de humor digital en Chile, la explicación se mueve en otro registro. “La gente se identificaba con esas situaciones. Eran frustraciones comunes que todos habían vivido”, señalan.

Esa combinación —estructura simple e identificación directa— permite que el meme circule sin explicación adicional.

Un molde que sigue activo

Ese tipo de meme dejó de ser dominante, pero no desapareció. “Estos memes quedaron obsoletos, pero ayudaron a instalar ese formato de texto arriba y texto abajo”, dicen desde Chutazos.

El formato dejó de ser central, pero se mantiene como una estructura reconocible que persiste en diversos contextos.

El entorno digital, eso sí, ya no es el mismo. Craven lo plantea en esos términos cuando piensa en el presente. “Sería mucho más difícil hoy. Internet está más saturado, más guiado por algoritmos y es menos orgánico en cómo se expanden las cosas”.

Bad Luck Brian quedó ligado a ese momento: una imagen que empezó a circular sin cálculo y se expandió antes de que esas reglas se fijaran.

“Culturalmente pertenece a internet. No intento pelear contra eso”, dice.