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Joven chilena vivió en una casa de vidrio en Santiago como experimento artístico en 2000. Daniela Tobar, de 20 años, enfrentó acoso y denuncias. Proyecto Nautilus buscaba explorar límites entre lo público y privado. Tobar vivió solo 4 días debido a la presión. Hombre reemplazó a Tobar, pero el interés disminuyó. Casa de vidrio se trasladó a Providencia como parte de un espacio cultural. Experiencia precursora de reality shows. Proyecto reflejó tensiones sociales y cuestionó la intimidad pública.
Mucho antes de que los reality shows llegaran a la televisión chilena, una joven de 20 años aceptó vivir en una pequeña casa completamente transparente, en pleno centro de Santiago. Lo que comenzó como un experimento artístico terminó convertido en un fenómeno nacional, con multitudes, acoso, denuncias judiciales y una pregunta que todavía incomoda: ¿hasta dónde puede llegar la curiosidad por la intimidad ajena?
La protagonista fue Daniela Tobar, una estudiante de teatro que, sin imaginarlo, hace 26 años terminaría protagonizando uno de los episodios más controvertidos de la cultura popular chilena.
Su experiencia duró apenas unos días, pero bastó para transformar una intervención arquitectónica en un verdadero espectáculo mediático.
¿Cómo nació la Casa de Vidrio?
La historia comenzó en 1999, cuando el arquitecto Arturo Torres decidió materializar una idea que llevaba años desarrollando: construir una vivienda transparente para explorar los límites entre lo público y lo privado.
Junto al arquitecto Jorge Christie, dio forma al proyecto Nautilus: la nueva casa transparente para armar en su lote suburbano, un proyecto que obtuvo financiamiento del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (Fondart).
Torres había vivido durante su adolescencia en Francia, donde observó una relación con la desnudez y la exposición del cuerpo muy distinta a la chilena. Aquella experiencia lo inspiró a cuestionar el conservadurismo nacional mediante una instalación que obligaría a los transeúntes a enfrentarse con la intimidad de otra persona.
La construcción, de aproximadamente 12 metros cuadrados, tenía una estructura metálica, muebles de madera y paredes completamente transparentes. Los arquitectos la instalaron en un terreno de la esquina de Moneda con Bandera, frente a la Bolsa de Comercio de Santiago. Allí, cualquier peatón podría observar las actividades cotidianas de su habitante, recogiá la Revista de Arquitectura de la Universidad de Chile.
Pero faltaba alguien dispuesto a vivir allí. A fines de 1999, los responsables difundieron un aviso en escuelas de teatro y arte, ofreciendo 200 mil pesos a quien aceptara habitar la casa durante un mes. Entre las postulantes apareció Daniela Tobar, entonces estudiante de teatro de la Universidad de Chile.
La joven que vivió bajo la mirada de todo Chile
Daniela tenía 20 años cuando aceptó el desafío. Su misión parecía sencilla: desarrollar una rutina normal, incluyendo dormir, comer, leer, vestirse y ducharse, mientras desconocidos observaban cada movimiento desde la calle. No debía interpretar un personaje. La propuesta consistía precisamente en mostrar una vida cotidiana sin paredes que la protegieran de las miradas.
La experiencia comenzó el 22 de enero de 2000. Sin embargo, lo que inicialmente parecía una intervención artística relativamente discreta rápidamente escapó del control de sus creadores. Durante los primeros días, la noticia comenzó a circular entre los santiaguinos y los medios de comunicación.
Pronto, decenas y luego cientos de curiosos llegaron hasta el lugar. Muchos eran hombres que esperaban presenciar el momento en que la joven utilizara la ducha. Los gritos y comentarios transformaron el entorno en un espectáculo que poco tenía que ver con la reflexión artística que buscaban sus autores.
La prensa también desempeñó un papel decisivo. Diarios y noticieros difundieron imágenes de la joven, mientras titulares como “La mujer que enloquece a Santiago” o “A la ducha, a la ducha” alimentaban la expectación. Cada nueva cobertura atraía más personas hasta la instalación.
Del experimento artístico al acoso
La situación alcanzó su punto más crítico el 26 de enero. Según relató posteriormente Tobar a The Clinic, cuando intentó regresar a la vivienda, varias personas comenzaron a tocarla y tironear su ropa y cabello. La actriz necesitó ayuda policial para abandonar el lugar.
“Si alguien podía robarse un pedacito de mí y desgarrarlo, lo hubiera hecho”, recordó la intérprete en aquella entrevista, al describir el comportamiento de quienes la rodeaban.
Ese mismo día, los organizadores descubrieron que alguien había bloqueado la cerradura de la vivienda con un fósforo. Ante los riesgos para su seguridad, decidieron que Daniella no regresara. Su experiencia terminó después de apenas cuatro noches, muy lejos del mes que contemplaba el proyecto original.
La polémica también llegó a tribunales. El abogado René Trincado presentó una querella por ultraje público contra los involucrados en Nautilus. Sin embargo, en marzo de 2000, la justicia sobreseyó la causa al determinar que los hechos no constituían delito.
Recientemente, en una entrevista con Informe Especial de TVN, la actriz recordó esa época y lo que vivió frente a los ojos de todo Chile. “Me sentí pasada a llevar, sentí que mi privacidad, sentí que, aunque yo había escogido, decidido participar en un proyecto de exposición, nunca di el consentimiento para que mi imagen desnuda apareciera en las portadas ni en los medios de comunicación, matinal, en vivo y en directo”.
Un hombre reemplazó a Daniela, pero el interés desapareció
Tras la salida de Tobar, los responsables intentaron continuar con la intervención. El actor Víctor Hugo Ogaz ingresó a la vivienda en febrero de 2000, aunque su presencia despertó mucho menos interés entre los espectadores. La experiencia terminó definitivamente ese mismo mes.
La diferencia entre ambas experiencias dejó al descubierto una de las principales contradicciones del fenómeno: mientras una mujer joven había atraído multitudes y sufrido acoso, la presencia masculina no provocó una reacción comparable.
Daniela reflexionó al respecto indicando, “¿Por qué mi presencia generó tal cantidad de expectación, de movimiento, y no así la presencia de Víctor Hugo? Tiene que ver mucho con el género, porque es la mujer la que se ha hecho históricamente, culturalmente, el objeto de deseo”.
El impacto de la Casa de Vidrio en Chile
El proyecto Nautilus o más bien, la Casa de Vidrio, terminó convirtiéndose en un espejo incómodo de la sociedad chilena de comienzos de siglo. La intervención abrió discusiones sobre el voyerismo, la exposición del cuerpo femenino, el conservadurismo y los límites entre el arte y el espectáculo. También evidenció cómo la curiosidad colectiva podía transformarse en hostigamiento.
El fenómeno ocurrió tres años antes del estreno de Protagonistas de la fama, considerado el primer reality show de la televisión chilena. Por eso, con el paso del tiempo, distintos análisis han descrito la Casa de Vidrio como una experiencia precursora de ese formato, aunque con una diferencia fundamental: el público podía acercarse físicamente a su protagonista.
Más de dos décadas después, el episodio conserva su relevancia. Lo que comenzó como una provocación arquitectónica terminó revelando las tensiones de un país que observaba con fascinación la intimidad ajena, mientras cuestionaba públicamente a quien decidía exhibirla.
¿Dónde está actualmente la Casa de Vidrio?
La estructura no desapareció. Tras el término del proyecto, el fotógrafo y artista Roberto Edwards la compró y trasladó a Providencia. Posteriormente, quedó vinculada al espacio cultural Taller.1, ubicado cerca del Metro Salvador. En mayo de 2024, el recinto permitió que el público ingresara por primera vez a la instalación durante el Día de los Patrimonios.
https://www.biobiochile.cl/noticias/artes-y-cultura/actualidad-cultural/2024/05/20/abren-por-primera-vez-al-publico-la-mitica-casa-de-vidrio-que-remecio-a-la-sociedad-chilena.shtml/LeeTambien]
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