Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Andrea Díaz-Muñoz, jueza chilena, descubre que su bisabuela, Corina Rojas, fue la primera mujer condenada a muerte en Chile por planificar el asesinato de su esposo. El hallazgo ocurrió en 2020 cuando vio un reportaje sobre el caso de Corina. Tras investigar, Díaz-Muñoz publicó el libro "Corina: una mujer, no un crimen", revelando secretos familiares guardados por más de un siglo. La historia se remonta a 1916, cuando Corina contrató a un sicario para matar a su esposo, David Díaz-Muñoz, un terrateniente. La relación extramarital de Corina también influyó en la forma en que fue juzgada por la sociedad y la justicia. Díaz-Muñoz señala que su bisabuela fue tratada con mayor rigor que un hombre en el proceso judicial. Corina fue indultada en 1918 pero se desconoce su paradero posterior.
Durante más de dos décadas, Andrea Díaz-Muñoz trabajó como jueza sin conocer uno de los episodios más impactantes de su propia historia familiar. Un reportaje que vio por casualidad terminó revelándole que su bisabuela era Corina Rojas, la primera mujer condenada a muerte en Chile y protagonista de un crimen que conmocionó al país a comienzos del siglo XX.
El hallazgo ocurrió en 2020, cuando la magistrada, de 53 años, vio en el noticiario del Poder Judicial una historia sobre el llamado crimen de la calle Lord Cochrane. Al escuchar el apellido de la víctima, David Díaz-Muñoz, sospechó que podía existir un vínculo con su familia.
Primero creyó que se trataba de una simple coincidencia. Sin embargo, comenzó a llamar a sus parientes y, poco a poco, las piezas encajaron: Corina Rojas era su bisabuela y el asesinato había permanecido como un secreto familiar durante más de un siglo.
“Fue un hallazgo inesperado”, reconoce a El País, Díaz-Muñoz, quien seis años después plasmó su investigación en el libro Corina: una mujer, no un crimen.
“Es una historia que nunca fue contada en la familia”, explica. Según relata, su abuelo Gustavo Díaz-Muñoz Rojas tampoco conocía el pasado de su madre. “Él lo habría contado, porque era muy comunicativo. Tampoco lo sabía mi papá, que murió el año 2020. Habría sido interesante poder hablar con él”.
La historia se remonta a la noche del 21 de enero de 1916. Corina Rojas tenía 28 años, cuatro hijos y estaba casada con David Díaz-Muñoz, un acaudalado agricultor y terrateniente 36 años mayor que ella.
Sus padres la habían obligado a casarse cuando apenas tenía 15 años y David ya tenía 51.
Aquella noche, Alberto Duarte, conocido como El saco de luche, se ocultó detrás de una cortina de terciopelo en la casa ubicada en Lord Cochrane 338, en el centro de Santiago. Esperó hasta que Díaz-Muñoz se durmió y entonces le clavó un puñal en el pecho.
Mientras tanto, Corina había organizado una cena con familiares, un comisario de la policía y dos empresarios. Los invitados jugaban a las cartas cuando ocurrió el asesinato.
La investigación determinó que Rojas había contratado al sicario. Además, un año antes, en diciembre de 1915, ya había intentado envenenar a su esposo mediante una brujería.
La justicia terminó condenándola a muerte por el crimen.
El amante que aumentó el escándalo de Corina Rojas
El caso adquirió todavía más notoriedad cuando apareció otro personaje: Jorge Sangts Frick, profesor de piano de Corina, de 24 años, que llegaba cada miércoles y sábado a su casa con un lirio. También decía ser experto en magnetismo.
Sin embargo, su verdadera identidad era José Justino Gandarillas. Tampoco había nacido en Leipzig, como aseguraba, sino en Cochabamba, Bolivia, donde lo buscaban por estafas, robos y deudas.
Según la investigación, Corina fue una de varias mujeres chilenas de buena situación económica a las que enamoró y engañó. Aunque él negó algunos antecedentes durante el proceso, la policía estableció que ella lo mantenía económicamente.
Para Andrea Díaz-Muñoz, la relación extramarital también marcó la forma en que la sociedad y la justicia miraron a su bisabuela.
“Se le juzgó con mayor rigor que a un hombre”
Al revisar expedientes y publicaciones de la época, la jueza detectó un trato que, a su juicio, estuvo marcado por los prejuicios.
Apenas detuvieron a Corina, sostiene, “los periodistas determinaron su culpabilidad en forma unánime y a nadie le importó que su marido la hubiera maltratado”.
“Él tuvo hijos fuera del matrimonio y eso a ella la atormentaba”, agrega.
La prensa también dedicó amplios espacios a describir el aspecto físico y la supuesta personalidad de Corina. En cambio, señala Díaz-Muñoz, sobre su marido “no se decía nada de su físico. Se hablaba de él de acuerdo a sus atributos como hombre: que proveía a su familia, que era un excelente padre y un terrateniente muy respetado”.
El impacto del caso llegó incluso al cine. El crimen inspiró La baraja de la muerte, también conocida como El enigma de la calle Lord Cochrane, considerada el primer largometraje del cine chileno.
Corina Rojas | Memoria Chilena
La irregularidad que encontró la jueza
Más de un siglo después, Díaz-Muñoz revisó el expediente con los ojos de una jueza penal y detectó algo que llamó especialmente su atención.
“A ella también se le juzgó por el adulterio, pese a que en esa época no se podía investigar, porque el único que podía denunciar era el marido, y estaba fallecido”, sostiene.
Según explica, muchas de las preguntas que el juez le hizo a Corina apuntaron precisamente a su relación con Sangts: cuándo lo conoció, cómo comenzó el romance o cuándo ocurrió el acercamiento físico.
El asunto incluso influyó en la condena.
“El juez negó la atenuante de irreprochable conducta anterior porque Corina era adúltera. No porque hubiera sido condenada por adulterio. No porque hubiese sido acusada. Sino porque él lo decidió así, al margen de toda norma procesal, como un reproche moral que la ley no le autorizaba a hacer. Eso tiene un nombre. Se llama arbitrariedad”, escribe Díaz-Muñoz.
La magistrada recalca que su investigación no pretende exculpar a su bisabuela.
“Yo no la justifico, porque fue un crimen horrendo, pero trato de entender su vida”, afirma.
Y agrega: “En ese momento Corina no pudo tener la opción, que sí pueden tener hoy las mujeres, de separarse y quedar con la custodia de sus hijos y con una pensión digna”.
El indulto a Corina Rojas y una desaparición familiar
Corina estuvo muy cerca de enfrentar un pelotón de fusilamiento. Permaneció durante dos años en la Casa Correccional de Mujeres hasta que, el 19 de noviembre de 1918, el presidente Juan Luis Sanfuentes la indultó.
Antes había enviado una carta al mandatario para pedir “el perdón para una mujer desgraciada”.
Después de recuperar la libertad, Corina no pudo volver a ver a sus cuatro hijos. Desde entonces, su rastro se perdió. Ahora, más de un siglo después, su bisnieta intenta reconstruir qué ocurrió con ella.
“No soy mística, pero no es una mera coincidencia que la bisnieta de Corina Rojas sea jueza”, reflexiona Díaz-Muñoz. Para la magistrada, investigar significó darle la oportunidad que considera que su antepasada nunca tuvo: “Pensé que era necesario darle una voz y escucharla”.
Y aunque reconoce la gravedad del asesinato, tras estudiar el expediente concluye que Corina “se le juzgó con mayor rigor que a un hombre”.
Una historia criminal que permaneció oculta dentro de su propia familia durante generaciones y que, 110 años después, terminó siendo revisada precisamente por una jueza.
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Este artículo describe un proceso judicial en curso
Existe la posibilidad de que los cargos sean desestimados al finalizar la investigación, por
lo cual NO se debe considerar al o los imputados como culpables hasta que la Justicia
dicte sentencia en su contra. (Artículo 04 del Código Procesal Penal)
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