Las aplicaciones de citas van a la baja, y el fenómeno es global. Así lo establece un estudio de la plataforma de búsqueda de información pública ClarityCheck que, en base a una encuesta realizada a 8.290 personas en Europa, Estados Unidos y América Latina, ahondó en las motivaciones de este declive del flirteo digital.
Según el informe, una de las principales razones radica en el auge de las estafas electrónicas, que suelen encontrar a sus víctimas en apps como Tinder, Bumble, Grindr o Hinge, pero no es el único motivo. Las dinámicas intrínsecas de este tipo de relacionamiento, a su vez, también parecen haber saturado a parte de la población.
De acuerdo a datos del informe, un 54% de los encuestados consideraría eliminar o tomar un largo descanso de las aplicaciones de citas si el riesgo de estafa siguiera aumentando, mientras que un 57% afirma que estas apps requieren más esfuerzo del que justifica su recompensa potencial.
Otra de las conclusiones del estudio sugiere que los perfiles falsos están modificando el comportamiento en línea, afectando incluso las relaciones sociales. “Los resultados apuntan a un cambio más silencioso en la psicología del usuario: las personas están cada vez menos dispuestas a invertir tiempo, atención y energía emocional en interacciones que más tarde podrían resultar falsas”, apunta el desgloce de la muestra.
La misma encuesta arroja que un 37% pasó más de una semana hablando con un usuario antes de concluir que esa persona no era real, mientras que un 43% optó por seguir interactuando con un interlocutor de quien sospechaba.
Un 28%, por otro lado, ignoró o dejó de responder a un usuario porque su perfil o su mensaje inicial parecían sospechosos. Y un 31%, a su vez, retrasó sus respuestas a nuevos “match” hasta tener tiempo de verificar quiénes eran.
“Eso hace que las aplicaciones de citas sean especialmente vulnerables: su valor depende de la creencia de que un desconocido puede merecer tu tiempo. Cuando esa creencia se debilita, el problema ya no es solo la seguridad: es si todavía vale la pena abrir la aplicación”, explica el informe de ClarityCheck.
Consultados sobre dónde los encuestados habían encontrado o esperaban encontrar comportamientos sospechosos, perfiles falsos o intentos de estafa, el 71% señaló que en las aplicaciones de citas, frente a un 62% que mencionó redes sociales, un 53% las aplicaciones de mensajería y un 46% los mercados online. Las cifras, cabe señalar, no precisan dónde ocurre el fraude con más frecuencia, sino dónde hay más incertidumbre sobre el tema.
Jóvenes y apps de citas: “Las nuevas generaciones tienen más preguntas respecto de qué es lo que quieren en la vida”
Alejandra Energici, psicóloga, socióloga y académica en la carrera de Sociología de la Universidad Andrés Bello, considera que el declive de las apps de citas bien podría explicarse en el “cansancio” de los usuarios.
“Creo que sí están cansados de la dinámica de las apps. Además, parte del problema es que nuestra vida se ha ‘app-ficado’, digamos, en el sentido de que hoy día tenemos apps para todo. Poner a las relaciones afectivas en ese orden lo debe hacer muy incómodo”, explica a BioBioChile.
La académica, a su vez, marca una distinción entre el público adulto y los sectores más jóvenes de la población, quienes se mantienen ajenos a la idea de pareja, matrimonio o familia nuclear.
“En la nueva generación, una de las cosas que muestran los estudios de natalidad es que no tienen necesariamente un plan de casarse y tener hijos, sobre todo en la parte de tener hijos. En una sociedad donde tener hijos deja de ser algo evidente, el estado sentimental también pasa a tener un rol con menor peso. Las nuevas generaciones, hoy, tienen más preguntas respecto de qué es lo que quieren en la vida”, agrega.
Si a esto se suman factores psicosociales y una incertidumbre de recesión y crisis económica en el país, la ecuación puede variar aún más. “En el flirteo, todo influye. Y los factores socioeconómicos, en general, son una variable que es significativa”, acota Energici.
“Son muy pocos los fenómenos sociales donde el factor socioeconómico no pueda considerarse. El ambiente de crisis genera altos niveles de estrés. Y cuando la gente está en altos niveles de estrés, el hecho de estar conociendo gente, de estar entrando a situaciones que contienen un estrés asociado, requiere de cierta energía vital”.
“La gente no se cansa del amor: se está cansando del desgaste que requiere encontrarlo”
Con los datos del estudio de ClarityCheck en mano, la psicóloga Camila Bejarano propone una distinción: “No es que las personas de por sí tengan desinterés por conocer a alguien, o por sostener relaciones. Lo que cambia es la experiencia de hacerlo, la forma en que lo hacemos”, afirma en diálogo con BioBioChile.
“Hoy muchas personas sienten que entrar a una aplicación es invertir mucho tiempo en estar muy alerta, en desconfiar, en estar verificando perfiles, y estar constantemente preguntándose si la persona del otro lado es real o no: si es o no una estafa; si es o no una situación que me puede poner en riesgo. Este esfuerzo de estar constantemente alerta provoca que, al medir la recompensa con el gasto o el desgaste que esto contiene, se perciba que no vale la pena”.
En este punto, enfatiza: “En el fondo, la gente no se cansa del amor ni de las relaciones. Se está cansando del desgaste que requiere encontrarlo. Encontrar el amor o encontrar una pareja”.
El punto lo confirma Paula Herrera, cofundadora de TenLove —la primera app de citas para mayores de 50 en Latinoamérica— y emprendedora de “Juntas Secretas”, una modalidad de flirteo presencial con sede en Santiago.
“Este es un declive que entendemos desde las entrañas”, cuenta a BioBioChile sobre la baja de las apps de citas.
“En 2019 fundamos Tenlove, por lo que conocemos perfectamente este negocio. En ese camino descubrimos la enorme frustración emocional que hay detrás: las apps terminaron convirtiéndose en un catálogo o un ‘supermercado’ de personas, donde el filtro se limita casi exclusivamente a lo físico”, apunta.
“Pero a la hora de encontrar el amor, quedan fuera variables que jamás vas a encontrar en una foto o en un chat: cómo camina alguien, cómo se expresa, su sonrisa, su olor, o esa química única que solo se da al mirarse a los ojos”, agrega. “En ese proceso, había una frase de los usuarios que se repetía como un mantra: ‘Quiero la presencialidad’. Ahí entendimos que debíamos hacer algo radicalmente distinto: usar la tecnología de forma invisible, no como un destino donde quedarse atrapado scrolleando, sino puramente como un puente para el encuentro físico real”.
La fórmula, en un año, les ha traído positivos resultados: en Instagram, la comunidad de Juntas Secretas ya supera los 92 mil usuarios, y estiman que han conectado a más de 2.200 personas. El 27 de junio recién pasado, de hecho, se realizó la primera Junta Secreta en Viña del Mar. Por ahora, alistan su arribo a otras regiones de Chile, y proyectan un debut internacional en Argentina.
Bejarano, desde la psicología, pone el foco en el concepto “fatiga digital”. “Esto aparece cuando una actividad que era gratificante, deja de serlo y se siente más bien como una obligación”.
“Antes, una abría una aplicación con curiosidad, con ganas de explorar. Y hoy en día muchas personas las abren casi preparándose para la decepción. Además, esto de tener que revisar perfiles, de estar detectando señales de alerta y estar, en el fondo, constantemente buscando la forma de protegerse de engaños, es un desgaste emocional importante, considerable”, plantea.
“Entonces, volvemos a lo mismo: cuando conocer a alguien se siente más como una investigación que otra cosa, se pierde el foco, que es entablar una conversación y conocer a alguien”.
Ante los antecedentes, una pregunta salta a la vista. ¿Estamos, entonces, congeniando menos? ¿Por qué este proceso que antes parecía natural ahora resulta engorroso? Bejarano responde: “En realidad, no estamos en la app solo para encontrar a una persona, sino que también, paralelamente a esto, estamos evaluando los riesgos, estamos detectando las red flags”, explica.
“Las apps son una opción donde uno puede acceder a más personas, pero también está este miedo de equivocarse por esto mismo, por los riesgos que trae. Esto genera que muchas conversaciones se terminen antes de que exista una posibilidad real de conocer a alguien. Y el exceso de opciones no necesariamente va a generar mejores conexiones, sino más dudas y más miedos”, añade.