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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Una mujer italiana de 55 años, con el nombre ficticio de Libera, logró acceder al suicidio asistido con ayuda de una máquina activada con la mirada, tras dos años de batalla judicial en Italia. Padecía esclerosis múltiple y tetraplejia, lo que le impedía administrarse el fármaco letal por sus propios medios. Tras rechazos iniciales de las autoridades de Toscana, Libera acudió a la justicia, que finalmente permitió el procedimiento. El Consejo Nacional para la Investigación desarrolló una máquina especial para ella, permitiéndole autoinyectarse el fármaco con movimientos oculares. Antes de morir, envió un mensaje de dignidad.

Tras más de dos años de batalla judicial, una mujer italiana de 55 años accedió al suicidio asistido con ayuda de una máquina especial que se activaba con la mirada.

El caso de Libera —nombre ficticio— volvió a instalar el debate en Italia sobre los límites legales de este procedimiento, sobre todo porque la paciente padecía esclerosis múltiple, había quedado tetrapléjica y no podía administrarse sola el fármaco letal sin apoyo tecnológico, consignó El País.

En Italia, la eutanasia sigue sin ser legal. Sí existe, en ciertos casos, la posibilidad del suicidio asistido, que funciona bajo otra lógica: un médico prepara el medicamento, pero es el propio paciente quien debe tomarlo o administrárselo por sus propios medios. Justamente ahí apareció el principal obstáculo en la historia de Libera.

Como ella no podía mover su cuerpo para suministrarse el fármaco, las autoridades sanitarias de Toscana, su región, rechazaron inicialmente su solicitud. Frente a eso, la mujer acudió a la justicia en marzo de 2024, iniciando un extenso recorrido judicial.

El Tribunal de Florencia elevó el caso al Tribunal Constitucional, buscando una definición más amplia sobre la legalidad de este tipo de situaciones. Sin embargo, la corte mantuvo la prohibición de la eutanasia y apuntó que primero debían comprobar si existía algún medio que permitiera a Libera autoadministrarse el medicamento y, por tanto, encuadrar su caso dentro del suicidio asistido.

Una solución para el suicidio asistido de Libera

Esa búsqueda derivó en una solución inédita. Tras meses sin encontrar empresas capaces de ofrecer un equipo adecuado, entró en acción el Consejo Nacional para la Investigación (CNR), el organismo público más importante de investigación en Italia. Su tarea consistió en desarrollar una máquina específica para Libera. El dispositivo, el primero de este tipo en el país, permitió que la mujer activara la inyección mediante un puntero ocular conectado a una bomba de infusión.

La asociación Luca Coscioni, que acompaña a personas que buscan acceder a este tipo de procedimientos, explicó que Libera logró autoinyectarse el fármaco “utilizando únicamente el movimiento de los ojos”. Antes del procedimiento, el equipo probó la máquina en la casa de la paciente con una solución salina inocua, corrigió algunas fallas y dejó el sistema listo para su uso definitivo. La semana pasada, el tribunal de Florencia autorizó finalmente el procedimiento, y el miércoles Libera pudo concretarlo.

Antes de morir, la mujer envió un mensaje a la Asociación Luca Coscioni donde dejó una reflexión que resume el fondo de su lucha: “Esta no es solo mi historia. Es una petición de dignidad que espero algún día no tenga que ser conquistada, sino simplemente respetada”.

“Y si la bomba se hubiera atascado…”

Quien siguió su caso en los últimos años fue el anestesista Paolo Malacarne, que remarcó la convicción con la que Libera enfrentó su decisión. En declaraciones a La Repubblica, señaló: “Veía la muerte como la única forma de dejar de sufrir. Cuando pudo hacer realidad ese deseo, no hubo ni un momento de dolor, de llanto ni de dudas, sino de liberación. Es dramático decirlo, pero así es”.

El médico también cuestionó que la ley obligara a construir una máquina para evitar que una tercera persona interviniera directamente. “No veo nada malo en la eutanasia, sino más bien algo bueno. Y si la bomba de inyección se hubiera atascado, ¿qué habría tenido que hacer yo? Si en el último momento se hubiera puesto nerviosa y me hubiera dicho ‘no puedo, tengo miedo’, ¿qué habría tenido que hacer, decirle ‘arréglatelas tú sola?’”, planteó.

El caso de Libera deja en evidencia el vacío legal que persiste en Italia. Aunque la jurisprudencia ha abierto algunas puertas al suicidio asistido y el Tribunal Constitucional insta al parlamento a legislar tras casos emblemáticos como el de Fabiano Atoniani, quien tuvo una sentencia histórica para el suicidio asistido, el país todavía no cuenta con una ley nacional que regule claramente estos casos.