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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El humorista Jonathan Harvey, bajo el disfraz del guerrero intergaláctico Conde Carabasura, sorprendió al conseguir casi 10 mil votos en una elección parlamentaria en Clacton, Reino Unido. Harvey ha usado la sátira para criticar a figuras políticas británicas desde 2017, cuando compitió como Lord Buckethead. El Conde Carabasura logró un 26,9%, siendo el rival principal de Nigel Farage.

Un guerrero intergaláctico, con un cubo de basura en la cabeza y propuestas como nacionalizar a Adele, acaba de conseguir casi 10 mil votos en una elección parlamentaria de Reino Unido. Aunque parece una broma, detrás del Conde Carabasura (Count Binface) hay un conocido humorista formado en Oxford que lleva casi una década utilizando la sátira para incomodar a algunas de las principales figuras de la política británica.

Su última aventura electoral ocurrió este jueves en Clacton, zona del sur de Inglaterra, donde se convirtió en el principal rival de Nigel Farage, líder de Reform UK, en unas elecciones parciales provocadas por la propia renuncia del político en medio de una investigación relacionada con sus finanzas.

Farage recuperó su escaño con 22.239 votos, equivalentes al 63,3%. Sin embargo, la gran sorpresa la protagonizó el Conde Carabasura: consiguió 9.455 sufragios y un 26,9%, por lejos el mejor resultado de su peculiar carrera electoral.

“¡Quedé primero en las elecciones parciales de Clacton! De los candidatos que se molestaron en presentarse a los resultados”, escribió con ironía Binface en X, luego de que Farage decidiera no acudir al recuento.

¿Quién está detrás del Conde Carabasura?

Bajo el casco con forma de basurero se encuentra Jonathan “Jon” Harvey, humorista y guionista británico de 46 años, graduado en Humanidades Clásicas en la Universidad de Oxford.

Harvey ha trabajado como guionista en reconocidas producciones satíricas y políticas británicas, entre ellas The Thick of It y Have I Got News For You.

Su salto a la política ocurrió en 2017. Entonces utilizaba otro nombre: Lord Buckethead, un personaje inspirado en una parodia de Star Wars. Con un cubo de basura sobre la cabeza, decidió competir nada menos que contra la entonces primera ministra Theresa May en Maidenhead.

Consiguió apenas 249 votos, pero las imágenes de May compartiendo escenario con aquel misterioso personaje se viralizaron. Incluso terminó apareciendo en Last Week Tonight, el programa del comediante John Oliver.

Una disputa por los derechos del personaje Lord Buckethead obligó posteriormente a Harvey a reinventarse. Así nació el Count Binface, o Conde Carabasura, quien se presenta como “guerrero espacial intergaláctico” y líder de los “Reciclones” del planeta Sigma IX.

De Boris Johnson a Rishi Sunak

Con su nueva identidad, en 2019 se enfrentó electoralmente a Boris Johnson. Consiguió solo 69 votos, aunque nuevamente se robó parte del espectáculo durante el recuento.

En 2024 apuntó todavía más alto y desafió al entonces primer ministro Rishi Sunak. “Voy por el pez más grande del estanque”, declaró Binface al anunciar aquella candidatura. Terminó con 308 votos, su récord hasta ese momento.

Su posición política tampoco resulta sencilla de clasificar. Cuando le han preguntado si pertenece a la derecha o la izquierda, el personaje responde que ocupa el centro, aunque no precisamente el centro político. “Todos los demás orbitan en torno a mí como pequeños planetas”, explicó.

Este 2026 volvió a competir. En junio obtuvo 95 votos frente al laborista Andy Burnham en Makerfield. Tras conocerse los resultados, el actual primer ministro incluso estrechó amistosamente su mano.

Pero nada anticipaba el salto que conseguiría dos meses después.

Bromas que esconden críticas políticas

La campaña de Clacton mostró mejor que nunca la fórmula del Conde Carabasura: propuestas absurdas mezcladas con críticas bastante concretas contra la clase política.

Entre sus promesas figuraban nacionalizar a Adele, reducir el precio de los helados, llevar Eurovisión a Clacton y pedir a la familia real que abandonara el Palacio de Buckingham, consignó El Mundo.

También prometió “reducir tus impuestos y subir los de todos los demás”.

Sin embargo, detrás de las bromas aparecieron planteamientos más serios. Propuso conseguir que los trenes “funcionen de verdad” e impedir que un diputado que renuncia durante su mandato pueda volver a competir inmediatamente en la elección extraordinaria que provoca su propia salida.

Además, aseguró que pasaría “más tiempo en Clacton-on-Sea que en Washington DC”, una evidente burla a Farage. Tras conocerse los resultados, Binface también cuestionó la ausencia de su rival durante el recuento.

“Prometí ser un defensor de Clacton y pensé que escuchar el veredicto de los habitantes de Clacton era lo mínimo que podía hacer”, dijo el humorista a la BBC.

Una tradición que se toma en serio el humor

Aunque pueda parecer insólito fuera de Reino Unido, personajes como Carabasura forman parte de una extensa tradición electoral británica.

Uno de sus mayores exponentes fue el músico Screaming Lord Sutch, quien comenzó a competir en elecciones durante los años 60 y posteriormente fundó el Partido Oficial de los Monstruos Locos. Llegó a disputar más de 40 elecciones.

Las reglas británicas facilitan este tipo de candidaturas: un aspirante mayor de 18 años necesita diez firmas de apoyo y entregar un depósito de 500 libras. El dinero se recupera únicamente al superar el 5% de los votos.

Binface había perdido su depósito en todas sus aventuras electorales anteriores. Esta vez, con un inesperado 26,9%, la historia fue distinta.

Y allí radica parte de la fuerza de estos personajes. Detrás de los disfraces y programas imposibles existe una forma muy británica de voto protesta: utilizar el humor para ridiculizar la solemnidad del poder y cuestionar a quienes lo ejercen.

Después de enfrentarse a Theresa May, Boris Johnson, Rishi Sunak, Andy Burnham y ahora Nigel Farage, el hombre del cubo de basura ya dejó de ser simplemente una curiosidad electoral. Al menos en Clacton, casi uno de cada tres electores que acudieron a las urnas decidió tomarse muy en serio la broma.