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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Baseodiscus el Mayor, un gusano cinta de casi un metro de longitud, resultó ser el más longevo jamás documentado, viviendo al menos 26 años. Este invertebrado, cariñosamente llamado "B" por el biólogo Jon Allen, desafía las expectativas al superar el límite de edad anteriormente conocido para su especie. La colaboración entre Allen y la experta Svetlana Maslakova permitió estimar la edad de B y confirmar su especie, Baseodiscus punnetti. A pesar de la falta de marcadores de envejecimiento en estos gusanos, su longevidad plantea nuevas preguntas sobre los ecosistemas marinos y el papel de los nemertinos como depredadores estables en el fondo marino.

En los laboratorios de biología marina no es habitual que una mascota termine convertida en protagonista de un hallazgo científico. Sin embargo, eso es exactamente lo que ocurrió con Baseodiscus el Mayor: un alargado y escurridizo gusano cinta de casi un metro de longitud que ha acompañado durante más de dos décadas la carrera académica del biólogo Jon Allen.

Según un estudio publicado en la revista Journal of Experimental Zoology, “B”, como Allen la llama cariñosamente, tiene al menos 26 años, aunque probablemente se acerque más a los 30. Esto la convierte en el gusano cinta más longevo jamás documentado en la literatura científica.

Esta estimación no es un simple cálculo a ojo: fue posible gracias a una colaboración entre Allen, profesor en el College of William & Mary, en Estados Unidos, y su exalumna Chloe Goodsell, quien tomó la iniciativa de enviar una muestra de tejido de B a Svetlana Maslakova, experta en genética de nemertinos del Instituto de Biología Marina de Oregón.

Hasta ahora, la longevidad de estos invertebrados marinos era un verdadero enigma. Se sospechaba que podían vivir muchos años, pero el récord documentado en laboratorio apenas alcanzaba los tres.

B supera con creces ese límite previo y obliga a revisar al alza lo que se sabía sobre la longevidad de todo el grupo. Y no es un detalle menor: los gusanos cinta –también conocidos como nemertinos– son depredadores clave en los ecosistemas marinos de fondo. Como señaló Allen a Gizmodo, se trata de organismos “que viven durante décadas y, a menudo, depredadores de alto nivel en los ecosistemas bentónicos”, por lo que, según él, deberían estudiarse más.

Una vida nómada siguiendo la carrera de un biólogo

La historia de B es, además, un curioso relato de ciencia y afecto. Según el comunicado del College of William & Mary, fue adoptado por Allen en 2005, cuando este era aún estudiante de doctorado, y rescatado junto a un tanque lleno de invertebrados que quedaron huérfanos tras una remodelación en la Universidad de Carolina del Norte.

Desde entonces, como recoge Science Alert, este invertebrado marino ha vivido una vida nómada poco común para su especie: de Washington a Carolina del Norte, luego a Maine y finalmente a Virginia, siempre siguiendo la carrera académica de Allen.

Gusano mascota de un científico bate récord de longevidad: "Es suave, flexible y ágil"
DW

Durante la mayor parte de ese tiempo, B convivió con estudiantes y profesores sin formar parte de ningún proyecto de investigación formal. Cada otoño aparecía en las clases como ejemplo vivo de los nemertinos. Su cuerpo largo y de color rojo intenso despertaba fascinación inmediata. “Tiene un precioso color rojo, una piel suave y es muy flexible y ágil. Es encantador”, comentó Allen en una entrevista con Gizmodo.

El giro llegó cuando Goodsell planteó una pregunta aparentemente trivial: ¿cuántos años tiene este gusano? La curiosidad condujo al análisis genético que no solo permitió estimar su edad, sino que también confirmó que B pertenece a la especie Baseodiscus punnetti, de la cual es apenas el segundo individuo caracterizado genéticamente.

La dificultad del hallazgo radica en una limitación básica: los gusanos cinta carecen de indicadores anatómicos de envejecimiento. No tienen anillos de crecimiento ni estructuras duras que permitan datarlos. Como explicó Popular Science, ante la ausencia de estructuras duras o marcadores de envejecimiento, la única forma de estimar su edad es convivir con ellos el tiempo suficiente.

Aunque B no ostenta el récord de longitud –que correspondería a un ejemplar escocés de 55 metros descrito en 1864, aproximadamente el doble de la longitud de una ballena azul–, su longevidad lo convierte en una referencia única para comprender el ciclo vital de estos invertebrados marinos.

Implicaciones para los ecosistemas bentónicos

Así, más allá de la anécdota, el hallazgo abre preguntas de fondo sobre el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Que un gusano cinta pueda vivir varias décadas obliga a reconsiderar su papel ecológico: no como depredadores efímeros, sino como actores estables y persistentes en las redes tróficas del fondo marino.

En eses entido, los nemerteos, como recuerda Allen, son componentes clave de los ecosistemas bentónicos. Incorporar su longevidad real a los modelos ecológicos podría modificar la forma en que los investigadores estiman su impacto acumulativo como depredadores a lo largo del tiempo, especialmente en comunidades donde las interacciones se desarrollan a escalas temporales largas.

Aun así, Allen parece menos preocupado por las implicaciones teóricas que por el bienestar de su veterano compañero de laboratorio. “Mi esperanza es que siga viviendo una larga vida”, escribió a Gizmodo. Si algo ha demostrado B, es que la biología todavía guarda margen para la sorpresa, y quizá, también, para algunos años más de silenciosa convivencia en su tanque.