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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Científicos descubrieron que los renos mastican y utilizan astas caídas de otros ejemplares como fuente de nutrientes, revelando un rol clave en la supervivencia de la especie. Más del 80% de astas encontradas en Alaska presentaban marcas de mordeduras, siendo las hembras quienes conservan las astas durante el invierno para obtener proteínas, calcio y fósforo necesarios durante la lactancia. Estos restos óseos actúan como suplemento natural, asegurando minerales vitales para la reproducción y nutrición de las crías.

Un equipo de científicos descubrió que el reno (Rangifer tarandus) –también conocido en Norteamérica como caribú–, mastica y utiliza las astas caídas de otros ejemplares y las propias como una fuente de nutrientes.

El hallazgo, publicado en la revista Ecology & Evolution , aporta una nueva mirada sobre el papel de estas estructuras óseas en la supervivencia de la especie, que habita en las gélidas zonas del Hemisferio Norte.

Los renos son los únicos ciervos en los que machos y hembras desarrollan astas. En los machos pueden medir hasta 1,2 metros y pesar cerca de nueve kilos cada una; en las hembras son más pequeñas, según DW.

Conducta inesperada de los renos hembra

En su trabajo, los científicos afirmaron que más del 80 % de las 1.500 astas halladas en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, en el noreste de Alaska, presentaban marcas de mordeduras. Aunque otros animales también las roen, el 99 % de las marcas correspondía a renos.

“Sabíamos que los animales roían estas astas, pero todos asumían que se trataba principalmente de roedores”, declara el coautor Joshua Miller, paleoecólogo de la Universidad de Cincinnati (Estados Unidos), citado por la revista Scientific American.

“Ahora sabemos que en realidad son caribúes. Me quedé boquiabierto cuando nuestros resultados comenzaron a quedar claros”, agrega.

Un “suplemento” natural para las hembras tras el parto

En esa gélida región, estos animales migran hasta 2.400 kilómetros cada año para dar a luz, en un periodo especialmente exigente desde el punto de vista energético. Las madres conservan sus astas durante el invierno y las pierden poco antes de parir.

En cierto modo, transportan consigo una reserva mineral hasta el lugar del parto. Al masticar estos restos óseos, las hembras obtienen proteínas, calcio y fósforo, nutrientes clave durante la lactancia.

Los minerales están disponibles en “el momento en que los necesitas y se presentan como un recurso que se consume de manera muy eficiente, en comparación con el forraje”, explica la coautora Madison Gaetano, paleobióloga conservacionista.

“El fósforo, en particular, es muy importante para las madres primerizas que intentan producir leche de alta calidad para alimentar a sus crías. Los caribúes aportan literalmente toneladas de fósforo a sus zonas de parto cada año”, añade Miller.

Las astas de los renos son más que armas o adornos

Tradicionalmente, se pensaba que las astas cumplían funciones defensivas o de competencia dentro de la manada. Sin embargo, este estudio abre otra posibilidad: podrían desempeñar un papel clave en la nutrición de las hembras.

“Creo que es razonable cuestionar hasta qué punto serían útiles para defenderse de un depredador. Las hembras de caribú pierden sus cuernos justo cuando dan a luz. Eso significa que carecen de cuernos precisamente cuando sería más crucial tenerlos para defender a una cría”, plantea Gaetano.

Nutrientes para las próximas generaciones

En el paisaje ártico, estas estructuras óseas pueden permanecer durante décadas, incluso siglos, convirtiéndose en depósitos minerales a disposición de estos animales generación tras generación.

“Teniendo en cuenta los resultados de nuestro estudio, probablemente se trate de una pista importante sobre una forma en la que las astas benefician a las hembras de caribú que no se ha valorado lo suficiente”, añade Miller.
Un ciclo silencioso de supervivencia

En un entorno donde el invierno impone límites severos, cada recurso cuenta, incluso los huesos. Las astas de los renos, consideradas alguna vez como símbolo de fuerza o jerarquía, son en realidad una fuente nutritiva.

“Me resulta muy interesante la creatividad que tienen los animales para satisfacer sus necesidades nutricionales”, concluye Gaetano.