Nadie puede negar que el 2020 fue un año extraño y para muchos terrible. La pandemia del covid-19 atacó el mundo entero y nos tuvimos que adaptar a una vida nueva.

Desde no saludar con la mano o un beso hasta mantener, en algunas ocasiones, extensas cuarentenas que en muchas casos alejaron a las personas de sus seres queridos por mucho tiempo.

Ante todas estas situaciones, el estrés se apoderó de un gran porcentaje de la población, que vio cómo el año pasó en un pestañar y para más de alguno se transformó en una época dura de superar.

Pero, ¿cómo nos desahogamos o liberamos ese estrés si ni siquiera es posible salir con tranquilidad de casa? La solución podría estar en algo tan sencillo como llorar.

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Esta acción, que para muchos puede ser un signo de debilidad, es una forma de liberar el estrés que sobre todo en esta época afecta a miles de personas.

No todas las lágrimas son iguales

Las lágrimas que has derramado durante tu vida son una combinación bioquímica de agua, proteínas, minerales, hormonas, anticuerpos y enzimas que pueden componer paisajes muy diferentes según la circunstancia.

La fotógrafa e investigadora Rose-Lynn Fisher, realizó durante 5 años, un estudio que tomó muestras de lágrimas generadas por personas en diferentes ocasiones, con el objetivo de estudiarlas y entender su estructura. El análisis reveló el origen de las lágrimas que clasificó de tres formas, destacó ABC.

Primero están las lágrimas lubricantes, estas son las que se encargan de mantener nuestros ojos limpios y en perfecto estado para funcionar. En algunos casos es posible que esta lágrima sea de baja calidad, por lo que se recomienda el uso de lágrimas artificiales con el objetivo de mantener el ojo permanentemente lubricado.

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El segundo tipo de lágrima que clasificó Fisher son las lágrimas reflejas, estas corresponden a las que generamos como respuesta a un componente externo, en un acto de defensa para proteger nuestros ojos. Un ejemplo de estas lágrimas son las que aparecen espontáneamente cuando pelamos cebollas o estamos en un ambiente irritables.

Y finalmente, el tercer tipo son las lágrimas emocionales, estas son la respuesta a sentimientos que vivimos, tan diversos como la euforia, alegría, tristeza o rechazo. El medio español destaca “este tipo de lágrima contiene más hormonas y leucina encefalina, un analgésico natural que se libera cuando el cuerpo está bajo estrés”.

¿Por qué lloramos realmente?

Los humanos no nacemos con el llanto emocional, sino que este se va desarrollando a medida que vamos creciendo, destaca a La Vanguardia, Elena Jarrín, oftalmóloga del hospital Rey Juan Carlos y de la clínica Vissum de Madrid.

De acuerdo a la oftalmóloga, al nacer los niños lloran porque tienen miedo y ese es el indicador para comunicarse con los adultos cuando no existe una comunicación no verbal. A medida que van creciendo, van descubriendo primero el llanto de tristeza y luego el de alegría.

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De igual forma, en la infancia lloramos principalmente por dolor físico, mientras que a medida que vamos creciendo y entramos en la adultez, perdemos esta sensación y más bien nuestras lágrimas son consecuencias de situaciones sentimentales y empáticas.

Es en este momento cuando nos cuestionamos qué tan bueno es llorar y las lágrimas emocionales son muchas veces difíciles de exponer debido a los contextos sociales.

De acuerdo a Lauren Bylsma, profesora asistente de psiquiatría y psicología en la Universidad de Pittsburgh, las lágrimas emocionales en adultos pueden tener “funciones sociales más complejas para obtener el apoyo y el consuelo de los demás o para tener funciones comunicativas o de vinculación social”, destaca CNN.

Emocionarse o llorar frente al resto puede ser visto como una vulnerabilidad, por lo que la contención de emociones es más usual de lo que creemos, lo que se acrecienta en hombres, ya que su conexión hormonal con la afectividad es menor.

De acuerdo a la investigación del bioquímico William Frey, se reveló que efectivamente, las mujeres lloran más, específicamente 5,3 veces al mes, mientras que los hombres lo hacen 1,4 veces en el mismo periodo, lo que se debe a esta conexión hormonal con la afectividad, que es mucho mayor en el género femenino.

Llorar… ¿Hace bien?

Evidencia científica, no existe, esto se debe principalmente a lo dificultoso que puede resultar investigar emociones en un laboratorio, sin embargo, está demostrado que la composición de una lágrima emocional tiene un mayor contenido proteico como mencionamos anteriormente y que cuando las personas lloran suelen sentir alivio, al tener esa sensación de desahogo.

De acuerdo al psicólogo holandés, Ad Vingerhoets, llorar ante un conocido es la mejor forma de lograr esa catarsis”, lo que se potencia en un “efecto calmante” ante la reacción positiva de la persona que está al lado. Si ocurre lo contrario, más bien será un momento de incomodidad.

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Para el académico japonés Hidefumi Yoshida, la mejor forma de aliviar el estrés es llorar una vez por semana. Según destaca a Infobae, realizar acciones que potencien el llanto, como la música emotiva o películas emocionantes, estimula la actividad nerviosa parasimpática que disminuye la frecuencia cardíaca y esto, puede tener un efecto calmante para la mente.

Realizar esta acción se puede percibir como una limpieza de las emociones reprimidas ante el estrés, por lo que incluso podría ser más efectivo que reír o dormir.

En tiempos de pandemia muchas personas han declarado estar llorando espontáneamente ante diversas situaciones, lo que a juicio de Lisa Brateman, tiene una base psicológica detrás, y es que el cuerpo está tratando de procesar esta situación.

Según mencionó a Vogue, “el estrés menor está conectado con una mayor frecuencia en los llantos. Incluso un pequeño ascenso del nivel de conflicto o en los miedos tiende a desencadenar la necesidad de llorar” añadiendo “llorar puede reducir la acumulación de emociones que parecen sobrepasarnos hasta el punto de no poder manejarlas”.

Aunque hay que considerar que quienes reprimen deliberadamente sus lágrimas, pueden tener efectos negativos, que se pueden manifestar tanto psicológica como físicamente, comenta Lisa Bylsma a The Washington Post.

Un ejemplo es que contener el estrés puede derivar en dolor de cabeza y así como las personas se moderan con su sufrimiento, también lo pueden hacer con emociones como la alegría y la felicidad.

Ante esto, lo mejor es que si tienes ganas de llorar, simplemente llores, puede reducir tu estrés sobre todo en estos momentos.