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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

A más de cinco años de la pandemia de coronavirus, la preocupación por la "supergripe" H3N2 persiste. Un estudio de la Universidad de La Frontera reveló que el covid‑19 dejó huellas metabólicas detectables a 18 meses, aumentando el riesgo de resistencia a la insulina y la necesidad de medicamentos para controlar el colesterol. Las personas expuestas al virus tienen mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina, incluso en formas leves. Estas secuelas podrían aumentar el riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

A más de cinco años de la pandemia provocada por el coronavirus y en momentos en que persiste la preocupación por una nueva influenza H3N2, también conocida como la “supergripe”, todavía se siguen analizando las consecuencias que tendrán en las personas a largo plazo.

En ese sentido, un proyecto desarrollado por investigadores de la Universidad de La Frontera (UFRO) concluyó que el covid‑19 dejó huellas metabólicas detectables a 18 meses, especialmente un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y un mayor requerimiento de fármacos para el control del colesterol

Las huellas del covid-19 siguen presentes

El mencionado estudio reclutó a 327 adultos, de los cuales 196 tenían antecedente confirmado de covid‑19 y 131 no se habían infectado, para hacerles un seguimiento durante 18 meses.

Los resultados muestran que las personas expuestas al virus concentran la mayoría de los nuevos casos de resistencia a la insulina detectados durante el seguimiento: 74% de quienes desarrollaron esta alteración habían tenido covid‑19, frente a 26% del grupo no expuesto.

“Los resultados son amplios y muestran que incluso en cuadros leves, el covid‑19 dejó huellas metabólicas detectables a 18 meses, especialmente un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina y un mayor requerimiento de fármacos para el control del colesterol, comparado con personas no expuestas al virus”, explica el director del proyecto, Álvaro Cerda, del Centro de Excelencia en Medicina Traslacional de la UFRO.

Estas “huellas metabólicas” implican que personas que cursaron el coronavirus leve o asintomático pueden desarrollar alteraciones persistentes meses después de la infección, aun cuando no presenten síntomas inmediatos, lo que incrementa su riesgo futuro de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.

¿Qué se puede hacer contra las secuelas del covid?

El análisis, que incluyó participantes de Temuco, Santiago y Punta Arenas, no mostró diferencias clínicamente relevantes atribuibles a la ciudad de residencia: los patrones de riesgo cardiometabólico post‑COVID fueron consistentes en las tres regiones, lo que sugiere que se trata de un fenómeno transversal en la población adulta chilena.

A juicio del Dr. Cerda, estos hallazgos confirman que “la infección con SARS‑CoV‑2 debe considerarse un factor de riesgo cardiometabólico en la población chilena por la generación de alteraciones que van más allá de la fase aguda de infección, requiriéndose un seguimiento del perfil lipídico y de glucosa, junto a la promoción activa de hábitos saludables, para evitar que estas alteraciones se traduzcan en más enfermedades cardiovasculares en los próximos años”.

Como parte del proyecto, el equipo elaboró un Manual de Recomendaciones dirigido a los equipos de salud, que resume la evidencia internacional y los resultados del seguimiento en Chile.

El documento propone implementar un control metabólico sistemático en personas con antecedente de COVID‑19, con énfasis en la medición periódica de glicemia, hemoglobina glicosilada (HbA1c), perfil lipídico y, cuando sea posible, índices como HOMA‑IR –que evalúa la resistencia a la insulina y la función pancreática-, además de intervenciones tempranas sobre estilo de vida y educación para el autocuidado.

¿Quiénes corren más riesgo?

El investigador sugiere priorizar este seguimiento en personas que hayan tenido covid‑19, aunque haya sido leve, y presenten sobrepeso, sedentarismo o antecedentes familiares de diabetes, dislipidemia (como colesterol alto) o enfermedad cardiovascular.

La evidencia del estudio indica que estas alteraciones pueden aparecer incluso un año después de la infección, aunque aún no se conoce con precisión cuánto tiempo se mantiene elevado el riesgo en el largo plazo, por lo que el equipo plantea continuar la observación de la cohorte más allá de los 18 meses iniciales.