Hasta hace unos días, Mirko Jozić no me conocía y probablemente no sabía quién era yo. No obstante, durante su visita, tuvimos la oportunidad de encontrarnos, de conversar y de compartir distintos homenajes que Chile le ha preparado a un hombre que cambió para siempre nuestra historia deportiva.
Lo he visto recibir el cariño de la gente tanto en el Estadio Monumental, en la Casa Alba, en el Teatro Caupolicán, en la Embajada de Croacia y en el Salón de Honor del ex Congreso Nacional. Y en cada uno de esos lugares he podido comprobar, una vez más, que el paso del tiempo no ha borrado lo que Mirko significa para nuestro país.
Yo sé quién es Mirko desde mucho antes de conocerlo personalmente.
Lo sé porque antes de ser diputada, antes de presidir la Comisión de Deportes y de entender la política como una herramienta para defender aquello que amamos, fui una niña que vio a Colo-Colo levantar la Copa Libertadores de América.
Recuerdo esa alegría como se recuerdan las cosas que se quedan para siempre. En mi vida hay tres momentos de felicidad profunda: cuando Colo-Colo ganó la Libertadores en 1991, cuando recibí el premio APES y cuando nació mi hija Rafaela. Tres momentos distintos, pero unidos por una emoción inconmensurable.
Por eso, cuando nos encontramos en el ex Congreso junto al Club Social y Deportivo Colo-Colo y las autoridades de ambas cámaras, no fuimos solamente a rendir un homenaje. También asumimos una responsabilidad: mantener viva la memoria de quienes hicieron grande a nuestro deporte.
En esa jornada, el presidente del Club Social y Deportivo Colo-Colo, Edmundo Valladares, planteó públicamente la necesidad de avanzar hacia la nacionalidad chilena por gracia para Mirko Jozić y su hija Lana. Ese llamado encontró acogida y se transformó en una acción concreta: hemos ingresado el proyecto de ley que busca concederles la nacionalidad chilena por gracia.
Para Mirko, por sus servicios notables al deporte chileno, por haber contribuido decisivamente a profesionalizar nuestro fútbol y, sobre todo, por habernos conducido hacia el mayor triunfo continental de un club chileno. Para Lana, por el profundo vínculo con Chile que nació en su infancia y por el rol que ha cumplido durante todos estos años como un puente permanente entre nuestro país y Croacia, ayudando y acompañando a tantos chilenos.
No se trata solamente de un reconocimiento simbólico. Es un acto de gratitud institucional frente a una historia que el corazón de millones de chilenos ya reconoció hace décadas.
Gracias, Mirko, por haber sido parte de una hazaña que nadie más ha podido repetir. Por haber conducido a un grupo de jugadores a hacer realidad un sueño que parecía reservado para otros. Y por habernos dejado una enseñanza que, con los años, entendí que era mucho más grande que una copa: que los sueños pueden hacerse realidad cuando se trabaja con convicción, disciplina y perseverancia.
Esa idea me quedó grabada a fuego.
Quizás por eso terminé dedicando parte de mi vida a defender el deporte. Como ciudadana, como colocolina y hoy como parlamentaria, he luchado para que el fútbol no olvide su esencia frente a un modelo que muchas veces lo ha transformado en un mercado de clientes y no de socios, alejando al hincha y debilitando espacios históricos de encuentro, como la sede de Cienfuegos.
He luchado también para que las futbolistas tengan contratos y derechos, para enfrentar las injusticias dentro y fuera de la cancha y para que el deporte sea entendido como lo que realmente es: una parte fundamental de nuestra identidad y de nuestra vida en comunidad. Por eso, este proyecto de ley también tiene un significado especial.
Mirko sabe lo que Colo-Colo perdió con la quiebra y sabe que este club ha tenido que aprender a levantarse una y otra vez. Esa resiliencia estuvo en los miles que acompañaron al equipo rumbo a Talca para mantener la categoría y también en esa fuerza que permitió volver a ser campeones en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia.
Porque Colo-Colo no se explica solamente en balances financieros. Una institución deportiva administra mucho más que un negocio: administra memoria, identidad, pertenencia y pasión. Y Mirko Jozić es parte de esa memoria.
Fui esa niña que miró aquella Copa y aprendió que los imposibles no existen. Hoy, tantos años después y desde el Congreso, me corresponde transformar esa gratitud en una acción concreta.
El proyecto de ley para conceder la nacionalidad chilena por gracia a Mirko y Lana es precisamente eso: una manera de decirles que el vínculo que construyeron con nuestro país no quedó detenido en 1991. Que permanece, que sigue vivo y que forma parte de nuestra historia.
Hoy Mirko ya sabe quién soy. Nos hemos encontrado, hemos conversado y he podido decirle personalmente parte de lo que durante tantos años significó para mí y para tantos chilenos.
Pero hay algo que no ha cambiado: sigo llevando conmigo a aquella niña de 1991. Y si algo me enseñó esa niña, es que los sueños no se abandonan, aunque pasen los años o la vida nos golpee con una fuerza impensada.
Por eso, hoy quiero volver a mirarlo a los ojos y decirle, en nombre de esa niña, de mi familia y de millones de chilenos que aprendimos a soñar con su hazaña: gracias, Mirko.
Gracias por lo que hiciste por nuestro fútbol, por Colo-Colo y por Chile. Y espero que pronto podamos darle también a Lana y a ti la nacionalidad chilena por gracia, como una expresión de gratitud de un país que hace mucho tiempo los hizo parte de su historia.
Porque hay vínculos que no los determina un documento. Pero a veces un documento puede reconocer oficialmente aquello que el corazón de un país ya decidió hace mucho tiempo.
Gracias, Mirko y ojalá pronto podamos decir: bienvenidos, compatriotas.
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