Un hombre esperó a que una familia terminara su entierro en la isla Santa Inés, en el extremo sur de Chile. Cuando se fueron, desenterró los cuerpos, los llevó a su barco y los hirvió en agua de mar hasta dejar solo los huesos, que aún conservan las marcas del cuchillo con que fueron raspados. Esa es la hipótesis de como, a comienzos del siglo XX, salieron de la Patagonia chilena los restos de dos integrantes del pueblo kawésqar, una comunidad indígena que habita esa zona hace más de 6.000 años.
Ahora, más de un siglo después, esas osamentas —junto a las de un tercer ancestro— volverán a Chile a mediados de octubre desde Suiza, donde permanecieron guardadas en el Museo de Historia Natural de Basilea.
Según reconstruyó el diario El País en una investigación sobre el caso, los restos fueron sacados de la actual Región de Magallanes en un contexto colonial, cuando la antropología europea buscaba estudiar a los pueblos que consideraba “más primitivos”.
Francisco González, presidente de la Fundación Pueblo Kawésqar y descendiente de esta comunidad, explicó al medio que “eran los últimos que quedaban de una etnia, por lo que la gente tuvo una fascinación por llevárselos. Pero aquí estamos esos últimos, tratando de recuperarlos”.
Un hallazgo casual en un archivo suizo
La historia del retorno comenzó en el verano europeo de 2024, cuando Mariana Märki, estudiante de la Universidad de Basilea, revisaba la colección antropológica del museo y descubrió los restos de dos ancestros kawésqar que, según los registros, provenían de la isla Santa Inés.
El museo identificó a los coleccionistas responsables: Arnold Masarey y Ludwig Paravicini, quienes adquirieron las osamentas a comienzos del siglo XX y las donaron al entonces Museo de Etnología de Basilea. En 1971 pasaron al Museo de Historia Natural. La investigación confirmó que las comunidades kawésqar nunca dieron su consentimiento para esa “compra”.
Los dos primeros ancestros murieron en 1907 y llegaron a Suiza dos años después. Se trata de una joven de entre 15 y 18 años, que padecía espina bífida —una malformación de nacimiento en la que la columna vertebral no se cierra por completo durante la formación del feto, lo que puede afectar la movilidad— y que por eso no podía caminar. Fue sepultada junto a quien sería su tío, un hombre de entre 40 y 46 años. Entre los kawésqar no existen cementerios: “se deja donde mueren”, explicó González.
Semanas después de ese primer hallazgo, Märki encontró en los archivos del museo el cráneo de un tercer ancestro. Según reconstruyó la fundación, la pieza habría salido de un sitio arqueológico y pasó por el Liceo de Hombres de Punta Arenas, cuyo director la vendió en 1908 a un coleccionista suizo, que a su vez la vendió al museo.
La mujer de 1.400 años que reveló su propia historia
Se trata del cráneo de una mujer de más de 45 años que habría muerto hace unos 1.400 años, mucho antes que los otros dos ancestros. El registro histórico solo indica que provenía del sur o el este de Tierra del Fuego, una zona habitada históricamente tanto por kawésqar como por yaganes y selk"nam, otros pueblos originarios de la Patagonia. Por eso González advierte que no puede asegurarse "al 100%" que sea kawésqar.
Pese a ser la más antigua, de ella se sabe más que de los otros dos, porque sus restos se conservaron bajo tierra y su información genética quedó intacta. "Era de tez trigueña, de ojos marrones, la contextura gruesa, el pelo café", detalló González. Su dieta, basada en mariscos y sin rastros de granos ni trigo, refuerza para la fundación que era una mujer de los canales patagónicos.
En cambio, los registros genéticos de la joven y el hombre "se echaron a perder" por el agua de mar usada para hervir sus cuerpos, lo que dificultó reconstruir su historia con esa herramienta.
Para confirmar el origen de los tres, la fundación cruzó las tarjetas que acompañaban las cajas donde se guardaban los huesos con pruebas de laboratorio recientes.
"Había que saber si de verdad era kawésqar, porque por el negocio de la comercialización de huesos se podría haber engañado a los suizos", señaló González. Hoy, los análisis genéticos permiten reconstruir la dieta, el origen geográfico y la carga genéticaf de una persona con precisión.
Durante más de un siglo, los tres cuerpos fueron guardados "como material científico" para comparación con otras osamentas, junto a los restos de otras 1.600 personas llevadas a Suiza en contextos coloniales desde distintos continentes. La solicitud formal de restitución llegó al museo a fines de 2024, y la decisión final la tomó el Consejo de Gobierno de Basilea-Ciudad.
El 10 de septiembre, el ayuntamiento de la ciudad suiza realizó una ceremonia oficial de restitución, en la que su presidente, Conradin Cramer, recibió a una delegación kawésqar y a un representante de la embajada de Chile. González adelantó que el proceso tendrá un segundo capítulo en el país sudamericano: "Los del museo van a ir y van a representar de cierta manera a los coleccionistas [que se robaron los huesos], y van a decir "aquí está lo que nos llevamos". Van a pedir perdón, igual como lo hicieron en Basel".
Unas 25 personas de las 17 comunidades kawésqar existentes, que en total suman entre 300 y 500 integrantes, han participado del proceso de restitución. Desde hace un año, representantes de siete núcleos familiares de Magallanes se reúnen periódicamente en Punta Arenas, y existe además una Mesa Local de Memoria y Restitución que coordina a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, el Museo Salesiano Maggiorino Borgatello y el cónsul honorario de Suiza.
Un dato aparte: antes de dejar Basilea, la delegación kawésqar hizo un gesto simbólico. "Sacamos cada huesito de la cajita del museo y los pusimos en una cajita de madera nuestra", contó González. Según relató, los integrantes del grupo decían que se iban "tranquilos y contentos", porque imaginaban a sus ancestros felices de que los hubieran ido a buscar.
Todavía no está definido dónde descansarán los restos. La fundación tiene presente lo ocurrido en 2010, cuando volvieron desde la Universidad de Zúrich los restos de otros cinco kawésqar, un proceso al que, según González, "le faltó bastante la dignidad en el trato de los ancestros y de los propios kawésqar". Por eso, dice, "como nueva generación kawésqar, lo estamos trabajando harto esta vez".
Mientras se decide si el destino final será el cementerio de Punta Arenas, la isla Santa Inés u otro lugar, ya se preparan ceremonias públicas y privadas para las comunidades, un memorial permanente en Punta Arenas y un documental que se estrenará el 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos.
González insiste en que el objetivo de todo este proceso no es el rencor. "Hay que tratar de no caer en el odio, sino que las relaciones humanas permiten estos procesos", sostuvo. Y añadió una frase que resume el sentido último del regreso: "El ejercicio de enfrentarse a una herida de un pasado para sanar es lo más valioso de este retorno".
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