Opinión
Lunes 20 abril de 2020 | Publicado a las 17:19 · Actualizado a las 20:20
Si pudiera vivir otro a√Īo, volver√≠a a 1991
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En este a√Īo oscuro marcado por la pandemia mundial, quiero volver a vivir el a√Īo m√°s feliz. Quiz√°s es la angustia del presente la que me transporta a mis recuerdos de infancia, a ese a√Īo que disfrutamos con un equipo que uni√≥ a Chile y que provoc√≥ la primera gran celebraci√≥n futbol√≠stica no s√≥lo en Plaza Italia, hoy Plaza de la Dignidad, sino que, a lo largo de todo el pa√≠s.

Cierro los ojos y recuerdo el cielo oscuro, la neblina y el frío lo cubren todo, pero una multitud alienta en el estadio Monumental lleno con banderas y papel picado, mientras el equipo salta a la cancha con la responsabilidad de por fin dejar la Copa Libertadores en Chile, de tocarla y no sólo mirarla.

En mi mente resuenan los relatos inconfundibles de Pedro Carcuro, junto a los comentarios eternos de Julio Mart√≠nez, Sergio ‚ÄúSapito‚ÄĚ Livignstone y Tito Foulliux en la televisi√≥n, mientras en la radio los ecos de Wladimiro Mimica parece que hacen vibrar a todo el pa√≠s.

Colo Colo celebra este domingo sus 95 a√Īos de vida, el equipo del capit√°n David Arellano, quien luego de un desafortunado partido en Espa√Īa, sufri√≥ y agoniz√≥ al igual como hoy sufren muchos en un hospital a causa de un virus que no quiero nombrar en estas l√≠neas ya que bastante hemos le√≠do de eso.

Lo cierto es que, para ganar esa Libertadores, al equipo nacional le costó sangre, sudor y lágrimas. Además, tuvo que sufrir increíblemente la ausencia de todos sus delanteros titulares por lesiones y expulsiones, hasta la misma final. Esto sólo le dio la razón al técnico croata quien confiaba plenamente en los juveniles para incluso cumplir el objetivo de ganar el torneo continental.

Cuando Colo Colo lleg√≥ a la semifinal ya no contaba con Orme√Īo ni Dabrowsky por lesi√≥n, se sumar√≠a Patricio Y√°√Īez, lesionado y expulsado luego de la ‚ÄúBatalla de Macul‚ÄĚ. Luego, en la primera final en Asunci√≥n, la expulsi√≥n del goleador Mart√≠nez dejar√≠a al equipo sin la l√≠nea de ataque para la final. Se rumoreaba que Barticcioto lesionado en una mano y Gabriel Mendoza tendr√≠an que jugar de delanteros improvisados, pero Mirko ya ten√≠a claro que Luis P√©rez ser√≠a titular. El mismo Coca sufrir√≠a una luxaci√≥n del codo en el primer tiempo de la final, perdi√©ndose la celebraci√≥n en cancha y Rub√©n Espinoza tendr√≠a que jugar con un vistoso vendaje en el muslo tras el patad√≥n de un paraguayo que le provoc√≥ un corte profundo que ameritaba suturar la herida.

En lo futbolístico

En estas semanas tuve el tiempo de revisar toda la campa√Īa de la Libertadores. Descubr√≠ detalles que no recordaba y reafirm√© otras ideas de lo que muchos tuvimos la oportunidad de ver por televisi√≥n o en el estadio.

¡Cómo jugaba ese equipo de Mirko Jozic! El equilibrio entre defender, tomar el balón y generar un ataque era admirable.

La defensa fue pieza clave para resistir y superar a los rivales, comenzando contra un aguerrido Universitario de Per√ļ, equipo f√≠sicamente superior que complic√≥ al campe√≥n chileno y que tuvo en la cabeza de su delantero ‚ÄúBal√°n‚ÄĚ
González esa pelota que Morón sacó sobre la línea cuando el partido se iba con el ajustado triunfo 2-1 para los Albos.

El ataque era una arma letal. El contragolpe en el segundo gol a Boca es para verlo mil veces. Bal√≥n que recibe Mendoza, supera la marca de dos rivales, combina con Espinoza y logra superar al tercero en velocidad para habilitar a Ya√Īez que con pique endemoniado centra con precisi√≥n para Barti, quien empalma con empeine para colocar el bal√≥n arriba y dejar sin opci√≥n a Navarro Montoya.

El mediocampo tambi√©n hac√≠a lo suyo, como lo dijeron los jugadores de Boca cuando sal√≠an de la cancha en Argentina: ‚Äúnos dominaron, nos quitaron la pelota‚ÄĚ… un resumen de lo que este equipo tambi√©n hac√≠a de visitante.

Luego de superar los fantasmas, el equipo chileno tuvo que resistir los embates de los tres Campeones de América que le tocó enfrentar, Nacional de Uruguay (Campeón de la Libertadores en 1988), el recordado equipo de Boca Juniors de Batistuta y Diego Latorre, que en total tenía a seis seleccionados argentinos, y Olimpia de Paraguay (Campeón de la Libertadores en 1990).

En el arco el ‚ÄúLoro‚ÄĚ Daniel Mor√≥n, era prenda de garant√≠a. Salv√≥ goles hechos como el famoso carrer√≥n de Batistuta en el Monumental con ese achique y arrojo que era su especialidad, as√≠ como el cortar centros pasados.

En defensa hab√≠an verdaderos perros guardianes como fueron Javier Margas y Miguel Ram√≠rez. Atr√°s de ellos los esperaba de l√≠bero Lizardo ‚ÄúChano‚ÄĚ Garrido con esa prestancia para salir jugando que se gan√≥ aplausos en la misma bombonera frente a Boca. El rombo lo cerraba Eduardo Vilches que tambi√©n ten√≠a cualidades para proyectarse y distribuir de buena forma el juego en esa zona.

En la mitad encontr√°bamos a Gabriel ‚ÄúCoca‚ÄĚ Mendoza, lateral indomable por la banda derecha, r√°pido y gran centrador. El capit√°n Jaime Pizarro fue muestra de experiencia, claridad en la salida y gran despliegue para pisar las dos √°reas. Rub√©n Espinoza, otra pieza clave en esta campa√Īa, no s√≥lo con sus goles precisos de tiro libre y desde el punto penal, sino tambi√©n con su juego asociado hasta la misma final en esa sociedad que formaron con Lucho P√©rez.

Juan Carlos Peralta, es otro hombre que se ganó a todos con su arduo trabajo en el medio campo.

Y arriba basta s√≥lo nombrarlos, Marcelo Barticciotto, el abre latas del equipo, el due√Īo del gol imposible a Boca y de las asistencias hist√≥ricas.

Ricardo Mariano Dabrosky, un crack no sólo en el cabezazo, un gran definidor que marcó el triunfo con dos goles, uno de tijera frente a los uruguayos en la goleada 4-0.

Patricio Y√°√Īez es historia aparte, desde los jugadores que lo pidieron, su llegada bomb√°stica desde la U, y su gran nivel y rapidez para desbordar en velocidad y participar en goles importantes.

Arriba estaba el Tri-goleador nacional Rubén Martínez, que además aportaba rapidez de piernas hasta el final del partido como en la semifinal frente a Boca,en el cual marcó dos goles claves.

Y al final encontramos a los que dejaron su nombre en la historia: Luis P√©rez y el joven Leonel Herrera. El primero no s√≥lo ten√≠a una revancha personal contra los paraguayos, sino que demostr√≥ toda su categor√≠a para poner el 2-0 a los 12 y 17 minutos del primer tiempo, ante un estadio y un pa√≠s euf√≥ricos. En el caso de Leo Herrera, con 19 a√Īos ingres√≥ por el lesionado Gabriel Mendoza y luego de aguantar la dura marca de los paraguayos, convirti√≥ el tercer gol tras centro de Barticciotto desatando la algarab√≠a total.

Era otra √©poca, era otro Chile que ven√≠a saliendo de una dictadura y que por lo mismo vivi√≥ m√°s intensamente este acontecimiento. Mucho tiene ese a√Īo que me hace volver cada cierto tiempo, una alegr√≠a genuina, un orgullo leg√≠timo
grabado a fuego en los corazones como el primer amor, la primera vez que levantamos todos una copa internacional.

Si pudiera volver a vivir ese 1991, aunque otra vez tuviera s√≥lo 10 a√Īos, lo har√≠a a ojos cerrados, y quiz√°s tambi√©n saldr√≠a con una bandera chilena amarrada a un palo de escoba, escuchando de lejos como en la plaza de la ciudad cantaban miles de voces gritando: por fin ganamos…

Felipe Gonz√°lez Fierro
Periodista

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