Cuando se es oposición, se alzan voces de críticas sobre muchos aspectos, pero cuando se llega a gobernar hay que asumir aspectos de la realidad que no siempre estaban considerados. Los opositores vociferan, parecen ver las cosas más fáciles de lo que son. Ganar las elecciones obligaría a un giro de realidad y no seguir repitiendo lo que dijo desde la tribuna electoral.

Cuando asume Boric

A los pocos días de asumir el gobierno, el presidente Gabriel Boric hizo algunas afirmaciones que, pese al tono aparentemente liviano, eran de mucha profundidad y marcaron parte de su trayectoria en La Moneda.

La primera fue que él entendía que el país debía marchar como una realidad continua, es decir, que él no podía dejar de considerar la obra de sus antecesores en el cargo y que más allá de las críticas que él hubiese formulado como opositor, debía hoy mirar las cosas en una nueva perspectiva.

De esa idea, derivó la segunda: ”otra cosa es con guitarra”, queriendo dejar de manifiesto que las críticas son fáciles cuando se hacen desde la oposición, pero muy distinto es cuando se tiene la responsabilidad de gobernar. Una de las primeras cosas que Boric debió cambiar fue la declaración de Estado de Emergencia en la zona sur, a la que él se oponía como diputado pero que mantuvo durante la totalidad de su gobierno.

El discurso originalmente radicalizado del entonces candidato fue amainando en muchos aspectos y, salvo para sus enemigos acérrimos, el gobierno fue de tono moderado en sus propuestas y buscó acuerdos en muchos temas que eran parte importante de su programa.

Cuando asume Kast

En una postura completamente diferente Kast asume la presidencia, manteniendo el tono, el estilo y los contenidos de su discurso. A ratos da la impresión de que sus asesores de comunicaciones no se hubiesen percatado de que la campaña terminó y que quien gobierna es el líder de la extrema derecha.

En estos casi cuatro meses la motivación principal es el ataque directo al gobierno de Boric, a quien se culpa de todos los males, problemas o circunstancias que los nuevos gobernantes no han sido capaces de resolver.

Cuatro años de oposición a Piñera y cuatro a Boric nos hacían pensar que ellos llegarían al gobierno con equipos preparados, proyectos de ley redactados, planes claros de ejecución de sus ideas. Incluso en algún momento los derrotados temieron que Kast intentara gobernar usando la potestad reglamentaria que es, estrictamente hablando, la verdadera norma de clausura.

La Constitución imperante fue ideada por y para los gobiernos de tipo dictatorial, donde las normas que pueden ser materia de ley están determinadas en su texto, dejando todo lo demás para las decisiones presidenciales. En todos los gobiernos que siguieron a Pinochet, incluido Boric, nadie usó esas facultades, sino que siempre se buscó la solución legal.

Las cosas cambian

Pero los hechos van demostrando algo muy distinto.

Con la clara adhesión de su partido y el apoyo de los partidos de la derecha “tradicional” (Renovación Nacional, UDI y Evópoli), armó un gabinete en el que no quedó muy claro el respaldo político de cada uno de esos ministros y ministras, como así tampoco del resto de los funcionarios que fueron siendo designados.

Una de las críticas al equipo de Boric, que se repitió durante todo el gobierno por parte de los dirigentes de la derecha, fue que muchos de los que asumieron funciones ministeriales no tenían experiencia política suficiente ni trabajo en el Estado. “Gente sin experiencia”, se dijo, insistiendo en su falta de preparación para estas tareas. Además se cuestionó a muchos de los que asumieron cargos por su juventud.

Entonces al detenernos a observar el primer gabinete nos encontramos con que la tónica fue la misma de su antecesor: en su mayoría se trató de personas que venían de fuera del Estado y de la acción política, sin mayor experiencia no sólo de los numerosos jóvenes que asumieron, sino incluso de algunos mayores que pasaron de décadas en la esfera privada a cargos de ministro, como es el caso de Pérez en Relaciones Exteriores y otros.

Es decir, Kast no tenía preparados sus equipos, lo que fue quedando aún más claro con los nombramientos de subsecretarios y de secretarios regionales. En el caso de estos últimos hubo muchos que ni siquiera asumieron mientras otros renunciaron –forzada o voluntariamente– al poco tiempo.

Los cambios forzados en el gabinete

Dos ministras cayeron, mientras otros secretarios de Estado han sido duramente criticados desde el propio interior de los partidos oficialistas. Cuando a menos de tres meses se produce el primer cambio de gabinete, se agudiza la sensación de improvisación y cierta precariedad, lo que se ve agravado por los “reemplazos”.

El ministro de Obras Públicas sustituye a la ministra de Seguridad. Curiosa la designación si se recuerda que Arrau fue el orquestador y primera voz de las críticas tanto a la creación del ministerio como al desempeño del primero en la cartera durante el gobierno de Boric.

¿Cómo entenderlo? Porque Arrau es una de las claves políticas del gobierno al ser el más importante funcionario del partido del presidente, pero se le saca del ministerio en el que se lo estaba cuidando para tareas futuras y se le entrega una tarea clave: no se puede soslayar que en seguridad, centro de las principales críticas al gobierno de Boric, se juega parte importante de la popularidad del propio presidente.

Para ocupar el puesto de Arrau se designa al ministro de Transportes que asume entonces dos carteras; y lo mismo pasa al designar a Claudio Alvarado para reemplazar a la ministra Secretaria General de Gobierno, dejando en evidencia que no hay equipos suficientes para desempeñar con coherencia las tareas políticas de mayor importancia.

La gota final en esta materia está en que las funciones de vocería caen sobre el subsecretario del Interior.

Se ha perdido el rumbo

Otra cosa es cuando hay que saber tocar la guitarra.

Me queda la impresión de que salvo criticar al gobierno anterior, adjudicándole la culpa de todos los problemas actuales del país, este gobierno sigue sin rumbo.

La acusación contra Grau terminó rechazada no sólo por la oposición, sino por senadores de la coalición que apoya a Kast.

Mientras, siguen apareciendo imprecisiones, errores y falsedades, situaciones mal manejadas comunicacionalmente, que lo que hacen es golpear en el suelo a un gobierno que va a tropezones. El caso de los niños haitianos –cuando se habló de tráfico ilegal de menores y trata de personas– terminó en nada, al probarse por parte de la policía que estas imputaciones eran completamente falsas. Desde la derecha se alzan voces de alcaldes y alcaldesas, senadores, diputados, dirigentes sociales, que protestan contra aspectos específicos del proyecto matriz de Hacienda.

El desgaste veloz

Así las cosas, el gobierno se enfrenta a variadas y aceleradas formas de desgaste.

Por un lado deben litigar contra sus propios partidarios y, por otro, seguir peleando contra el fantasma de Boric, olvidando que ya son gobierno y que hoy las responsabilidades les corresponden a ellos.

La inseguridad y la “sensación de inseguridad” continúan sin variación, la actividad delictual sigue campeando y los éxitos policiales no se los puede atribuir el ministro de Seguridad, pues son investigaciones iniciadas mucho antes y que ya estaban en proceso. Incautar drogas o detener en allanamientos a delincuentes buscados es fruto de un trabajo de la Fiscalía y la policía de larga data.

Los datos sobre la economía demuestran que, más allá de los errores del gobierno anterior y de la guerra de Trump contra Irán que hizo subir los precios del petróleo, la situación empeora. No hay crecimiento de la economía, aumenta la inflación, no se concretan nuevas inversiones tatas veces prometidas para cuando “regresara la gente que da confianza al gobernar”, la cesantía aumenta o se mantiene.

Y de pronto debe renunciar, luego de tres meses en el cargo, el jefe de contrainteligencia de la ANI por su conexiones con Luis Hermosilla, el personaje símbolo de la corrupción del último tiempo.

No era tan fácil

No es tan fácil gobernar como se suponía y no era tan cierto que estuviesen tan preparados. ¿Qué camino tomará el gobierno? ¿Dialogará? ¿Buscará acuerdos para conseguir aplicar parte de sus planes?

Lo más probable es que, estando convencidos de que son los únicos dueños de la verdad, sigan adelante como un toro que embiste contra la capa del torero.

Porque su plan es demostrar que son los mejores y que si bien otra cosa es con guitarra, pueden inventar que se toca de otra manera. Para eso ganaron.