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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El fenómeno El Niño Global preocupa a Perú y Chile en 2026 por sus posibles impactos climáticos extremos. La OMM alerta sobre la alta probabilidad de su manifestación a nivel mundial a partir de mayo, con efectos en la temperatura y precipitaciones. En Perú, se descarta un evento extremo por ahora, pero se monitorea de cerca. En Chile, la NOAA ya confirma su llegada y se anticipan temperaturas cálidas y lluvias intensas, especialmente en el centro y sur. Expertos recomiendan fortalecer sistemas de alerta temprana y prepararse para posibles riesgos.

Las anomalías en el Pacífico anuncian un ciclo inusual que pondrá a prueba la resiliencia de ambos países. Científicos y autoridades alertan sobre alteraciones en el régimen de lluvias, riesgos para la producción agrícola y escenarios de calor fuera de lo común.

La llegada del fenómeno El Niño Global este año mantiene en vilo a Perú y Chile. Las previsiones científicas advierten efectos que van desde lluvias torrenciales hasta periodos de sequía y temperaturas fuera de lo habitual.

El escenario plantea desafíos para ambos países, que observan de cerca la evolución del Pacífico y los anuncios de las principales agencias meteorológicas. En el centro de la preocupación está la incertidumbre sobre la intensidad y el alcance del evento, que algunos describen como moderado, mientras otros no descartan la posibilidad de un episodio más severo.

La región se prepara para enfrentar un ciclo climático que podría alterar la vida cotidiana, la economía y la seguridad de millones de personas.

El Pacífico bajo la lupa

La Organización Meteorológica Mundial (OMM), vinculada a la Organización de las Naciones Unidas, alertó sobre la alta probabilidad de que el fenómeno El Niño se manifieste a escala global a partir de mayo de 2026.

Los modelos climáticos internacionales coinciden en que el calentamiento superficial del mar en el Pacífico ecuatorial está en marcha, lo que dispara las alertas en gobiernos y comunidades científicas de ambos países.

La OMM advirtió: “Las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial muestran un incremento acelerado, lo que pone en alerta a gobiernos y comunidades científicas ante la inminencia del fenómeno”.

En ese contexto, la organización señaló que se espera un comportamiento capaz de modificar las pautas de precipitación y temperatura en diferentes continentes, con impactos notables en Sudamérica.

Mientras tanto, el Comité Multisectorial encargado del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (Enfen) de Perú ha descartado la inminencia de un evento extremo, aunque mantiene una vigilancia intensiva sobre la evolución del fenómeno.

Cautela y prevención en Perú

En Perú, las autoridades han tomado distancia de las versiones que circulan en redes sociales sobre la llegada de un “superniño” de alcance global.

Luis Vásquez, vocero del Enfen, aseguró: “Hasta el momento la magnitud más probable de este evento global es débil todavía, podría escalar a moderado, pero en general es todavía débil”. La entidad peruana publica actualizaciones quincenales para informar sobre cualquier variación en la magnitud del fenómeno.

La diferencia entre un episodio débil y uno moderado radica, según el propio Vásquez, en el grado de calentamiento del mar y sus efectos sobre las distintas regiones del país.

Un El Niño de baja intensidad suele provocar un aumento leve de la temperatura del agua, con consecuencias limitadas en la costa y sectores productivos como la pesca. Si el evento escala a moderado, puede notarse una reducción en las precipitaciones en la sierra centro-sur, con riesgo de déficit hídrico y sequías.

“La mayor probabilidad es que sea un Niño débil y podría escalar a un Niño moderado, pero más allá todavía es poco probable”, precisó el vocero a TV Perú.

El Enfen también subrayó que las lluvias intensas registradas en la selva y regiones como el Vraem o Arequipa responden principalmente a patrones estacionales, más que a la influencia directa del fenómeno.

“Como Niño costero, no tiene mucha influencia en la parte de la selva. Hay alteraciones atmosféricas que condicionan a que se incremente la precipitación”, explicó Vásquez.

El monitoreo constante de la temperatura del mar frente a la costa peruana indica un ligero aumento, asociado a un El Niño Costero de carácter débil. El Enfen considera que este evento podría alcanzar una condición moderada durante el otoño, aunque ve poco probable que supere ese nivel.

En un comunicado reciente, el organismo reiteró su mensaje: “La información científica actual no respalda previsiones de eventos climáticos extremos. Los especialistas consideran prematuro afirmar que ocurrirá un fenómeno de gran magnitud durante el presente año”.

Impactos sectoriales

En el ámbito pesquero, un El Niño débil puede incidir de manera limitada sobre especies de aguas frías como la anchoveta, mientras que otras, como el bonito y la pota, podrían mantenerse o incluso verse favorecidas.

Vásquez recomendó a las autoridades regionales y locales mantener protocolos de prevención, sobre todo en la sierra centro-sur, donde el déficit de lluvias representa el principal riesgo: “El mayor impacto que se podría dar es la poca precipitación que tenga la sierra centro sur, es ahí donde va a impactar mayormente”.

El Enfen otorga una probabilidad cercana al 60% para un evento de magnitud débil, mientras que la posibilidad de que alcance niveles extraordinarios se considera muy baja.

La comisión también estima, en línea con la OMM, que existe una probabilidad de 80% de que se configure un Niño moderado en Perú para este ciclo, aunque las proyecciones dependen de la evolución de las condiciones oceánicas.

Riesgos asociados

En Chile, los pronósticos coinciden en la llegada inminente del fenómeno. La National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) ya confirmó el arribo de El Niño al país en 2026.

El meteorólogo Iván Torres advirtió, en declaraciones a 24 Horas: “La probabilidad de que sea un Niño muy fuerte es muy alta”, agregando que podría incidir de manera drástica en el clima nacional.

El impacto sobre las precipitaciones será notorio, en especial en la zona central y sur. Según los especialistas, la característica principal de este evento será la combinación de temperaturas cálidas y lluvias intensas, aunque de corta duración, en la región central, donde se encuentran las ciudades más densamente pobladas.

La Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) y la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) estiman una probabilidad del 60% de que el fenómeno se materialice durante el invierno, entre junio y agosto.

La geografía chilena, que abarca desde el desierto de Atacama hasta la Patagonia, amplifica la diversidad de impactos.

La costa norte experimenta un aumento de temperaturas, el altiplano tiende a la sequía, mientras que la zona central y sur anticipan lluvias y mayor calidez. Según la FAO, el fenómeno ocurre entre cada dos y siete años y suele extenderse entre nueve y doce meses.

Análisis de expertos

El climatólogo Raúl Cordero, entrevistado por CNN Chile, explicó que la clave para entender el desarrollo de El Niño reside en la temperatura superficial del Pacífico y su interacción con la atmósfera.

“Los años de El Niño son siempre los años récord en términos de temperatura. Así que si este año no es el año más cálido jamás registrado, el próximo año lo será”, aseguró Cordero, quien anticipa que el fenómeno acompañará a Chile durante el segundo semestre de 2026 y la primera mitad de 2027.

Cordero subrayó que El Niño suele provocar sequía en algunas regiones y lluvias abundantes en otras. Para Chile, el pronóstico apunta a precipitaciones sobre lo normal en el centro y centro-sur del país, con temperaturas elevadas.
“Los años de El Niño no son en general hiperáridos en Chile. Sería extraordinariamente sorpresivo que este y el próximo año fuesen secos en Chile”, afirmó.

El climatólogo recordó episodios recientes en los que El Niño marcó un antes y un después en la situación hídrica nacional. El evento de 2023-2024 puso fin a la mega sequía en la zona central tras más de una década de déficit de precipitaciones.

No obstante, ese mismo periodo trajo consigo lluvias intensas y miles de damnificados en diferentes regiones, lo que ejemplifica la complejidad y el riesgo asociado a estos eventos.

Respecto a lo que podría esperarse para el próximo verano, Cordero advirtió: “El verano 2026-2027 va a ser un verano de fuego y eso podría, desgraciadamente, ser literal. Todos los mega incendios que nosotros hemos tenido a partir del 2017 fueron influidos por las altas temperaturas que el calentamiento global hace más frecuentes”.

Medidas preventivas

La OMM y las agencias meteorológicas de ambos países insisten en la importancia de fortalecer los sistemas de alerta temprana y la coordinación interinstitucional. Entre las recomendaciones destacan la mejora de infraestructura para el drenaje, la protección de cultivos y la garantía de atención sanitaria en comunidades vulnerables.

El anuncio de la OMM funciona como advertencia para que países como Perú y Chile activen planes de contingencia y refuercen sus estrategias de gestión de riesgos.

La experiencia histórica indica que cada episodio de El Niño es distinto en intensidad y repercusiones, pero los impactos pueden ser severos si no se toman medidas anticipadas.

El Enfen, en Perú, aconseja a la población informarse solo a través de comunicados oficiales y evitar las especulaciones que circulan en redes sociales.

Mientras tanto, en Chile, los especialistas vigilan el desarrollo del evento y recuerdan que, aunque la llegada del fenómeno puede traer alivio temporal a la sequía, también eleva el riesgo de aluviones, incendios forestales y daños a la infraestructura.

La DGAC y la DMC mantienen una fase de observación y recalcan que las proyecciones pueden variar en función de la evolución de las condiciones climáticas.

Las condiciones actuales del Pacífico, el estado de los modelos numéricos y la experiencia reciente refuerzan la necesidad de una vigilancia estricta y una respuesta coordinada.

El Niño se perfila como el eje de la agenda climática para Perú y Chile en los próximos meses, con efectos que se dejarán sentir en campos tan dispares como la agricultura, la pesca, la gestión del agua y la protección civil.