Es importante tener claridad: sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no hay capacidad real de sostener políticas sociales en el tiempo.

El presidente José Antonio Kast asumió en un escenario extremadamente complejo, marcado por una economía tensionada, un Estado desordenado y un contexto internacional incierto que ha dificultado el proceso de instalación.

A ello se suma la situación en que se dejó el país, con múltiples urgencias postergadas que hoy exigen respuestas concretas. En este contexto, es fundamental actuar con responsabilidad y dar el espacio necesario para que el gobierno ordene la casa y encauce sus prioridades.

Todo proceso de instalación enfrenta dificultades. Sin embargo, en este primer mes ya se han visto señales de orden y foco en lo que realmente importa a los chilenos: seguridad, reconstrucción y crecimiento.

También se han dado señales claras en materia de transparencia y de voluntad de ordenar el Estado, haciéndolo más eficiente y menos burocrático. Se han dado pasos positivos, como el destrabe de proyectos de inversión y el impulso al plan de reconstrucción. Al mismo tiempo, es indispensable avanzar con mayor decisión en medidas concretas que alivien el bolsillo de las familias, una preocupación urgente y legítima en la vida cotidiana.

En este desafío, la reconstrucción no puede limitarse a responder a la urgencia, sino que debe proyectarse con una mirada de desarrollo sostenible. No se trata solo de recuperar lo perdido, sino de generar condiciones de estabilidad, reglas claras y confianza, para que el crecimiento sea sólido y duradero.

Para ello, será clave una colaboración efectiva entre el mundo público y privado, capaz de transformar el potencial del país en oportunidades reales para las personas.

Junto con ello, es importante destacar que el gobierno ha puesto el foco en áreas críticas que por mucho tiempo estuvieron postergadas: la situación de la primera infancia, la creciente inseguridad en los establecimientos educacionales y los graves desafíos en materia de salud, particularmente en el tratamiento del cáncer.

Hoy muchas comunidades escolares viven con temor, y eso no puede normalizarse. Asimismo, miles de familias enfrentan con angustia largas esperas, diagnósticos tardíos y falta de acceso oportuno a tratamientos. Abordar estas realidades es fundamental, porque garantizar espacios seguros para aprender y desarrollarse, junto con fortalecer una red de salud que responda a tiempo, son condiciones básicas que el Estado debe asegurar.

Es importante tener claridad: sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no hay capacidad real de sostener políticas sociales en el tiempo. Por eso, impulsar la economía debe ir de la mano con avanzar con decisión en materia de seguridad, donde la ciudadanía exige respuestas firmes y eficaces.

Chile necesita seriedad, responsabilidad y sentido de Estado. Más que obstaculizar, hoy el llamado es a colaborar, a pensar en el país y en las personas. Es momento de actuar con urgencia, dejar de lado las diferencias políticas y avanzar en soluciones concretas. Chile no puede seguir esperando.