Debe ser un punto de inflexión para asumir que el deporte es una política estratégica: previene, integra, mejora la salud, fortalece el tejido social y proyecta al país.

Esta semana se conmemora el Día Nacional del Deporte, una fecha que no solo invita a promover la actividad física, sino también a reflexionar sobre el lugar que ocupa el deporte en la sociedad y en la agenda pública del país.

Chile tiene un problema que no siempre se nombra con la claridad que merece: durante años se ha tratado al deporte como un lujo, cuando en realidad es una necesidad.

Porque no se trata solo de medallas ni del alto rendimiento. Se trata de algo mucho más profundo.

Se trata de los niños y niñas que encuentran en el deporte una motivación para ir al colegio. De jóvenes que, en barrios muchas veces olvidados, hallan en un club o en una cancha un espacio de pertenencia, disciplina y comunidad, lejos de entornos de riesgo.

Se trata también de adultos mayores que, gracias a la actividad física, mejoran su calidad de vida, y de una sociedad que enfrenta niveles crecientes de estrés, ansiedad y problemas de salud mental, encontrando en el deporte una herramienta concreta de bienestar.

Pero, también es importante reconocer que Chile avanza. La implementación de 60 minutos de actividad física en establecimientos educacionales, el reconocimiento de derechos laborales en el fútbol femenino y la modernización en la gestión de los clubes deportivos, no son cambios menores. Son señales de que, poco a poco, el deporte empieza a ocupar el lugar que merece en la política pública.

Sin embargo, estos avances aún son insuficientes frente a la magnitud del desafío. Desde las regiones, esta realidad se observa con mayor claridad. En territorios como Tarapacá, donde el desierto, el mar y la geografía ofrecen condiciones únicas, el deporte no solo es una herramienta de salud o recreación, sino también una oportunidad de desarrollo social y económico.

En estos espacios, los clubes deportivos cumplen un rol fundamental como lugares de encuentro comunitario, muchas veces sosteniéndose con esfuerzo propio, rifas y el compromiso de sus dirigentes.

Chile tiene el potencial de ser una potencia en deporte y turismo asociado, pero eso requiere algo más que buenas intenciones: requiere inversión, infraestructura y una política pública coherente, descentralizada y con mirada de largo plazo.

Por eso, preocupa que mientras se avanza en algunos aspectos, también, existan discusiones sobre posibles recortes presupuestarios en esta área. Porque el deporte no puede seguir siendo lo primero que se ajusta cuando hay estrechez.

Este día no puede quedarse en lo simbólico. Debe ser un punto de inflexión para asumir que el deporte es una política estratégica: previene, integra, mejora la salud, fortalece el tejido social y proyecta al país. Se ha avanzado, sí. Pero ahora es momento de dar el siguiente paso.

Porque un país que pone al deporte en el centro es un país que cuida a su gente, desde cada territorio hasta el conjunto de la nación.