Esta misión también marcará un punto de inflexión. Entraremos definitivamente en una nueva era de la exploración espacial, con los ojos y las mentes puestos nuevamente en la Luna y, más allá, en Marte.
Luego de cancelaciones por fugas de helio y modificaciones al programa Artemis —que ahora contempla una cuarta misión—, el próximo 1 de abril se abre finalmente la ventana de lanzamiento de una misión que devuelve a la humanidad al llamado espacio profundo.
Cuatro astronautas de la NASA sobrevolarán la Luna, alcanzando las mayores distancias jamás logradas por una misión espacial tripulada, superando el récord establecido por el Apolo 13 en 1970.
La misión Artemis II tiene como objetivo principal comprobar que los sistemas de soporte vital de la cápsula Orion funcionan correctamente en las condiciones extremas del espacio profundo. Este paso es clave para avanzar hacia una presencia humana sostenida en la Luna, la cual servirá como base para un objetivo aún más ambicioso: llevar seres humanos a Marte.
El programa Artemis contempla varias misiones. La del próximo 1 de abril será la segunda dentro de este plan. Al igual que Artemis I en 2022, el potente cohete SLS (Space Launch System) llevará la cápsula Orion al espacio, con la diferencia fundamental de que esta vez irá tripulada.
Durante el ascenso, el sistema irá desprendiéndose progresivamente de distintos subsistemas: los propulsores, los paneles del módulo de servicio y el sistema de aborto de lanzamiento. Antes de partir rumbo a la Luna, la tripulación completará dos órbitas alrededor de la Tierra.
Hay un detalle de esta misión que, al menos para mí, resulta especialmente entretenido y llamativo, y ocurre antes de que Orion ponga rumbo definitivo a la Luna.
La etapa superior ICPS (Interim Cryogenic Propulsion Stage) eleva a la cápsula hasta una órbita terrestre alta, de aproximadamente 74.000 kilómetros. Una vez que esta etapa se separa, el control de la cápsula se transfiere desde el centro de control en Houston a la tripulación.
Los astronautas reciben la instrucción de utilizar el propulsor recién desprendido como blanco, con el fin de evaluar sensibilidad, respuesta a los comandos y visibilidad, utilizando las cámaras y ventanas de la nave.
Adicionalmente, durante esta segunda órbita se realizan pruebas clave a los sistemas de comunicación y navegación de Orion. En el punto más lejano de su órbita elíptica alrededor de la Tierra, la cápsula sale brevemente del alcance del GPS y de los satélites de retransmisión de la NASA, lo que permite poner a prueba anticipadamente la Red de Espacio Profundo (Deep Space Network), fundamental para las operaciones más allá de la órbita terrestre.
Superada esta fase, el control vuelve a manos de la estación terrena y el módulo de servicio ejecuta el encendido final que coloca a Orion en trayectoria hacia la Luna.
Comienza así un viaje de aproximadamente cuatro días, que incluye un sobrevuelo por la cara oculta lunar siguiendo una trayectoria en forma de “ocho”, extendiéndose a más de 370.000 kilómetros desde la Tierra.
La tripulación de Artemis II llegará a unos 7.600 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna, con una duración total de misión cercana a los 10 días. El regreso no requiere un gran encendido de propulsión. La trayectoria aprovecha, ingeniosamente, la gravedad combinada de la Tierra y la Luna.
Tras rodear nuestro satélite natural, la nave es atraída de forma natural de vuelta a la Tierra. A esta maniobra se le conoce como una trayectoria de retorno libre: una solución elegante, eficiente y, sobre todo, segura.
Tal como ocurrió en noviembre de 2021, cuando en plena pandemia pude presenciar, a través de una transmisión en vivo y en directo, el primer lanzamiento tripulado del cohete Falcon de SpaceX, un hito que marcó un antes y un después en la exploración espacial tripulada, haciendo los vuelos a la Estación Espacial Internacional y a la órbita terrestre más frecuentes y accesibles, algo muy similar ocurrirá con Artemis II.
Esta misión también marcará un punto de inflexión. Entraremos definitivamente en una nueva era de la exploración espacial, con los ojos y las mentes puestos nuevamente en la Luna y, más allá, en Marte. Con todo esto, no puedo dejar de pensar que una nueva era de la exploración espacial humana está comenzando. Estoy viva para presenciarla y, mejor aún, para ser parte de ella desde Chile.
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