Región del Bío Bío
Domingo 21 julio de 2019 | Publicado a las 07:30 · Actualizado a las 07:31
Tomé y sus olvidados molinos: la historia del auge económico en base al trigo
Por Periodismo UCSC
La información es de Francisco Iturra
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La industria molinera fue de gran importancia en la provincia de Concepción, especialmente en Tomé. A mediados del siglo XIX el trigo generó cuantiosas ganancias y fomentó el crecimiento en la región del Bío Bío.

Hoy no quedan más que ruinas y recuerdos. Pero hace casi dos siglos, en Tomé, la industria molinera tuvo su época de esplendor, generando gran riqueza a partir de la producción de harina de trigo.

La historia cuenta que hacia 1830 un grupo de inversionistas extranjeros arribó al centro sur de Chile con el fin de financiar la construcción de molinos.

Este auge se vincula con la ‚Äúfiebre del oro‚ÄĚ, per√≠odo que surgi√≥ en 1848 en la costa oeste de Estados Unidos. El mineral dorado produjo una masiva migraci√≥n hacia lugares que en el pasado se encontraban deshabitados. El pa√≠s del norte comenz√≥ a demandar en gran cantidad productos como harina y trigo para su creciente poblaci√≥n, atra√≠da por el oro.

Chile vio una oportunidad para exportar materias primas a Estados Unidos, como la harina y el trigo. Fue así que la industria molinera empezó a expandirse dentro el país.

Con los a√Īos se levantaron en la provincia de Concepci√≥n gigantescos molinos como el Bellavista (1850), el Rinc√≥n Grande (1852), el Colorado (1856), Bra√Īas Mathieu (1870), Santa Rosa (1890) y K√∂ster (1905).

Fotografía: Museo Histórico de Tomé.
Fotografía: Museo Histórico de Tomé.

Tecnología mundial

En Tom√©, la actividad molinera inici√≥ oficialmente en febrero de 1842 con la apertura del Molino Coll√©n; le siguieron, m√°s tarde, el Molino Tom√©, en el mismo a√Īo, y el Molino Caracol en 1843.

La tecnología fue el sello distintivo para estos gigantes. Sus equipos y maquinarias eran adquiridos en Europa y Estados Unidos. Asimismo, se trajo a técnicos extranjeros para supervisar las operaciones de molienda (proceso durante el cual el grano de trigo se rompe).

El historiador estadounidense Arnold Bauer, especialista en historia de Chile y Latinoam√©rica, en una de sus obras, se√Īal√≥ que ‚Äúlos molinos chilenos de aquella √©poca eran tecnol√≥gicamente tan buenos como los de cualquiera otra parte del mundo‚ÄĚ.

Con el aumento de exportaciones de trigo surgieron otros grandes molinos como el Bellavista (1850), el Rincón Grande (1852) y el Colorado (1856). Uno de los más recordados y exitosos fue el Molino California (1847), que contó incluso con su propio tren aéreo.

Un tren colgante

El Molino California, propiedad del empresario Ram√≥n Cruz, inici√≥ sus operaciones en 1847. La industria, con el paso de los a√Īos, tuvo diferentes due√Īos, como las familias Aninat, Urrejola y en la √©poca de mayor esplendor a Ram√≥n Le√≥n Luco e Hijos.

Su nombre tiene relaci√≥n con el estado de California, donde desembarc√≥ gran parte de la producci√≥n molinera durante la ‚Äúfiebre del oro‚ÄĚ.

El historiador Leonardo Mazzei de Grazia, en su ‚ÄúHistoria econ√≥mica regional de Concepci√≥n 1800-1920‚ÄĚ, destaca que hacia 1850 el 67% de la harina chilena era enviada desde el puerto de Tom√© hasta los Estados Unidos.

En tiempos de apogeo, el molino California lleg√≥ a contar con hasta 200 trabajadores y logr√≥ una producci√≥n m√°xima de 2.570 quintales de harina en un d√≠a, como detalla el historiador Alejandro Sanhueza, en su libro ‚ÄúHistoria de Tom√©‚ÄĚ.

La f√°brica tambi√©n innov√≥ en el tiempo. ‚ÄúSe distingui√≥ no solamente por la calidad de sus productos, sino tambi√©n por la alta tecnolog√≠a que utiliz√≥. En junio 1896, se instal√≥ all√≠ el primer ferrocarril a√©reo del pa√≠s‚ÄĚ, explica el historiador tomecino Rolando Saavedra.

El tren a√©reo, exhibido por primera vez en 1884, en una exposici√≥n minera en Santiago, asombr√≥ al empresario franc√©s Antonio Aninat, entonces due√Īo del Molino California.

‚Äú√Čl quer√≠a reducir costos, principalmente de traslado de los sacos de harina hasta la zona de embarque, y ese invento le solucion√≥ el problema. Fue una innovaci√≥n espectacular‚ÄĚ, menciona Luis Molina, director del Museo Hist√≥rico de Tom√©.

El ferrocarril a√©reo se extendi√≥ desde el mismo molino ‚Äďubicado en el interior de Tom√©, a la altura actual de la Pesquera Camanchaca‚Äď para atravesar el Cerro La Pampa y terminar en el puerto de la comuna.

El tren ten√≠a una distancia cercana a los 1.500 metros de longitud y contaba con carritos ‚Äďgigantes canastas de metal‚Äď impulsados por energ√≠a el√©ctrica, producida por una turbina de agua y un locom√≥vil.

Fotografía: Museo Histórico de Tomé.
Fotografía: Museo Histórico de Tomé.

Recuerdos

De los molinos, especialmente los del litoral tomecino, no quedan más que escritos y recuerdos, conservados hoy en la memoria de quienes tuvieron la suerte de vivir esta bonanza que revivió la economía regional, tras las guerras de la independencia y el terremoto de 1835.

Juan Alberto Toledo ten√≠a 7 a√Īos cuando lleg√≥ con su familia a vivir al barrio California, en Tom√©.

‚ÄúFue en 1945. El molino era un edificio gigantesco de ladrillo con cuatro pisos; ten√≠a hartos ventanales por donde entraba la luz de d√≠a y ca√Īer√≠as por donde pasaba el trigo y la harina. Recuerdo el ruido del trigo al molerse y de la bocina que avisaba la hora de entrada y salida‚ÄĚ, cuenta con nostalgia Juan Toledo.

La colosal estructura se ubicaba estratégicamente junto al arroyo Collén, desde donde se obtenía el agua para mover las turbinas y generar la electricidad.

‚ÄúVarios ni√Īos espi√°bamos por unos agujeros lo que hac√≠an dentro del molino (…) Recuerdo que una vez se nos ocurri√≥ colgarnos de los carros. Yo empec√© a tomar mucha altura, entonces me solt√© y ca√≠ en medio de unos matorrales‚ÄĚ, cuenta entre risas Toledo.

Fotografía: Alexander Torres.
Fotografía: Alexander Torres.

El gigante se despide

El hist√≥rico Molino California cerr√≥ sus puertas el 1 de enero de 1947. Se convirti√≥ en el m√°s longevo de los existentes en la zona, despu√©s de 100 a√Īos de producci√≥n ininterrumpida de harina de trigo.

La industria molinera tuvo su declive hacia 1860, cuando los mercados internacionales comenzaron a cerrar y, por ende, la producción se redujo drásticamente.

‚ÄúContribuy√≥ el tema del ferrocarril, ya que permiti√≥ recibir provisiones tanto del norte como del sur. (…) Tambi√©n la instalaci√≥n de otros molinos, especialmente en Concepci√≥n, como el Molino El Globo”, agrega el historiador Rolando Saavedra.

Del cierre fue testigo Rosa Riquelme (80), casada también hace seis décadas con Juan Toledo.

‚ÄúLlegamos en 1947, cuando ten√≠a 8 a√Īos. La F√°brica Italo Americana de Pa√Īos (FIAP) y la F√°brica Nacional de Pa√Īos Bellavista hab√≠an comprado una peque√Īa poblaci√≥n para los trabajadores textiles, entre los que estaba mi pap√°. En ese lugar vivieron obreros molineros y era conocido como Pueblo Hundido‚ÄĚ, recuerda Riquelme.

Rosa Riquelme y su familia vivieron por 13 a√Īos en ese lugar. Su padre estuvo a cargo de vigilar la turbina de agua que generaba luz para el molino y las casas.

‚ÄúRecuerdo las m√°quinas antiguas, los embudos gigantes donde echaban el trigo y las ruedas que daban vuelta los engranajes para moler‚ÄĚ, describe Rosa.

Tras el terremoto de 1960, las casas de adobe en las que habitaban Rosa y su familia se agrietaron, por tanto, tuvieron que vivir temporalmente en un granero del molino. La estructura del California, no obstante, se mantuvo incólume. Fue el paso del tiempo el que se encargó de hacerlo desaparecer.

No se tiene certeza, pero un muro de ladrillos, ubicado en Manuel Montt, la calle principal del Barrio California, sería de los pocos vestigios que van quedando del molino. Con mayor certidumbre, en la casa de Rosa Riquelme y Juan Toledo se conservan todavía una mesa y un ropero del desaparecido gigante.

Fotografía: Alexander Torres
Fotografía: Alexander Torres
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