Nacional
Lunes 16 abril de 2018 | Publicado a las 17:13 · Actualizado a las 17:22
Venezolanos repletan consulado chileno buscando visa anunciada por Pi√Īera
Publicado por: Matías Vega La información es de: Agence France-Presse
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El consulado chileno en Caracas amaneció abarrotado este lunes por venezolanos que buscan una visa especial para radicarse en Chile, lo que, más que una concesión, perciben como otra traba para escapar de la crisis económica.

Una cinta con la frase “peligro no pase” bordeaba un costado del edificio, en el este de la ciudad, report√≥ la Agence France-Presse.

Debido a que el consulado no prest√≥ servicio este lunes, un importante n√ļmero de personas forcejeaban para leer una peque√Īa pizarra en que se enumeraban los pasos para obtener el documento, anunciado el 8 de abril por el presidente Sebasti√°n Pi√Īera.

“No empujen, todos somos venezolanos”, grit√≥ alguien en medio de la aglomeraci√≥n de unas 400 personas, controlada por una docena de polic√≠as.

Los alcances del requisito -impuesto por Pi√Īera para “poner orden” a la creciente migraci√≥n venezolana- no est√°n claros para Leipzig Mijares, administrador con varios posgrados que llevaba a√Īo y medio preparando su partida.

“Quienes tenemos pasajes a Chile para esta semana estamos en un limbo”, dijo angustiado Mijares, de 44 a√Īos, que lleg√≥ muy temprano a la sede diplom√°tica buscando luces sobre la llamada visa de “responsabilidad democr√°tica”.

“Sabemos que ven√≠a una ley migratoria porque en Chile la migraci√≥n ha sido desordenada, pero no nos da tiempo de tramitarla antes del viaje”, a√Īadi√≥ el hombre, que tiene boletos para viajar el viernes junto con su primo. Jes√ļs Mijares.

Di√°spora sin freno

La pizarra los remitía a la web de la cancillería chilena y a sus redes sociales, pues el trámite debe realizarse en línea.

Una situaci√≥n similar se present√≥ en el consulado de la ciudad de Puerto Ordaz (al sur), que tampoco abri√≥ sus puertas, seg√ļn reportes de prensa.

En la p√°gina del ministerio de Relaciones Exteriores se aclara que el visado de “responsabilidad democr√°tica” es para quienes deseen residir en Chile, quedando exentos los venezolanos que quieran ingresar para hacer turismo.

Con una hiperinflaci√≥n que alcanzar√≠a el 13.000% este a√Īo seg√ļn el FMI y escasez de alimentos y medicinas, miles han optado por irse.

Tom√°s P√°ez, soci√≥logo experto en migraci√≥n, asegur√≥ a la AFP que entre 400.000 y 500.000 venezolanos salieron en los dos √ļltimos a√Īos, mientras que durante los cerca de 14 a√Īos de Hugo Ch√°vez en el poder (1999-2013) emigraron unos 2,2 millones.

El flujo hacia Chile, entonces, es creciente. De 8.001 migrantes en 2014 se pas√≥ a 84.586 en 2017, seg√ļn el ministerio del Interior.

La diáspora podría seguir creciendo, pues 34,7% de los cerca de 30 millones de venezolanos considera irse, de acuerdo con la encuestadora Datanálisis.

Maduro reconoci√≥ en febrero pasado que en Venezuela “hay una migraci√≥n” forzada, pero la atribuy√≥ a una “guerra econ√≥mica” para provocar su ca√≠da.

La visa anunciada por Pi√Īera frente a la “crisis democr√°tica” venezolana tendr√° vigencia de un a√Īo, prorrogable por una vez, y posibilitar√° luego pedir la residencia definitiva.

Esta exigencia se suma al visado que impuso en octubre pasado Panamá, uno de los principales destinos de la migración venezolana.

“Estamos siendo excluidos”

Jes√ļs Mijares, quien vendi√≥ su autom√≥vil y varios electrodom√©sticos para costear el pasaje a Santiago -cada vez m√°s caro y escaso-, cree que el visado es una traba m√°s para quienes como √©l ya ten√≠an los documentos exigidos por Chile.

“Ahora con esta visa no sabemos si vamos a viajar porque no queremos entrar al pa√≠s de forma ilegal”, dijo, al remarcar su urgencia por emigrar: “tengo dos hijas y no puedo comprarles ni un helado”.

La legislaci√≥n actual -cuya reforma anunci√≥ Pi√Īera- permit√≠a a quienes ingresaran como turistas pedir residencia temporal o definitiva.

Para Johana Carrillo, de 38 a√Īos, y su esposo Eduardo Far√≠a, de 36, quedarse en Venezuela no es una opci√≥n. Ambos son empleados p√ļblicos y apenas ganan para “medio comer”, dicen.

“Tenemos dos ni√Īas de tres y cinco a√Īos. La mayor tiene una afecci√≥n renal. Aqu√≠ no podemos tratarla, no hay medicamentos”, asegura Carrillo.

“Lo que arranca como una medida de apoyo termina siendo algo complejo. No est√°n siendo solidarios, estamos siendo excluidos”, se quej√≥ Leipzig.

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