La guerra en Ucrania impacta también a la pandemia. La invasión rusa está frenando la aprobación en la OMS de la vacuna Sputnik V. Complica también la situación de millones de vacunados a los que se les impide viajar y podría afectar campañas de vacunación en todo el mundo si las sanciones de Washington contra Moscú debilitan la capacidad de producción y la logística de Rusia.

La prolongación de la guerra en Ucrania crea incertidumbre sobre la capacidad de producción y logística de Rusia para su vacuna Sputnik V y su principio activo, lo que hace que las campañas de vacunación sean inciertas en los 71 países que aplican el inmunizante. Al mismo tiempo, la reciente decisión de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de aplazar una eventual aprobación de Sputnik hasta después del final de la guerra, es otro golpe para la reputación de Rusia.

Antes de la guerra, Rusia ya tenía problemas de producción, especialmente de la segunda dosis de su vacuna principal, que utiliza dos adenovirus diferentes, uno en cada dosis. Estos problemas, que surgieron a mediados del 2021, hicieron que Rusia incumpliera los plazos de entrega. Los países se han visto obligados a aumentar el intervalo entre las dosis más allá de los 21 días recomendados y a mezclar las vacunas en una combinación improvisada.

“De todos los países que aplican Sputnik, Argentina es el más importante del mundo porque fue el primero de América Latina que apostó por la vacuna rusa e hizo una alta apuesta por la cantidad de dosis. Aun así, las vacunas no llegaron en tiempo y forma, evidenciando una apuesta equivocada”, valora a RFI el sociólogo y analista político Patricio Navia.

Argentina comenzó a vacunarse con Sputnik V el 29 de diciembre de 2020, convirtiéndose en el segundo país del mundo después del aliado ruso Bielorrusia. A día de hoy, de ese contrato de 30 millones de dosis, Moscú debe aún nueve millones, lo que revela la magnitud del retraso en la entrega.

Tras el estallido de la guerra, las posibilidades de complicaciones aumentaron, especialmente después de la aplicación de sanciones estadounidenses contra el Fondo de Inversión Directa de Rusia, un fondo soberano que recauda inversiones para la economía rusa y que financia la producción de Sputnik, a través del Instituto Gamaleya.

Aunque la mayoría de los clientes de Sputnik no han aplicado sanciones contra Rusia, el fondo ruso puede tener dificultades para operar a través del sistema Swift de transferencias internacionales.

América del Sur tiene preocupaciones invernales

Una interrupción en la producción o la logística de las vacunas afectaría de manera más preocupante a Sudamérica, ya que la región necesita acelerar la vacunación antes de que llegue el invierno.

“Los países que utilicen Sputnik podrían tener un grave problema, sobre todo aquellos que no hayan diversificado sus compras de otros inmunizantes”, opina Navia, de la Universidad Diego Portales y de la estadounidense New York University.

En América Latina, la lista de países que aplican la vacuna rusa incluye, además de Argentina, Bolivia, Venezuela, Paraguay, México, Nicaragua, Guyana, Honduras, Guatemala, Ecuador y Chile.

Sin la aprobación de la OMS

La decisión de la OMS, anunciada la semana pasada, de aplazar cualquier posibilidad de aprobar Sputnik V hasta después de la guerra fue otro jarro de agua fría para la reputación de Rusia.

Desde hace aproximadamente un año, la OMS intenta en vano obtener información científica completa y realizar inspecciones en las fábricas de la vacuna. El último intento, previsto para el 7 de marzo, se canceló debido al inicio del conflicto militar.

Sin la aprobación de la OMS, las aproximadamente 200 millones de personas vacunadas con Sputnik en todo el mundo pueden viajar por los 101 países que aceptan cualquier vacuna, pero no pueden entrar en la Unión Europea ni en Estados Unidos.

“Esto hace que la opinión pública internacional prefiera las vacunas de los laboratorios estadounidenses y europeos. Las vacunas chinas tienen menos eficacia frente a las nuevas variantes y sobre la rusa hay problemas de credibilidad”, compara Navia.

La credibilidad de Sputnik en la propia Rusia está cuestionada. Sólo la mitad de la población está vacunada con alguna de las tres vacunas del país (Sputnik V, Novavax, CureVac).

“Los demás fabricantes de vacunas han conseguido entender lo que la OMS les pide para una certificación. Sólo los nuestros no lo entienden”, criticó, a través de las redes sociales, el Fondo Anticorrupción, dirigido por el principal opositor ruso, Alexei Navalny, detenido tras ser envenenado.

El año pasado, Brasil y Sudáfrica rechazaron la aprobación del uso de emergencia de Sputnik. La Anvisa de Brasil, por ejemplo, señaló los fallos en el desarrollo y la producción de la vacuna, la falta de control de calidad y de datos de seguridad y eficacia. Una de las dudas más inquietantes se refería a la presencia de adenovirus replicantes en todos los lotes evaluados de Sputnik.

Argentina habilita la cuarta dosis, especial para los vacunados por Sputnik

En agosto de 2020, Rusia fue el primer país del mundo en anunciar una vacuna contra el coronavirus, pero desde entonces, el país no ha hecho pública toda la información sobre su inmunizador. Incluso la famosa publicación en la revista científica Lancet en febrero de 2021 resultó incompleta. Todos los países que han aprobado el uso de emergencia de Sputnik lo han hecho sin más estudios.

La falta de aprobación de la OMS y la presión interna de buena parte de los 11 millones de argentinos vacunados con Sputnik ha llevado al Gobierno a anunciar que habilitará una cuarta dosis excepcional para aquellas personas que hayan recibido el esquema ruso completo y quieran viajar. A estas personas se les impedía, hasta ahora, entrar en Europa o en Estados Unidos.

Los que fueron vacunados con las dos dosis de la vacuna rusa recibieron la tercera dosis de otro laboratorio y ahora podrán recibir una cuarta dosis para tener otra pauta completa que no sea con Sputnik. En Argentina se han aplicado unas 21 millones de dosis de Sputnik.

Sin reputación

La falta de aprobación de la OMS, el incumplimiento de los plazos de entrega debido a los retrasos en la producción y el estallido de la guerra, que crea incertidumbre sobre el futuro de decenas de campañas de vacunación, afectan a la reputación de Rusia en general y de Vladimir Putin en particular.

El líder ruso hace uso de la llamada “diplomacia de la vacuna” que convierte a los inmunizadores en un instrumento de geopolítica, el llamado “poder blando”. Sin embargo, la credibilidad de Sputnik tambalea, al igual que la reputación del líder del Kremlin, tras la invasión de Ucrania y los ataques a la población civil.

“Evidentemente, el gobierno de Putin tiene un fuerte problema de reputación. Rusia necesitará mucho “poder blando” para cambiar la imagen de Putin como agresor que bombardea a la población civil. A Putin no le va bien la guerra. Es difícil utilizar el ‘soft power’ cuando en la guerra las cosas no salen como se esperaba y tu reputación está por el suelo”, señala Navia, quien visualiza una oportunidad para que Estados Unidos se acerque a los países latinoamericanos.