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Se multiplican las c√°maras ocultas pornogr√°ficas en Corea del Sur
Publicado por: Diego Vera La información es de: Agence France-Presse
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Park Kwang-Mi revisa con un detector de metales los m√°s √≠nfimos rincones de los ba√Īos de mujeres surcoreanas. Papel higi√©nico, picaporte de las puertas y reja de ventilaci√≥n, nada es librado al azar.

Mi trabajo es asegurarme de que ninguna c√°mara filme a las mujeres cuando se relajan”, explica a la AFP Park, 49 a√Īos, mientras inspecciona los ba√Īos de un museo de Se√ļl. “Es extra√Īo. Hay gente que quiere ver esto…”, pero “es necesario que las mujeres se sientan en seguridad”.

Park pertenece al equipo enteramente femenino de “cazadores de c√°maras ocultas” de Se√ļl, que lucha contra la “molka”, la pornograf√≠a a trav√©s de c√°maras escondidas.

Con conexiones s√ļper r√°pidas y tel√©fonos m√≥viles √ļltimo modelo, Corea del Sur est√° orgullosa de estar entre los pa√≠ses m√°s desarrollados en tecnolog√≠a. Alrededor del 90% de los 50 millones de habitantes tienen un tel√©fono inteligente, lo que representa la tasa m√°s elevada del mundo.

Pero en esta sociedad patriarcal, no precisamente conocida por defender los derechos de las mujeres, naci√≥ un ej√©rcito de ‘voyeurs’ amantes de la tecnolog√≠a. Muchos se sirven de aplicaciones especiales para mirar por debajo de las faldas de las mujeres sentadas en sus escritorios, o en las escaleras del metro. C√°maras de espionaje filman el interior de los ba√Īos p√ļblicos y de los probadores.

Estas im√°genes pueden encontrarse en varios sitios de Internet especializados en la “molka”.

Estas prácticas son tan frecuentes que, para luchar contra sus derivas, los fabricantes de teléfonos inteligentes surcoreanos están obligados a sonorizar las cámaras de sus aparatos para que hagan ruido cuando toman una foto.

No pasa un d√≠a sin que los medios hablen de los delitos “molka”. Sus autores provienen de todos los estratos sociales. Seg√ļn las estad√≠sticas de la polic√≠a, la cantidad de delitos “molka” pas√≥ de 1.100 a m√°s de 6.600 entre 2010 y 2014.

Penas de prisión y multas

Creada en 1987 para luchar contra los carteristas, la unidad policial que se ocupa especialmente de la red de metro, una brigada de 80 hombres, dedica por estos d√≠as casi la totalidad de su tiempo al combate “antimolka”.

La mayor√≠a de los hombres que son sorprendidos en el metro tienen entre veinte y treinta a√Īos y con estudios superiores. Se arriesgan a multas de hasta 10 millones de wones (m√°s de 5 millones de pesos) o a cinco a√Īos de prisi√≥n.

Para luchar contra los casos de “molka”, la polic√≠a ofrece recompensas a aqu√©llos que los se√Īalen y la municipalidad de Se√ļl reclut√≥ a decenas de mujeres para desenmascarar las c√°maras ocultas.

Lee Hae-Kyung, de 38 a√Īos y empleada de una oficina, cuenta que, cuando un hombre sube detr√°s de ella en las escaleras, suele darse vuelta ligeramente y mirarlo a los ojos, una t√©cnica eficiente para disuadir a los ‘voyeurs’.

Para la soci√≥loga de la universidad de Hanyang en Se√ļl, Lee Na-Yong, la soluci√≥n s√≥lo puede pasar por la sociedad. Desde hace a√Īos Corea del Sur y Jap√≥n consumen “videos bajo las faldas”. “Son dos naciones profundamente conservadoras donde las discusiones francas sobre el sexo son tab√ļ y donde las mujeres son v√≠ctimas de discriminaciones sistem√°ticas”, explica.

La “molka” es la “uni√≥n desafortunada entre una tecnolog√≠a que se desarrolla r√°pido y una cultura patriarcal que evoluciona lentamente. El problema no ser√° solucionado mientras no lo tratemos de manera m√°s amplia, a trav√©s de la educaci√≥n”.

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