El proyecto de cable submarino que busca conectar directamente a Chile con Asia, y particularmente con China, reactivó un debate estratégico sobre la seguridad de los datos que circularán por esta infraestructura crítica.
Aunque la discusión pública está centrada en la fibra óptica instalada en el fondo del océano, un especialista en ciberseguridad advierte que el verdadero punto sensible está en los sistemas de software que administran y gestionan el tráfico de comunicaciones.
Cable submarino Chile-China
La iniciativa forma parte de los esfuerzos por fortalecer la conectividad digital de Chile y consolidar su posición como hub tecnológico en América Latina, reduciendo la dependencia de rutas que actualmente pasan principalmente por Estados Unidos.
Pero, especialistas plantean que la discusión no debe limitarse a la infraestructura física, sino también considerar quién controla las plataformas tecnológicas que operan la red.
“El debate suele concentrarse en el cable mismo, pero el punto crítico está en el software que administra las comunicaciones. Quién controla esos sistemas tiene la capacidad de gestionar el tráfico de datos que circula por la red”, señala Patricio Campos, CEO de Resility y especialista en ciberseguridad, quien sigue de cerca el desarrollo de este tipo de infraestructuras.
El tema adquiere mayor relevancia en el actual escenario de competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, donde las redes de telecomunicaciones y los flujos de datos se han transformado en un componente central de la geopolítica digital.
Debate sobre la soberanía y seguridad de datos
Uno de los antecedentes mencionados en este debate es el rol de empresas tecnológicas vinculadas al desarrollo de cables submarinos. HMN Technologies (antes conocida como Huawei Marine Networks) trabaja en la construcción de este tipo de infraestructuras y fue incorporada por Estados Unidos en 2021 a su lista de restricciones comerciales debido a presuntos vínculos con la movilización militar china.
A ello se suma el marco regulatorio del país asiático. La Ley de Inteligencia Nacional de China, promulgada en 2016, establece en su artículo 7 que las organizaciones y empresas deben cooperar con los servicios de inteligencia del Estado cuando sean requeridas.
Este punto ha sido citado por analistas internacionales como un factor a considerar en la evaluación de proyectos tecnológicos estratégicos.
Gobernanza digital
El debate también se alimenta de antecedentes históricos. En 2013, las revelaciones de Edward Snowden evidenciaron programas de vigilancia masiva que incluían la interceptación de cables submarinos utilizados para el tráfico global de datos. Estos episodios demostraron que la infraestructura digital internacional puede transformarse en un punto clave para operaciones de inteligencia.
En este contexto, Campos plantea que “el desafío para Chile no es únicamente diversificar sus rutas de conectividad internacional, sino también desarrollar capacidades institucionales para supervisar la operación de estas redes”.
Actualmente, añade, el país no cuenta con mecanismos robustos de fiscalización tecnológica sobre los sistemas que administran este tipo de infraestructuras, lo que abre interrogantes sobre el grado de control soberano que podría ejercer sobre los datos que circulan por ellas.
Por lo mismo, “la discusión sobre el cable Chile–China trasciende lo estrictamente tecnológico. Se trata también de un debate sobre gobernanza digital, seguridad de la información y la capacidad del país para ejercer supervisión sobre infraestructuras estratégicas en un escenario de creciente competencia global por el control de los datos”, concluye el profesional.