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El esqueleto humano más antiguo de Sudamérica, bautizado como "El hombre de Los Vilos", fue descubierto en la comuna de Los Vilos, región de Coquimbo. Los restos, con más de 11.000 años de antigüedad, fueron hallados en el sitio arqueológico Los Rieles en 2012.
La comuna de Los Vilos, región de Coquimbo, es sitio de uno de los hallazgos arqueológicos más impresionantes del continente: el esqueleto humano más antiguo de Sudamérica. Se trata de un individuo que murió en la costa hace casi 12.000 años, al que los arqueólogos llamaron “El hombre de Los Vilos”.
Estos restos fueron encontrados por allá en 2012, en el sitio arqueológico Los Rieles, a unos 50 metros de la antigua línea del ferrocarril longitudinal, al sur de esta pequeña ciudad costera.
El hallazgo fue liderado entonces por Donald Jackson, académico del Departamento de Antropología de la Universidad de Chile, que dedicó gran parte de su vida a explorar los sitios arqueológicos de Los Vilos y la provincia del Choapa.
Hoy sigue en esta labor el arqueólogo César Méndez, que al momento del descubrimiento era investigador de la Universidad de Chile, pero hoy es subdirector de la Unidad de Estudios Aplicados de Antropología en la Universidad Católica.
En conversación con BiobioChile, Méndez explica que los restos de este esqueleto humano aparecieron durante un rescate arqueológico que se llevó a cabo en la zona, en vistas de que iban a cambiar el trazado de los ductos de desagüe de las aguas servidas de Los Vilos.
Como la modernización del desagüe iba a impactar los sitios del lugar, tuvieron que ampliar las excavaciones para conocer el contexto arqueológico y ahí fue que dieron con el individuo y comprendieron su antigüedad.
“Con la ampliación entendimos mucho mejor cómo se había formado el sitio. Originalmente, nosotros pensábamos que tenía solo 6.000 años de antigüedad, pero ampliándolo nos dimos cuenta de la profundidad temporal de las ocupaciones y cómo estas eran diferentes en cada uno de los momentos“, aclara.

¿Cómo era “El Hombre de Los Vilos”?
El Hombre de Los Vilos fue hallado bajo un conchal, un sitio donde los antiguos cazadores recolectores costeros descartaban los restos de conchas que iban mariscando. “Estaba debajo de la capa de conchas —o sea, más antiguo— en posición flectada lateral, es decir, recostado contra uno de sus lados”, explica César.
Tras varias pruebas radiocarbónicas (datación por carbono 14), que estiman la edad de materiales orgánicos, notaron que aquellos restos estaban muy bien conservados y tendrían una antigüedad de cerca de 12.000 años, desde que murió.
El arqueólogo enfatiza que, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, toda América, hay muy pocos individuos con esa data. “En Sudamérica podríamos decir que hay dos o tres, pero los que hay se han encontrado en museos y nadie sabe muy bien cómo fueron excavados. En cambio, aquí tenemos documentada la posición del individuo, el esqueleto completo, sabemos de dónde viene, en qué posición estratigráfica estaba, todo el contexto arqueológico”.
Con este contexto, los arqueólogos pueden tener una idea muy clara de sus características. Era un hombre de entre 40-45 años, tenía una buena salud, buena dentadura, se alimentaba con una dieta marina e incluso se había recuperado de una costilla rota.
“Entonces tenemos un individuo de edad avanzada; hace 12.000 años era el anciano de la tribu, probablemente, pero había gozado de buena salud, había tenido accidentes, se había recuperado y había sido un exitoso cazador y recolector costero“, puntualiza Méndez.

“Posiblemente comía lobos marinos, peces y muchos moluscos. Su dieta es consistente con un amplio nivel de nitrógeno, que eso nosotros lo asociamos a dietas marinas. Era una persona adaptada al medio costero, no era una persona que venía llegando de otro lado y se encontró finalmente en Los Vilos, sino que es representativa de la zona“, añade.
Además, no era muy distinto de los humanos de hoy; era un Homo sapiens sapiens y “fue parte de los primeros pobladores que ingresaron al continente. Tenía todas las capacidades físicas, cognitivas y emocionales que tenemos nosotros, no se diferenciaba mucho”.
El Hombre de Los Vilos vivió en la costa, sabía mariscar, pescar, arponear lobos marinos y posiblemente llegó a convivir con algunos de los últimos animales de la megafauna. Méndez estima que “probablemente la megafauna en ese momento ya estaba en proceso de extinción y no era tan atractiva para ellos”.
En Los Vilos, de hecho, en la Quebrada de Quereo, se han encontrado restos de mastodontes (Notiomastodon platensis), un pariente lejano del mamut, que convivió con los primeros pobladores de la costa.
“Los primeros humanos que ingresaron a la zona convivieron con el caballo americano, con la paleolama, con el milodón, con el ciervo de los pantanos, un ciervo súper grande, mucho más que el huemul y con el mastodonte; esa fauna había hace unos 13 mil años. Pero El Hombre de Los Vilos es de unos 900 años después”, explica el arqueólogo.

¿Por qué en Los Vilos?
Si el individuo fue desenterrado en 2012, los arqueólogos llevan décadas estudiando los sitios arqueológicos de la comuna y alrededores, desde los años 90 a la fecha, trabajando en conjunto con las autoridades.
En diciembre pasado, la Municipalidad de Los Vilos inauguró una sala museográfica dedicada al Hombre de Los Vilos, donde se exhiben las réplicas de este antiguo poblador, para darle más visibilidad al descubrimiento.
Méndez dice que hay dos razones por las que el esqueleto más antiguo de Sudamérica apareció allá. La primera es porque ha habido una investigación larga, consistente y multidisciplinaria en la comuna. La segunda tiene que ver con la forma de Chile.
Casualmente, Los Vilos y la zona del Norte Chico son la parte más delgada del país.
“La Cordillera de los Andes se acerca mucho a la costa y desde el mar hasta el límite con Argentina hay solo unos 90 km. No es como otras partes de Chile. Esa idea nos ha permitido plantear que las poblaciones humanas que caminaban, que se iban desplazando, se encauzaron a lo largo de un pasillo. Chile se puede entender entre el mar y la cordillera como un corredor largo, donde vivían las poblaciones, pero se hace muy estrecho en Los Vilos, y nosotros pensamos que eso es una especie de cuello de botella“, explica.
“Esto hace que en un territorio más pequeño podamos de alguna manera, arqueológicamente, interceptar mayor cantidad de evidencias, y sobre todo, las evidencias más tempranas del desplazamiento de los pobladores que se movieron a lo largo de este pasillo, desde el norte hacia el sur”, plantea.
Los restos de este individuo los guarda la Universidad de Chile y los investigadores pueden acceder a ellos para seguir estudiándolos. Durante los últimos años, “hemos estado tratando de poner en palestra la importancia del patrimonio de Los Vilos. No solamente de estos restos, sino que hay que entender que si tienen unos 12 mil años de antigüedad, hay unos sitios arqueológicos aún más antiguos en Los Vilos y entonces son muchos miles de años de ocupación de la zona”.
Recientemente, publicaron el libro Los Rieles, donde describen en detalle el contexto arqueológico del primer sudamericano a partir de los hallazgos en Los Vilos. César dice que “es un cierre a esa etapa y ahora comenzamos una nueva. Estamos haciendo excavaciones porque necesitamos proteger el sitio. Ya no es solo investigar por investigar, que eso es muy lindo, ahora investigamos para planificar territorialmente cómo proteger el sitio. Eso nos interesa para el 2026″.
“Yo siempre digo: imagínense si hay 400 conchales en Los Vilos, cuántos hombres y mujeres de aquella antigüedad podrían estar bajo este suelo. Con que haya unos cuantos más, ya sería una de las zonas más ricas en arqueología de Sudamérica“, apunta.
Referencia:
Donald Jackson, César Méndez y Eugenio Aspillaga. Human Remains Directly Dated to the Pleistocene- Holocene Transition Support a Marine Diet for Early Settlers of the Pacific Coast of Chile. Journal of Island and Coastal Archaeology, 2021.
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