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Domingo 14 julio de 2019 | Publicado a las 15:05
A 50 a√Īos del hombre en la Luna: lo que ocurri√≥ en el viaje de Armstrong, Aldrin y Collins
Por Fabián Barría
La información es de Agence France-Presse
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Los cuatro primeros días del viaje de Apolo 11 habían transcurrido como durante el entrenamiento, pero cuando apenas faltaban unos 20 minutos para el alunizaje, el 20 de julio de 1969, llegaron los problemas.

Las comunicaciones por radio con la sala de control en Houston se interrumpieron primero brevemente. Y en pleno descenso sonaron las alarmas en el m√≥dulo lunar (LEM) pilotado por Edwin “Buzz” Aldrin y el comandante de la misi√≥n, Neil Armstrong.

Dos horas antes, el LEM se había separado del vehículo principal, el módulo de mando, donde permaneció el tercer miembro de la tripulación de Apolo 11, Michael Collins.

“Dennos una explicaci√≥n sobre la alarma del programa 1202”, exigi√≥ Armstrong. Houston pidi√≥ a sus astronautas que ignoraran esa se√Īal. La computadora de abordo est√° saturada pero los sistemas funcionan, explic√≥ el mando de la misi√≥n.

Los cr√°teres lunares empezaron a desfilar a toda velocidad ante el m√≥dulo. Demasiado r√°pido, seg√ļn comprob√≥ el comandante, que entendi√≥ que el m√≥dulo iba a alejarse varios kil√≥metros de la zona de alunizaje prevista.

Armstrong tom√≥ entonces el control manual de la nave, busc√≥ una nueva zona mirando por la ventanilla del m√≥dulo, pero todo le parec√≠a “muy rocoso”.

Aldrin empez√≥ a leerle las informaciones del ordenador: la velocidad vertical y la altitud: “250 pies… 220 pies…”.“Ser√° justo despu√©s del cr√°ter”, dijo Armstrong.¬†

El nivel de carburante se reduc√≠a a toda prisa. Quedan “30 segundos”, anunci√≥ Houston. Armstrong ya no hablaba. Ralentiz√≥, el LEM casi dej√≥ de avanzar y se acab√≥ posando. “Contacto”, dijo Aldrin. Los astronautas apagaron el motor del veh√≠culo.

“Houston, aqu√≠ la base Tranquilidad. El Eagle ha aterrizado”, anunci√≥ Armstrong.

“Los copiamos en la Tierra”, respondi√≥ el responsable de comunicaciones, Charles Duke, desde Houston. “Ten√≠an a un mont√≥n de chicos a punto de ponerse azules. Respiramos de nuevo”.¬†

Von Braun

Seg√ļn los datos oficiales, 400.000 personas participaron en el programa Apolo. Pero dos fueron las encargadas de lanzarlo.

En 1961, John Fitzgerald Kennedy pregunt√≥ a su vicepresidente, Lyndon Johnson, c√≥mo superar a los sovi√©ticos en la carrera espacial. “Si un hombre entra en la √≥rbita terrestre este a√Īo, se llamar√° Iv√°n”, hab√≠a lamentado el mandatario un a√Īo antes.¬†

Johnson consult√≥ al dise√Īador de cohetes de la Nasa, el tr√°nsfuga nazi Wernher von Braun. El ingeniero hab√≠a inventado los cohetes V2 que bombardearon Londres durante la Segunda Guerra Mundial.

Hacia el final del conflicto, ofreci√≥ sus servicios a los estadounidenses, que lo llevaron junto con un centenar de sus mejores ingenieros a Alabama, fundando lo que se conoce desde entonces como “Rocket City” (la ciudad de los cohetes).

El alem√°n respondi√≥ con entusiasmo a Johnson que el env√≠o de hombres a la Luna era el √ļnico proyecto en el que se pod√≠a derrotar a Mosc√ļ, porque ninguno de sus cohetes ten√≠a la potencia necesaria para llegar al sat√©lite terrestre. “Ok”, dijo Kennedy.¬†

Ocho a√Īos despu√©s, Richard Nixon estaba al frente de Estados Unidos. Para anticipar una posible tragedia, el mandatario hizo preparar un homenaje: “El destino dict√≥ que los hombres que fueron a explorar la Luna en paz, descansar√°n en la Luna en paz”.

Pero el enorme esfuerzo nacional dio sus frutos. Todo fue muy r√°pido, gracias a los fondos aprobados por el Congreso.

Se lanzaron cuatro misiones Apolo exploratorias entre octubre de 1968 y mayo de 1969. En diciembre de 1968, se eligió a Armstrong como comandante de la undécima misión Apolo, con lo que eso conllevaba: sería el primer hombre en pisar la Luna.

“Me qued√© callado durante d√≠as mientras luchaba por no enojarme con Neil. Despu√©s de todo, era el comandante y, por tanto, el jefe”, confi√≥ Aldrin al relatar sus memorias muchos a√Īos despu√©s.

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“Un gran salto”

Cuando el enorme cohete de Von Braun despeg√≥ con la c√°psula de Apolo 11 en su cima el mi√©rcoles 16 de julio de 1969, un mill√≥n de personas asistieron al espect√°culo desde las playas de Florida, cerca de Cabo Ca√Īaveral.¬†

Pero muchos dudaban que los hombres lograr√≠an su objetivo. “Nos daban al menos un 90% de posibilidades de regresar con vida y un 50% de conseguir alunizar”, dijo Armstrong tras la misi√≥n.

Para los estadounidenses, el descenso final ocurri√≥ un domingo por la tarde. En Europa ya era de noche. Pero en todas partes la gente sigui√≥ la haza√Īa, solo con comunicaciones de radio crepitantes, hasta que Armstrong instal√≥ una c√°mara antes de pisar la Luna.¬†

“Los pies del LEM s√≥lo est√°n hundidos en la superficie como una o dos pulgadas, aunque la superficie parece ser muy, muy fina, cuando te acercas. Es casi como polvo”, explic√≥ Armstrong.

“Ahora voy a bajar del LEM”, anunci√≥. Tras una pausa, pronunci√≥ la frase por la que siempre se le recordar√≠a: “Es un peque√Īo paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”.¬†

Eran las 22:56 horas en Houston.¬† “Pens√© en ello tras haber aterrizado”, record√≥ Armstrong en una larga entrevista en 2001. En realidad, el astronauta se equivoc√≥, quer√≠a decir “para un hombre”.

Durante dos horas y media, Armstrong recogió kilos de rocas y sacó fotos. Aldrin instaló un sismómetro y otros dos instrumentos científicos. Plantaron una bandera estadounidense, dejaron una placa y varios recuerdos, incluida una medalla para Yuri Gagarin, el primer humano en viajar al espacio.

De las 857 fotos en blanco y negro y 550 en color que se sacaron en la Luna, Armstrong solo aparece en cuatro. La mayor√≠a muestran a Aldrin. “Es mucho m√°s fotog√©nico que yo”, brome√≥ Armstrong en 2001.¬†

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Behold…. the Moon! We continue to make steady progress toward the first missions of the Orion spacecraft and the Space Launch System (SLS) rocket that will lead the next steps of human exploration to the Moon and beyond, extending human exploration farther into space than ever before. Exploration Mission-1 will be the first integrated test of Orion, SLS, and the supporting ground systems (@ExploreNASA)launching from Kennedy Space Center in Cape Canaveral, Florida in 2020, and will pave the road for future missions with astronauts. Seen here is the Moon in June 2018, captured by an astronaut on the International Space Station (@ISS) looking through Earth's atmosphere from the orbiting outpost. Image credits: NASA #nasa #picoftheday #moon #space #earth #internationalspacestation #spacestation #iss #sls #spacelaunchsystem #orion #nasaorion #lunar

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El regreso

Cuando lleg√≥ la hora de marcharse, los astronautas estaban cubiertos de polvo. En el m√≥dulo ol√≠a a “ceniza mojada en una chimenea”, describi√≥ Armstrong.¬†

Collins llevaba 22 horas esper√°ndolos en √≥rbita. “Mi miedo secreto desde hace seis meses ha sido dejarlos en la Luna y regresar solo a la Tierra. Si no consiguen despegar o se estrellan, no voy a suicidarme. Volver√© a casa, pero ser√© un hombre se√Īalado durante el resto de mis d√≠as, lo s√©”, escribi√≥ Collins.¬†

No tuvo que volver solo. El √ļnico motor del LEM se encendi√≥, el acoplamiento funcion√≥ y los tres hombres regresaron a la Tierra.¬†

Al final, la c√°psula, de la que se hab√≠an desprendido los m√≥dulos in√ļtiles, pesaba 12 toneladas, un peso √≠nfimo si se compara con las 3.000 toneladas iniciales.

El 24 de julio, atravesó la atmósfera envuelta en una bola de fuego para caer como una piedra en el Atlántico, frenada por tres grandes paracaídas.

Estados Unidos envió un portaviones para recuperarlos. Richard Nixon estaba a bordo de la embarcación. 

Unos buzos de élite sacaron a los hombres de la cápsula y los llevaron en helicóptero al barco, donde se les puso en cuarentena por temor a una contaminación de posibles microorganismos extraterrestres.

En su primera rueda de prensa, tres semanas después, los reporteros preguntaron a los tres astronautas de Apolo 11 si pensaban regresar a la Luna.

“Hemos tenido muy poco tiempo para pensar”
, respondió Armstrong, poco dado al lirismo.

Ninguno de ellos volvió al espacio. El programa Apolo terminó en 1972, y hubo que esperar la llegada de Donald Trump para que Estados Unidos decidiera lanzar la hermana de Apolo, la misión Artemisa. 

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