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Martes 14 enero de 2020 | Publicado a las 18:56 · Actualizado a las 19:00
El dilema constitucional es un desafío social
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Como sabemos, desde la movilización ciudadana que sacudió el país el 18 de octubre y días posteriores, el vuelco generado en la situación nacional no sólo fue imprevisto por sesudos analistas y los actores políticos, además alcanzó una extensión y profundidad inesperada porque sacó a la superficie lo que no se veía o lo que no se quería ver de la realidad chilena.

Cuando se advirti√≥ que la fractura social generada por las desigualdades era portadora de un desencanto y de un descontento de dimensiones insospechadas, por ejemplo, en el estudio que siendo Presidente del Senado ped√≠ a la Biblioteca del Congreso Nacional, el a√Īo 2012, ‚ÄúRetrato de la desigualdad en Chile‚ÄĚ, como tantas veces no se quiso escuchar los datos que fermentaban la rebeli√≥n social que surg√≠a en el seno de la sociedad chilena.

Por la autocomplacencia o la codicia, se vio √ļnicamente la superficie, las cifras azules, los miles de millones de d√≥lares de las agroexportaciones tapando la realidad de miles de productores campesinos agobiados y hastiados de los abusos de los mega controladores del comercio exterior, y tampoco se quiso ver la pobreza de los trabajadores en los puertos, que sufren los altibajos de empleos precarios y la s√ļper explotaci√≥n del sistema de subcontrataci√≥n.

Asimismo, se ignor√≥ el conflicto social en las cadenas de supermercados, que han crecido en medio de la inestabilidad laboral y la reducci√≥n de los ingresos de sus dependientes y tambi√©n ahogando a miles de peque√Īos almaceneros en los barrios populares, as√≠ como, se desprotegi√≥ a los trabajadores de la construcci√≥n y de servicios que padecen por el empleo mezquino y c√≠nico de las contrataciones de los emigrantes obligados a laborar duro, por menos ingresos.

As√≠ tambi√©n la sociedad patriarcal chilena consider√≥ la tarea de la mujer como complemento de los bajos salarios, en efecto, para que el trabajador llegue a fin de mes requiere en el hogar una obrera que haga su labor en forma gratuita y, en el caso de una mujer profesional, su independencia laboral y sus a√Īos de estudio son castigados por el sistema pag√°ndole la mitad o menos de la mitad de lo que recibe un var√≥n por ese mismo trabajo. El feminismo responde a ese tipo de abusos, a la opresi√≥n de la mujer que ya no da m√°s y que no puede continuar.

El ‚Äúcrecimiento sostenido‚ÄĚ aport√≥ a la estabilidad democr√°tica haciendo callar a los nost√°lgicos de la dictadura que vaticinaban el caos, pero tambi√©n coadyuvo a una visi√≥n distante o tecnocr√°tica ante la reproducci√≥n de la marginalidad social y territorial, adem√°s, avances como la disminuci√≥n de la pobreza, la reducci√≥n de los campamentos y el aumento de las familias con vivienda propia, aunque fuera hacinadas en un espacio de pocos metros cuadrados, distorsionaron la mirada y se subvalor√≥ la gravedad de la nueva marginalidad urbana, marcada por la drogadicci√≥n y el impacto del narcotr√°fico, el rebrote del alcoholismo, la delincuencia, la prostituci√≥n y otros lastres de la pobreza.

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Así, se fue configurando un país con más ingresos, pero con un foso social insalvable
- Camilo Escalona

Así, se fue configurando un país con más ingresos, pero con un foso social insalvable. También se ignoró el efecto de un sistema que insta al consumo con la imposibilidad de satisfacerlo, ese círculo vicioso del modelo imperante que genera el endeudamiento que luego los medios oficiales critican, pero esconde que muchos delinquen tras las zapatillas o el vestuario que, falsamente, la publicidad les ofrece como realización personal, aunque al final deban recurrir a la más abyecta delincuencia: el narcotráfico, para pagar ese consumo.

En definitiva, los n√ļcleos centrales del poder negaron que tanto la desigualdad econ√≥mica y social, como de g√©nero, producto de una concentraci√≥n de la riqueza nunca antes conocida iban a provocar un malestar tan hondo como nunca reconocido, que trajo un deterioro, sin precedentes, de la credibilidad de las instituciones democr√°ticas, impotentes o ineficaces, ante las desigualdades y la colusi√≥n de los intereses corporativos.

Ante los privilegios y los abusos no pudo ser m√°s desafortunada la autocomplacencia del gobernante y sus infundados desplantes prometiendo el para√≠so del desarrollo a la vuelta de la esquina. Con soberbia, declar√≥ que el pa√≠s era un ‚Äúoasis‚ÄĚ. Desde el retorno a la democracia que no hab√≠a una cascada de promesas f√°ciles y rimbombantes como hubo en la ret√≥rica pi√Īerista hasta el 18 de octubre. No cabe duda de que mucho del desconcierto de la autoridad obedece a que crey√≥ en sus propias auto alabanzas.

Por si fuera poco, en ese marco, el gobierno propuso una reforma tributaria, la llamada ‚Äúreintegraci√≥n‚ÄĚ, que daba un beneficio de mil millones de d√≥lares anuales al 1% m√°s rico de la poblaci√≥n y, al mismo tiempo, procedi√≥ al alza del transporte p√ļblico, el que debe pagar la mayor√≠a de menos ingresos para usar un servicio de fuertes deficiencias. As√≠, la gota rebals√≥ el vaso, el ‚Äúestallido‚ÄĚ social plante√≥ al sistema pol√≠tico en su conjunto, un desaf√≠o de consecuencias institucionales y efectos in√©ditos en la situaci√≥n nacional.

La respuesta del gobernante fue declarar que el pa√≠s estaba en ‚Äúguerra‚ÄĚ, insistiendo hasta cansarse que esta se libraba en contra de un enemigo ‚Äúpoderoso e implacable‚ÄĚ, declarando al mismo tiempo el Estado de Emergencia. La belicosidad presidencial no pudo arrastrar al general Jefe de la Fuerza castrense que dijo que no estaba en guerra, ‚Äúcon nadie‚ÄĚ, evitando un costo a√ļn mayor del que el pa√≠s ha pagado por la represi√≥n y el uso de la violencia estatal para contener y ahogar la protesta social.

El 25 de octubre, cerca de un millón y medio de personas en Santiago, y por todo Chile más de dos millones de manifestantes, salieron a las calles a confirmar que el malestar social era una realidad profunda, incuestionable, que no era una asonada de vándalos o violentistas como repetía la autoridad para justificar la represión y la permanencia de las Fuerzas Armadas en funciones represivas que no deben tener.

El discurso pol√≠tico oficial que reduc√≠a la crisis de gobernabilidad a un fen√≥meno de ‚Äúorden p√ļblico‚ÄĚ, usando el viejo t√©rmino de la dictadura, ‚Äúel violentismo‚ÄĚ, posici√≥n en la que acababa de insistir en el Parlamento el entonces ministro del Interior, ese discurso t√≠pico del autoritarismo UDI, que encubre la tesis de ‚Äúla guerra‚ÄĚ de La Moneda, esa anacr√≥nica idea ca√≠a ruidosamente al suelo ante la efervescencia social generada por millones de manifestantes.

Por eso, el intocable primo, baluarte del pi√Īerismo, tuvo que hacer las maletas y el gobernante curs√≥ su reemplazo, sin tener preparado el famoso ‚Äúplan B‚ÄĚ, que se supone tienen a mano los ‚Äúhombres de Estado‚ÄĚ. El pa√≠s fue testigo de algo ins√≥lito, al concurrir a jurar los nuevos ministros no sab√≠an cu√°l era la cartera que les ‚Äútocaba‚ÄĚ en el reparto oficial. La tan cacareada ‚Äúexcelencia‚ÄĚ de Pi√Īera no fue m√°s que un cuento de hadas. De no haber celular, las carreras a √ļltimo momento al despacho presidencial hubieran sido un penoso espect√°culo. As√≠ qued√≥ claro que la crisis abarcaba e inclu√≠a al mismo gobierno en su vertiginosa din√°mica.

Ante la evidencia de los hechos, luego que su ajuste ministerial no diera real respuesta a la crisis y cientos de miles de personas igual volvieran a manifestarse, Pi√Īera debi√≥ no s√≥lo aceptar -sin convencerse- la realidad que rechaz√≥ durante semanas, sino que tuvo adem√°s que dar un giro total en su discurso pol√≠tico, vi√©ndose obligado a se√Īalar que ‚Äúel pa√≠s cambi√≥‚ÄĚ y que tambi√©n ‚Äúel gobierno cambi√≥‚ÄĚ. As√≠ rod√≥ por tierra la autocomplacencia del gobernante y la soberbia de su entorno.

Ante un infructuoso cambio de gabinete el gobierno se vio no sólo desbordado, sino que confundido y paralizado. El inmovilismo gubernativo agravó la tensión y condujo la crisis a un verdadero callejón sin salida que a mediados de noviembre había generado niveles de confrontación social sin parangón y sin perspectiva de solución. Chile era una caldera en ebullición con un gobierno sin capacidad de respuesta.

En este contexto, las fuerzas pol√≠ticas respondiendo a su raz√≥n de ser, realizaron un intercambio de opiniones que les hizo asumir, no en su totalidad, pero en un ancho arco de fuerzas, la responsabilidad pol√≠tica que les toca a los Partidos en instantes de crisis, adoptando el ‚ÄúAcuerdo por la paz social y la nueva Constituci√≥n‚ÄĚ, que abri√≥ una perspectiva que hasta entonces no exist√≠a, que la decisi√≥n fundamental la tome el pueblo soberano. As√≠ parti√≥ el proceso constituyente en curso.

Con el paso de las semanas, el gobernante trat√≥ de reponer la esencia de su discurso, es decir, que hay ‚Äúun enemigo poderoso e implacable‚ÄĚ, que para hacerlo cre√≠ble fue instalado en Europa oriental, seguramente, pensando que queda en el subconsciente colectivo algo del antisovietismo de hace tres d√©cadas, pero la implementaci√≥n de esta nueva estrategia condujo al rid√≠culo del ‚Äúbig data‚ÄĚ, una recopilaci√≥n del flujo de Internet que no hizo m√°s que confirmar la orfandad de ideas en el gobierno y la popularidad en las redes sociales de Mon Laferte, Claudio Bravo y Gary Medel.

El proceso constituyente es fundamental para el futuro de Chile. El primer paso decisivo es el Plebiscito del próximo 26 de abril. Su resultado determina el avance posterior o, simplemente, se trunca el proceso. La razón es evidente, se decide si hay o no mayoría para el cambio de la Constitución del 80 por una nueva Constitución. Asimismo, se resuelve si la Convención Constituyente es electa en su totalidad o si su composición es mixta, o sea, mitad electa y mitad de parlamentarios.

Hay que resolver esta cuestión fundamental antes de abrir otros debates sobre cuáles serán las candidaturas a constituyentes o la composición partidaria de las listas o lo que sea. El grueso de la derecha se reunificó en torno a la Constitución del 80 y la dispersión actual del bloque que aspira a su reemplazo son factores decisivos que indican que el Plebiscito será altamente competitivo.

Hay que tomar conciencia que el resultado del Plebiscito no está resuelto. La derecha, salvo excepciones, se reagrupó en torno a la defensa de la Constitución del 80. Su sino autoritario así lo determinó. En definitiva, se unen para resguardar los intereses mezquinos y los privilegios que siempre han defendido y que ven eficazmente protegidos en las cláusulas constitucionales que minimizan el Estado y han servido para concentrar la riqueza como nunca había ocurrido en nuestro país.

Estamos ante una circunstancia imprevista, pero de innegable alcance democr√°tico, hay que concentrarse en esa tarea, no desviarse, no caer en provocaciones ni facilitarlas, son muchos los desvelos y los sue√Īos que se juegan y no pueden ser defraudados. La opci√≥n de ‚Äúapruebo‚ÄĚ una nueva Constituci√≥n debe unir y vencer, por el futuro de Chile.

Camilo Escalona Medina
Ex Presidente del Senado

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