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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Experto critica gestión de riesgo en Chile tras pasos de sistemas frontales. Ricardo Fuentealba, académico, destaca que desastres son resultado de acciones humanas y planificación. Advierte sobre brecha entre marcos regulatorios y realidad local. Señala falta de prevención constante ante emergencias meteorológicas, impulsando implementación activa de planes de reducción de riesgos a nivel local. Destaca impacto de cambio climático en intensificación de fenómenos.

El paso de los recientes sistemas frontales por diferentes regiones del país ha vuelto a poner bajo la lupa la capacidad de respuesta y prevención de las instituciones frente a las emergencias meteorológicas.

En conversación con Radio Bío Bío durante la tarde de este jueves, Ricardo Fuentealba, académico del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins e investigador adjunto del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres (Cigiden), analizó la gestión del riesgo en Chile y advirtió sobre la brecha que separa los marcos regulatorios de la realidad local.

Para el especialista, las catástrofes no obedecen a factores externos impredecibles, sino que son el resultado de la acción humana y la planificación. “Lo principal es entender que lo que constituyen los desastres no son cuestiones externas a la sociedad, sino que somos nosotros, con nuestras decisiones —que se estructuran en cierta institucionalidad, en ciertas políticas públicas, en cierta cultura—, las que dan forma a la manera en la cual estamos dando cuenta de los desastres”.

“Todas estas imágenes bien fuertes que estamos viendo, todas estas circunstancias bastante lamentables, creemos de alguna manera que eran previsibles y que, desde muchas perspectivas, se podían haber evitado”, sostuvo Fuentealba, señalando que “eso tiene que ver con lo que estamos llamando ‘grietas’ dentro de la gestión del riesgo. Piensa en una grúa que se cae, una imagen muy espectacular con la que todos quedamos impactados”.

Lo que el investigador califica como “grietas” del sistema surge por ejemplo al contrastar el diseño de las normativas con los recursos de los que disponen los territorios vulnerables. “Cuando decimos que hay ciertas grietas respecto de la gestión del riesgo, tiene que ver con algunas diferencias, algunas distancias que hay entre, por ejemplo, la ley que viene a constituir el Senapred y el Sistema Nacional de Prevención del Riesgo, y las capacidades institucionales que tienen los municipios, por ejemplo, o que tienen las propias comunidades para afrontar de buena manera estos riesgos, digamos”, sostiene.

El llamado a la acción preventiva cotidiana

En Chile, la legislación ha dado pasos significativos, como la promulgación de la Ley 21.364 (que establece el Sistema Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres). No obstante, el académico enfatiza que el verdadero desafío está en la implementación de una prevención que sea constante y no meramente reactiva.

A diferencia de las emergencias sísmicas, donde la ciudadanía cuenta con un alto nivel de resiliencia y preparación asimilada por la historia del país, los fenómenos meteorológicos agravados por la crisis climática imponen un nuevo escenario.

“Distinto es el caso de este tipo de sistemas frontales como el que estamos viviendo actualmente, sobre todo porque están muy ligados y muy potenciados por la emergencia climática. Entonces, yo creo que lo que hace un poco el cambio climático es no solo aumentar la intensidad de este tipo de fenómenos, sino que también están ocurriendo en lugares donde no ocurrían, o que no habían ocurrido dentro de nuestra memoria de corto plazo”, argumenta el investigador.

Frente a este complejo panorama, la propuesta de Fuentealba apunta a fortalecer herramientas que permitan anticiparse a las catástrofes a nivel local, instando a las municipalidades y gobiernos locales a implementar de manera activa los planes de reducción de riesgos de manera cotidiana.

Según detalla, “no hay que esperar a que tengamos el sistema frontal arriba de nosotros para actuar; son cuestiones que tendríamos que estar haciendo día a día, mes a mes, año a año, pensando en tratar de reducir el riesgo de desastre”.