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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La investigadora chilena M. Ester González Cereceda homenajeó en Florencia y La Haya a la escultora Rebeca Matte, destacando la obra "El espectro de la guerra" en el Palacio de la Paz. La escultura, cargada de simbolismo premonitorio, evoca la tragedia de la Primera Guerra Mundial. La figura central, inspirada en Dante Alighieri, muestra la crueldad de la guerra.

Un 14 de mayo de 1929 comenzaba a forjarse la leyenda de la gran escultora chilena Rebeca Matte Bello (Santiago, 1875 - París, 1929), artista cuya obra trascendió las fronteras de Chile para convertirse en un legado invaluable del patrimonio artístico universal.

Museo Stibbert de Florencia

La investigadora chilena M. Ester González Cereceda, en representación de la asociación Grandes Mujeres Chilenas, realizó un emotivo homenaje en el Museo Stibbert de Florencia. En este lugar se conserva la escultura Une Vie, obra redescubierta y difundida públicamente por la investigadora en abril de 2018.

En la ceremonia estuvieron presentes el cónsul honorario de Florencia, Leonardo Paiano, reconocido por su permanente apoyo a la difusión de la obra de la escultora, y la vicedirectora del museo, Simona Di Marco, quien desde un inicio facilitó el acceso a información sobre la pieza y colaboró activamente en la realización de este homenaje.

Como símbolo de reconocimiento y memoria, se depositó una ofrenda floral a los pies de la escultura Une Vie.

La Vie, de Rebaca Matte, foto de M. Ester González Cereceda

Palacio de la Paz, en La Haya

Posteriormente, el pasado 20 de mayo, por iniciativa de la Embajada de Chile en los Países Bajos y tras diversas gestiones, se llevó a cabo un nuevo homenaje a la artista frente al monumento El espectro de la guerra, obra poco conocida que se encuentra en los jardines del Palacio de la Paz, en La Haya.

El acceso al monumento resulta complejo, debido a las estrictas medidas de seguridad del recinto, sede de la Corte Internacional de Justicia. Sin embargo, la investigadora fue especialmente invitada a compartir su historia y el profundo significado de esta obra monumental.

El encargo del monumento comenzó a gestarse en 1908, cuando el presidente de la Fundación Carnagie, de La Haya, anunció la construcción de la futura sede del Palacio de la Paz. En Chile, gobernaba entonces Pedro Montt.

El espectro de la muerte, de Rebaca Matte, foto de M. Ester González Cereceda

El espectro de la guerra

El año 1913, marcaría profundamente la vida de la escultora: la muerte su padre significó la pérdida de uno de los pilares fundamentales de su existencia.

Desde esa perspectiva, El espectro de la guerra puede interpretarse, también, como una obra atravesada por sus propios dolores y duelos, revelándose como un acto profundamente catártico y purificador.

“La artista, elige el género escultórico más ambicioso y público en boga durante el siglo XIX”, señala M. Ester González. La obra fue fundida en bronce, en la fundición Vignali de Florencia, cuyos costos no incluyeron el pago del trabajo de la artista, que fue ad honorem.

A diferencia de los monumentos conmemorativos tradicionales -como el dedicado a los Héroes de la Concepción, ubicado en la Avenida Bernardo O’Higgins, Santiago; que rememora hechos históricos concretos-, El espectro de la guerra no celebra a un héroe ni a un acontecimiento específico. Aquí, la narración es reemplazada por una visión simbólica y premonitoria. Es la intuición de una tragedia inminente: la Primera Guerra Mundial.

El espectro de la muerte, de Rebaca Matte, foto de M. Ester González Cereceda

El infierno

El monumento está compuesto por cinco figuras, entre las cuales destaca inmediatamente la figura central erguida. Su mano crispada recuerda la garra de un ave carroñera acechando a su presa. Para esta representación, Rebeca Matte se inspira en los versos del “sumo poeta”, Dante Alighieri. En La divina comedia, describe en el Infierno las furias con mujeres ensangrentadas, coronadas por serpientes venenosas, e hidras en lugar de cabellos.

Según la artista textil y kinesióloga chilena, Cecilia Acevedo, un análisis estructural de las figuras permite apreciar cómo “la composición de los cuerpos carece de reciprocidad: el peso y el colapso de uno arrastran al otro hacia la vorágine de la muerte.”

Acevedo nos habla específicamente de la figura masculina tendida sobre el suelo: “El eje cervical aparece quebrado y la cabeza queda suspendida por pura inercia, dejando expuesta la zona anatómica más vulnerable, el cuello anterior”. Asimismo, destaca el abandono total de la musculatura y el peso muerto de la extremidad caída.

La investigadora precisa que este detalle evoca inevitablemente el brazo de Cristo en La Piedad de Miguel Ángel.

La derelitta, (Desesperanza, 1908), de Rebeca Matte, Palazzo Pitti, foto de M. Ester González Cereceda

González, describe a la figura femenina encorvada como “la mujer desesperada, derrotada ante la muerte que la rodea, ocultando el rostro para no enfrentar la realidad”. En ella puede reconocerse una estrecha relación con La derelitta, (Desesperanza, 1908), escultura conservada en la Galería de Arte Moderno de Palazzo Pitti, en Florencia.

El espectro de la muerte, de Rebaca Matte, foto de M. Ester González Cereceda

Advertencia visionaria

Con esta obra, Rebeca Matte parece dejarnos una advertencia visionaria que, lamentablemente, continúa acechando el mundo actual.

Al salir del Palacio de la Paz, el entorno aparece rodeado de jardines majestuosos, diseñados bajo una mezcla de tradición formal europea y paisajismo inglés. Sectores geométricos “a la francesa” conviven con espacios más naturales y románticos, construyendo una imagen idealizada de orden, equilibrio y seguridad.

Sin embargo, basta dirigir la mirada hacia el monumento para comprender la fragilidad de esa armonía: el espectro permanece allí, silencioso y vigilante, esperando un momento de descuido para desplegar nuevamente sus garras sobre lo más preciado: la vida.

Mientras comenzaban a llegar los invitados y el cielo –cubierto hasta entonces por densas nubes grises, en un típico día holandés– empezó inesperadamente a despejarse. Un sol intenso iluminó el lugar y se convirtió, según González, en “el invitado más esperado”.

La investigadora confesó sentir una conexión especial con la escultora: “Muchas veces le pido permiso a Rebeca para realizar estas actividades. Ella era una mujer tan sencilla que temo exponerla demasiado, pero viendo este sol tan brillante, siento que está feliz”.

El homenaje se desarrolló con el palacio de la Paz como cornisa, quizás el escenario más simbólico posible para este monumento: un edificio construido gracias a las contribuciones de numerosos países como emblema de unión, justicia y colaboración internacional.

Al finalizar la ceremonia, mientras los invitados comenzaban a retirarse, también desapareció el sol. El cielo volvió a cubrirse de nubes espesas y grises.

La Vie, de Rebeca Matte, Florencia, foto de M. Ester González Cereceda

El estudio de Rebaca Matte

M. Ester cerró la jornada recordando unas palabras de Lily Íñiguez, única hija de la escultora, cuya temprana muerte, marcó profundamente el final de la producción artística de su madre:

“Cuando se entra en el estudio de mamá, una se estremece al contemplar su monumento. Qué contraste presenta esa mujer de rostro feroz, de mirada fría, que camina sin ver sobre un hacinamiento de muertos y heridos, con aquella otra figura de mujer agobiada por el dolor que busca refugio en la misma ráfaga que pasa”.
Páginas de un diario, 1954.

M. Ester González Cereceda

Por M. Ester González Cereceda
Artista, escritora y gestora cultural.
Fundadora de Grandes Mujeres Chilenas