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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La casa del fallecido cineasta iraní Abbas Kiarostami, director de \'El sabor de las cerezas\', fue bombardeada en Teherán tras un ataque militar en Chizar. Su hijo, Ahmad Kiarostami, denunció el hecho en Instagram, preocupado por los daños. Abbas, reconocido internacionalmente, abrió el camino para nuevos cineastas y luchó contra la represión cultural en Irán.

La casa del fallecido cineasta iraní Abbas Kiarostami, director de ‘El sabor de las cerezas’, entre otros clásicos del cine, fue bombardeada en el distrito de Chizar, en Teherán, todo esto luego de un ataque militar en la ciudad.

El hecho fue denunciado por el hijo del artista, Ahmad Kiarostami. “Anoche bombardearon el barrio de Chizar, donde están las casas tanto de mi madre como de mi padre. Mi madre me llamó y, con voz temblorosa y entrecortada, me dijo que estaba bien, pero esta mañana he sabido que la casa de mi padre ha resultado dañada”, publicó Ahmad Kiarostami en Instagram.

El hijo mayor del realizador, que es además el presidente de la Fundación Kiarostami, aseguró desconocer el alcance de los daños. “Tenía seis o siete años cuando nos mudamos a esa casa, apenas unos meses antes del triunfo de la revolución. Mi padre siempre decía que era el lugar más pacífico del mundo”, recordó.

“El precio que pagamos con la revolución hace 47 años fue demasiado alto. Lo mínimo que podíamos hacer era aprender de ese error”, agregó en el mensaje.

Abbas Kiarostami nació en Teherán en 1940 y falleció en 2016 en París, ciudad a la que se había trasladado para seguir un tratamiento médico.

Ganó la Palma de Oro de Cannes por ‘El sabor de las cerezas’ (1997), el Gran Premio del Jurado de Venecia por ‘El viento nos llevará’ (1999) o la Espiga de Oro de Valladolid en dos ocasiones – por ‘A través de los olivos’ en 1994, y por ‘Copia certificada’ en 2010-, Kiarostami fue el gran director del cine iraní.

Abrió el camino a las nuevas generaciones de realizadores y no desaprovechó ninguna oportunidad para denunciar la represión cultural en su país y defender a otros cineastas, como a Jafar Panahi, cuya liberación reclamó en Cannes en 2010.