Sin duda Mala lengua, del escritor Álvaro Bisama, es un libro para destrabar prejuicios. Por un retrato que rescata piezas extraviadas en la biografía de Carlos Díaz Loyola, que construye la crónica de un Pablo de Rokha que es mucho más que el poeta “siempre polémico”, o el de las cartas con Neruda y Huidobro.

Mucho más que eso. Es un poeta magistral en la literatura chilena. Como magistral también este retrato que viaja desde la guerrilla literaria al amor por Winétt.

Por Marcel Socías Montofré

“De este modo, tuvo un clan y una revista y viajó por el país y por el mundo y se quedó solo y puso fin a su vida en 1968 cuando nada tenía mucho sentido, porque todo lo que había conocido ya no estaba y no le quedaban fuerzas para aguantar lo que viniese”.

No sólo eso –relata Álvaro Bisama en “Mala Lengua”- también “avanzó como bola de demolición, rompiendo y perdiendo todo a la vez, mientras escribía una obra que lo instalaría como uno de los cuatro grandes de la poesía chilena del siglo XX”.

“Los otros –sigue- que eran Pablo Neruda, Vicente Huidobro y Gabriela Mistral, fueron sus amigos y enemigos y nunca supieron muy bien qué hacer con él, ni cómo entender su obra que era atroz, tremenda y suponía un gesto radical para los demás (los lectores, la cultura chilena, la historia completa de la literatura), pero sobre todo para sí mismo”.

Eso se agradece precisamente de Álvaro Bisama desde “Caja Negra”, su primera novela. La buena prosa. Como también se agradece una crónica donde el protagonista siempre es Pablo de Rokha, donde se nota la madurez literaria del autor de “Los Brujos” y donde no hay un exceso de retórica ni mucho menos necesidad de lucirse escribiendo. Más bien reparando. Comunicando.

Por un loable y conseguido empeño de reparación histórica con el poeta, el amigo piedra, el nacido en Licantén, “a las orillas del río Mataquito, cuando el fantasma del presidente José Manuel Balmaceda recorría los campos como un ectoplasma tibio, hecho de culpa y promesa”.

El mismo que después llegó ser conocido como Pablo de Rokha, de “Apunte” a “Genio y figura”.

Tal como explica Bisama, “De Rokha percibiría en él un peso profético, una carga que trataba de acomodar: su pathos, su maldición, todo lo que la poesía significaría para él”.

Incluso más. Es de Rokha y su capacidad de ver el destino y horadar “la pared del futuro, buscándolo. Calculas, sueñas: imaginas un libro total, un libro capaz de resumir al mundo y que es más que un poema, más que una novela, esas mismas distinciones (¿poema?, ¿novela?) ya no te sirven porque la palabra, tu palabra, está ahora mismo en carne viva”.
“Así que consagras tus días y tus noches en soñar con ese libro”
, cuenta Bisama del amigo piedra. De Rokha.

Pero también hay otro Pablo, aunque siempre De Rokha, el llamado “subversivo”, el que mandaron de la cárcel a la Casa de Orates, donde “no creyeron en su padecimiento mental. Trataron de quebrarlo, de probar que no estaba loco. En el lugar sufre apremios y torturas: duchas de agua fría, amordazamientos, violencia de todo tipo”.

“Es el fin de la inocencia”, como explica Álvaro Bisama hablando del amigo piedra, que ya entonces es más que Pablo. Es De Rokha. Histórico.

Pero también es el amor por Winnét (Luisa Anabalón Sanderson). “Mientras todo arde en Santiago”, comenta Álvaro Bisama.

“Mientras el carro musical del amor ha pasado por los campos y ciudades. Junto a la reja del jardín de detuvo, tintinearon las campanillas y los corceles relincharon soberbiamente…”, escribe Winnét en los poemas de Numen.

Es sólo el comienzo.

Como bien se advierte en el mismo libro, con la misma “Mala lengua”: “La leyenda de Pablo de Rokha no puede ser sino un misterio abierto, algo susceptible de ser exhibido como una hazaña o una tragedia o una historia del siglo; una trampa hecha de sombras, siempre”.

Sin duda Pablo. De Rokha. El amigo piedra y un poeta susceptible de ser humanamente exhibido y magistralmente retratado por Álvaro Bisama. Sobre todo en lo que respecta a la justicia histórica y literaria, que de igual manera es un retrato de Chile.

Por cierto –y se agradece-, sin excesos de prosa florida. Para excesos y vida felizmente basta y sobra con Pablo de Rokha. Su poesía. Su oportuna “Mala lengua”.

Portada de Mala lengua
Editorial Alfaguara

“Mala Lengua. Un retrato de Pablo de Rokha”

Álvaro Bisama
Editorial Alfaguara
Chile, 2020