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El memorial del 27F que los chilenos debimos haber tenido
Publicado por: Christian Leal
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Es una fr√≠a y lluviosa ma√Īana sobre la ciudad de Oklahoma, una localidad que, antes de este viaje, ni siquiera era capaz de ubicar en un mapa de los Estados Unidos.

No pueden culparme. Pese a autodenominarse “Sooners“, Oklahoma fue uno de los √ļltimos estados en entrar a la Uni√≥n, merced de que sus tierras‚Ķ bueno, son s√≥lo planicies de tierra roja.

Tampoco han sido cuna de grandes estadistas o celebridades. De hecho, su aeropuerto se llama Will Rogers, en honor a su mayor estrella: un actor de viejas pel√≠culas del salvaje oeste estrenadas en los a√Īos 20.

S√≠, Oklahoma ser√≠a el tranquilo estado campirano por excelencia de no ser por un solo evento… uno tan siniestro que su imagen dar√≠a la vuelta al mundo, como antesala al horror que desatar√≠an 6 a√Īos despu√©s los atentados al World Trade Center.

El atentado al edificio federal de Oklahoma.

The Daily Beast

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Segando vidas

Para quienes no est√©n familiarizados con el incidente, he aqu√≠ una peque√Īa clase de terrorismo: el 19 de abril de 1995, los veteranos de la guerra del Golfo, Timothy McVeigh y Terry Nichols, estacionaron una camioneta cargando una bomba de tiempo casera de 3.2 toneladas, en las afueras del edificio Federal de Oklahoma City.

Luego, se marcharon tranquilamente.

Charles Porter

Charles Porter

Exactamente a las 9:01 minutos de la ma√Īana, el artefacto deton√≥, produciendo un estallido capaz de demoler de forma instant√°nea la mitad del edificio, y da√Īando otras 324 construcciones en un radio de 16 manzanas a la redonda.

La explosi√≥n mat√≥ a 168 personas incluyendo a 19 ni√Īos, la mayor√≠a de los cuales se encontraban en una guarder√≠a infantil al interior del edificio. Otras 646 resultaron heridas.

Una enfermera que pasaba por el lugar y auxilió a las víctimas también perdió la vida, tras recibir un golpe fatal en el cráneo mientras hurgaba en los escombros.

A una mujer atrapada se le debió amputar la pierna con una navaja para poder sacarla con urgencia de entre los bloques de cemento y fierros retorcidos.

Ahora, cuando uno ve la imagen del extenso edificio de 9 pisos cortado por la mitad como si lo hubieran rebanado con un cuchillo, es imposible que como penquista no me evoque aquella espeluznante panorámica del edificio Alto Río volcado sobre el suelo tras el terremoto de 2010. En aquel trance, murieron 8 personas y otras 70 resultaron heridas.

Víctor Salazar | Agencia Uno

Víctor Salazar | Agencia Uno

Claro, existen sus diferencias. Un edificio fue construido en 1977, de concreto s√≥lido y derribado por la acci√≥n de un par de dementes. El otro s√≥lo llevaba un a√Īo de ser inaugurado y fue abatido por la naturaleza sumada a la incompetencia de sus constructores.

Ah, y a los responsables del primero los condenaron a muerte y cadena perpetua, respectivamente. Los del segundo… bueno, por ahí andan.

Pero existe una diferencia a√ļn m√°s grande entre ambos hechos. Una que primero me entristece para luego transformarse en furia: la forma en que rendimos tributo a las v√≠ctimas de ambas cat√°strofes.

Un monumento a la estupidez

El 23 de octubre de 2013, el presidente Sebasti√°n Pi√Īera inaugur√≥ una de las obras m√°s asnales de su gobierno: el Memorial del 27F, que pretend√≠a recordar a los 525 muertos y 25 desaparecidos que dej√≥ el terremoto y posterior tsunami, cuyos detalles ya todos conocemos.

Lo que nadie lograba creer era que la estructura, emplazada a un lado de la Costanera del R√≠o B√≠o B√≠o en Concepci√≥n y a s√≥lo metros del terreno donde alguna vez se erigi√≥ el edificio Alto R√≠o, consistiera en un pu√Īado de oscuras torres de concreto, cuya inestabilidad simbolizaba el momento del sismo.

¬ŅA qui√©n demonios se le ocurre recordarnos el terremoto en s√≠? Es como recordar a los desaparecidos en Dictadura poniendo un catre con electricidad.

A√ļn m√°s ofensivo resultaba saber que aquel depresivo conjunto de torres negras hab√≠an costado 2.000 millones de pesos. Hoy, se han convertido en un sitio no s√≥lo aborrecido y abandonado, sino que incluso ha sido blanco de protestas en que lo han manchado de pintura.

En su momento, lo bautic√© como el “monumento a la estupidez“. Y lo sigo pensando.

Víctor Pérez | Agencia Uno

Víctor Pérez | Agencia Uno

“¬ŅPor qu√© no se atendi√≥ la sugerencia de los familiares de las v√≠ctimas del edificio Alto R√≠o y se emplaz√≥ un parque? Un parque. Una obra viva como homenaje, que puede ser recorrida, disfrutada y que cualquier ser humano con sentidos es capaz de apreciar”, escrib√≠ en aquel entonces.

Víctor Salazar | Agencia Uno

Víctor Salazar | Agencia Uno

Eso fue precisamente lo que encontré en Oklahoma.

Un homenaje a aquellos que cambiaron para siempre

El memorial a las v√≠ctimas del atentado no es muy grande. Ocupa el espacio que previamente ten√≠a el edificio y la calle aleda√Īa, donde McVeigh estacion√≥ su letal camioneta.

Se divide en 3 sectores principales. El primero es una plataforma donde el agua corre permanentemente entre dos arcos llamados “La puerta del tiempo“, estampados con las 9:01 y 9:03, los dos segundos que tard√≥ la onda expansiva en provocar su cometido.

Christian Leal | BBCL

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A su fondo le llama el “Estanque de la reflexi√≥n“. Y se usa esta palabra en sus dos sentidos: es un lugar donde reflexionar, pero tambi√©n donde observarnos nosotros mismos. Vernos unos a otros y saber que tenemos vida.

“En todo monumento, el agua simboliza la vida. Por eso est√° en constante movimiento”, nos explica el gu√≠a, un joven barbudo con uniforme de guardaparques.

Christian Leal | BBCL

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A su lado, donde estaba construido el edificio, hay un sencillo prado flanqueado por árboles que simbolizan las paredes que sostenían la estructura.

Sin embargo lo m√°s emotivo est√° en su interior.

Llamado “El campo de las sillas vac√≠as“, es un conmovedor jard√≠n que contiene una silla por cada persona muerta en los atentados, cuyo nombre est√° grabado en la base de la misma, y, seg√ļn nos indicaron, brilla durante la noche.

Aunque su distribuci√≥n parezca inusual, aqu√≠ nada fue dejado al azar. Las sillas est√°n repartidas en filas que representan cada uno de los pisos donde se encontraban las v√≠ctimas al momento del estallido. Hay sillas peque√Īas, que recuerdan a los ni√Īos que perecieron en la tragedia.

Christian Leal | BBCL

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Tres de las sillas tienen dos nombres grabados en ellas: eran los de mujeres embarazadas, a quienes se recuerda junto a sus hijos no natos.

Christian Leal | BBCL

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“A un costado ver√°n placas donde est√°n con otros nombres -nos explica el guardaparques- usualmente en los memoriales se recuerda a quienes mueren, pero nosotros tambi√©n quisimos honrar a los sobrevivientes. A quienes lograron sobrevivir a esta tragedia”.

Christian Leal | BBCL

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Precisamente, la tercera y más increíble parte de este memorial, es un homenaje a la supervivencia.

Se trata de un viejo olmo de m√°s de 100 a√Īos que se encontraba a un costado del edificio. Cuando la bomba explot√≥ a s√≥lo metros de √©l, la onda expansiva, los autom√≥viles en llamas y el propio fuego lo dej√≥ carbonizado. Era la evidencia emp√≠rica de la tragedia.

Tras atender las prioridades, se decidió que los restos del árbol debían ser cortados, pero entonces, alguien se percató de que pese a la devastación, en sus ramas se comenzaban a ver nuevos brotes. Increíblemente, el árbol logró sobrevivir, y tanto con sus hojas como con sus cicatrices, se convirtió en un símbolo de esperanza que hoy es cuidado con esmero.

Christian Leal | BBCL

Christian Leal | BBCL

Christian Leal | BBCL

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Adecuadamente, se le bautiz√≥ como “El √°rbol superviviente“, y desde la plataforma que lo rodea se lee la inscripci√≥n principal del parque: “Venimos aqu√≠ a recordar a aquellos que fueron asesinados, a aquellos que sobrevivieron y a aquellos que cambiaron para siempre. Que todos quienes hayan estado aqu√≠ comprendan el impacto de la violencia. Que este memorial les ofrezca consuelo, fuerza, paz, esperanza y serenidad”.

Y justamente, mientras me sentaba en silencio junto a la fuente de la reflexi√≥n y escuchaba el suave murmullo del agua, pensaba con amargura en el actual terreno eriazo donde alguna vez estuvo el edificio Alto R√≠o. Ese que durante los a√Īos previos al despeje sirvi√≥ de escenario para que la gente se tomara selfies con aquella trampa de concreto -en algo llamado el turismo de tragedias- y que ahora es s√≥lo un sector bald√≠o, donde crece el pasto sin cuidado, entre restos de piedras y fierros que no pudieron ser retirados, esperando que la gente olvide lo suficiente para poder venderlo y volver a edificarlo.

Mientras otros recuerdan; nosotros tratamos de olvidar.

La lógica de la violencia

Sé lo que muchos de ustedes están pensando. Lo nuestro fue un terremoto; lo de Estados Unidos fue un atentado. Los gringos se lo buscaron. Por sus guerras, por sus armas, por su violencia.

Se lo merecían.

Independiente de las motivaciones, nadie merece la muerte. Menos personas inocentes que s√≥lo iban a su trabajo esa ma√Īana. Menos a√ļn un grupo de preescolares que reci√©n comenzaban sus vidas. Al igual que las v√≠ctimas del Alto R√≠o, s√≥lo fueron personas que se encontraban en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Pero sí hay algo que me hace meditar.

McVeigh, el cerebro de la operaci√≥n, era un joven que a los 20 a√Īos se hab√≠a enlistado en el ej√©rcito y no s√≥lo mat√≥ a soldados iraqu√≠es en la Guerra del Golfo, sino que asegura hab√©rsele ordenado ejecutar a prisioneros mientras liberaban Kuwait.

Timothy McVeigh

Timothy McVeigh

Durante su juicio, varios testimonios dieron cuenta de que el sujeto volvió a Estados Unidos afectado de estrés post traumático y depresión, lo que sirvió para prender la gasolina de los pensamientos radicales y antisistémicos que ya había en su mente.

McVeigh era, sin duda, un sujeto enfermo. Nunca pidi√≥ perd√≥n por su crimen. √Čl estaba convencido de haber hecho lo correcto como una forma de sublevarse contra su propio gobierno, el de los Estados Unidos.

A cambio, los Estados Unidos decidieron retribuirle con la misma moneda quitándole la vida, siendo ejecutado por inyección letal el 11 de junio de 2001. Esto apenas 92 días antes de que una célula de Al-Qaeda secuestrara cuatro aviones y los estrellara contra las Torres Gemelas, el Pentágono y un campo, dejando un saldo total de casi 3.000 muertos y más de 6.000 heridos.

Hace unos días, el secretario de Estado John Kerry aseguró en una breve aparición de prensa donde me encontraba presente, que no había nada que negociar con ISIS. Que a estas personas, simplemente había que eliminarlas.

Me preguntó si no es acaso la misma lógica.

Mientras salgo en silencio del museo adyacente, una de las mujeres que atiende ve la tarjeta que cuelga de mi cuello y me habla en inglés.

- Oh, ¬Ņusted es de Chile?
- Así es -le respondo.
- Ustedes tienen muchos terremotos, ¬Ņno?
- Bueno, tenemos terremotos, volcanes, inundaciones, incendios, tsunamis, aludes, políticos… nombre una catástrofe y nosotros la tenemos.

La mujer me sonríe compadecida y, curiosa, me pide detalles del terremoto de 2010. Le narro donde me sorprendió, parte de lo que vivimos y cómo nos hemos ido recuperando.

- Nosotros tenemos tornados, pero al menos nos avisan con anticipación cuando vienen. Ustedes no tienen cómo saber cuando viene un terremoto.
- Así es. Y la mayoría de las veces no estamos preparados.
- ¬ŅY cu√°l dir√≠a usted que es la peor cat√°strofe de todas? -me pregunta como si los chilenos ya fu√©ramos una especie de Onemi ambulantes.

Guardo silencio durante un minuto y pienso en todo lo que he visto durante aquella ma√Īana.

- ¬ŅSabe? Honestamente, creo que la peor cat√°strofe de todas es el ser humano.

La mujer me mira un poco sorprendida y luego asiente.

- Tiene usted razón.

Nos despedimos y me marcho cuando las nubes de Oklahoma comienzan recién a dejar paso al sol.

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