Sociedad
Diego Portales y la cr√≥nica del magnicidio del “ministro dictador”
Publicado por: Alberto Gonzalez
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Referente de la pol√≠tica conservadora y repudiado por los liberales, lo cierto es Diego Portales fue uno de los pocos ministros de Estado que ha marcado la historia pol√≠tica de nuestro pa√≠s, y que termin√≥ asesinado por un ideal cuyo legado que a√ļn perdura.

Se trata de uno de los pol√≠ticos m√°s controversiales en los comienzos de la rep√ļblica, que fue determinante en el cambio vivido alrededor del 1830, cuando las libertades personales pasan a estar sometidas al orden p√ļblico, y que de paso logr√≥ dar estabilidad a un pa√≠s que daba sus primeros pasos.

Proveniente de una familia aristocr√°tica, Diego Portales salt√≥ desde el mundo de los negocios -en espec√≠fico del tabaco- a la pol√≠tica, logrando instituir el denominado “orden portaliano”, tal como queda de manifiesto en una famosa carta enviada a un amigo, seg√ļn destaca el sitio Memoria Chilena.

Su empe√Īo le vali√≥ ser ministrodel Interior, Relaciones Exteriores, de Guerra y Marina; destac√°ndose por organizar la guerra contra la Confederaci√≥n Per√ļ-Boliviana. Fue precisamente en dichas labores, un 3 de junio de 1837, cuando el regimiento al cual pasaba revista se sublev√≥, secuestr√°ndolo y d√°ndole muerte tres d√≠as despu√©s.

No obstante, las balas de los fusiles no lograron acabar con las ideas “portalianas”, que hasta ahora dividen a los historiadores entre quienes lo consideran un fundador de la Rep√ļblica y un pol√≠tico que tuvo que adaptarse a los tiempos que le toc√≥ enfrentar, mientras que otros lo consideran un dictador en las sombras.

Quizás su muerte en trágicas circunstancias alimentó su figura histórica, alimentada desde la derecha chilena, y siempre apuntada por sus detractores como un símbolo de la represión.

El Ideal Político

La principal base del pensamiento político de Diego Portales no es precisamente un documento demasiado elaborado, sino más bien una simple carta escrita a su amigo José M. Cea en marzo de 1822.

‚ÄúA mi las cosas pol√≠ticas no me interesan, pero como buen ciudadano puedo opinar con total libertad y a√ļn censurar los actos de Gobierno. La Democracia que tanto pregonan los ilusos, es un absurdo en los pa√≠ses como los americanos, llenos de vicios y en donde los ciudadanos carecen de toda virtud, como es necesario para establecer una verdadera Rep√ļblica. La Monarqu√≠a tampoco es el ideal americano, salimos de una terrible para volver a otra y ¬Ņqu√© ganamos? La Rep√ļblica es el sistema que hay que adoptar; ¬Ņpero saben como yo la entiendo para estos pa√≠ses? Un gobierno Fuerte, Centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud patriotismo, y as√≠ enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se haya moralizado, venga el Gobierno verdaderamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos‚ÄĚ.

Pero m√°s all√° de este documento, diversos historiadores, desde Benjam√≠n Vicu√Īa Mackena hasta Gabriel Salazar, han analizado en extenso el legado del pol√©mico ministro.

Su influencia queda de manifiesto precisamente en el libro Introduccion a la Historia de los diez a√Īos de la administracion Montt. D. Diego Portales, donde pese a su nombre, est√° dedicada casi √≠ntegramente a revisar la actuaci√≥n de Portales, a quien considera el ide√≥logo de un gobierno que destac√≥ por ser fuerte y autoritario.

Esto √ļltimo, sin embargo, es destacado por Ram√≥n Sotomayor Vald√©s en ‚ÄúHistoria de Chile bajo el Gobierno del General don Joaqu√≠n Prieto‚ÄĚ y por Diego Barros Arana, en su “Historia General de Chile”, seg√ļn destaca Ana Henr√≠quez Orrego, directora de Pedagog√≠a en Historia de la Universidad de Las Am√©ricas.

En ambos textos se destaca el “nuevo orden” implementado por Portales, donde prim√≥ el restrablecer el orden p√ļblico en aras del progreso, tal como lo reafirma Barros Arana cuando asegura que ‚Äúse impon√≠a un sistema pol√≠tico que siendo severo y restrictivo, llevaba el sello de seriedad y de firmeza, que no hab√≠an podido imprimir a sus actos los gobiernos que ven√≠an sucedi√©ndose desde 1823‚ÄĚ.

Otro autor, Alberto Edwards, destac√≥ la labor de Portales, asegurando en su libro “La fronda aristocr√°tica” que el ministro ‚Äúrestaur√≥ la monarqu√≠a no en sus principios din√°sticos, sino en sus fundamentos espirituales, fuerza conservadora del orden y las instituciones‚ÄĚ.

‚ÄúEl pa√≠s sigui√≥ obedeciendo no a Prieto, Bulnes o Montt, sino al Gobierno. Como antes se obedeci√≥ no a Carlos III o Carlos IV, sino al rey‚ÄĚ, destaca Edwards.

M√°s actuales, dos historiadores -Sergio Villalobos y Gabriel Salazar- entregan una cr√≠tica mirada de Portales y su legado pol√≠tico, a quien califican de “dictador” y “tirano”, por sus pol√≠ticas restrictivas.

Salazar, por su parte, destaca el pensamiento de Portales expresado en una de sus cartas a Antonio Garfias, donde el ministro reclama que “en Chile la ley no sirve para otra cosa que no sea para producir la anarqu√≠a, la ausencia de sanciones, el libertinaje, el pleito eterno, el compadrazgo y la amistad”.

‚ÄúCon ley o sin ella, a la se√Īora que llaman Constituci√≥n, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas‚ÄĚ, se√Īala Portales en la misiva escrita en diciembre de 1834.

De esta forma, seg√ļn el octagenario historiador, ‚Äúel mito del orden portaliano, fue en esencia un orden policial y militar, se basa s√≥lo en una sinraz√≥n si no se prueba que ese orden fue beneficioso para todos los chilenos‚ÄĚ.

Lo que para algunos fueron las circunstancias de la √©poca en que se viv√≠a, lo concreto es que Portales, para bien de sus seguidores o para mal de sus detractores, continuar√° siendo tema de debate frente a la disyuntiva entre los derechos individuales o el orden p√ļblico.

Su muerte, calificada de magnicidio por tratarse nada menos que de un ministro de Estado, no logr√≥ terminar con la ideolog√≠a de una rep√ļblica con autoridad, que en la actualidad a√ļn debate en los l√≠mites de la libertad.

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