Notas
Lo peor de lo nuestro
Publicado por: Mike Haggar
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Si algo dejaron en claro estas primarias, fue que las redes sociales y los comentarios web de los portales de informaciones son lo m√°s cercano a una casa de orates.

Antes que me maten en los comentarios rebobinemos un poco al 2011, en donde los movimientos sociales estaban en su punto de mayor convocatoria. Twitter y Facebook fueron puntos fundamentales para organizar, no sólo las movilizaciones, sino los sistemas de turnos y ocupación de las escuelas y liceos.

Los grupos ocuparon de forma inteligente todos los elementos que componen estos sitios para poder comunicarse sin ser (tan) monitoreados y pudieron llevar miles de personas a las calles, apoyando la labor que hicieron las bases con llamados por vías más clásicas como los medios de comunicación tradicionales y las asambleas en sedes educativas y gremiales.

Ya en ese momento, el porcentaje de gente que opinaba de forma polarizada aparecía de a poco, y era entendible cuando un gran porcentaje de las escuelas, universidades y liceos eran tomados y existía un nivel de violencia importante en las calles, tanto en la destrucción provocada en las marchas, como en el accionar policial.

Los comentarios en las secciones ciudadanas eran acalorados y muchas veces, descalificativos. Los insultos ad hominem estaban a la orden del d√≠a y los apelativos de “fachos”, “comunistas” y “amarillos” eran los m√°s utilizados.

La semilla quedó plantada en los internautas, en donde las voces más destempladas siempre acallaron a las más sensatas.

Cuando las demandas estudiantiles bajaron su intensidad y nos adentramos al 2012, era normal encontrar a√ļn ese posteador an√≥nimo que no entend√≠a muy bien la diferencia entre la voz interna y la voz externa, esto se mantiene hasta hoy.

No importa si la noticia era sobre un gato perdido, el nuevo hit de Rihanna, o la selecci√≥n chilena, en breves pasos y con mucho arte los internautas transformaban la discusi√≥n en ataques de corte pol√≠tico. Llegamos a un nivel donde una informaci√≥n ciudadana sobre la necesidad de donar sangre tiene comentarios como ‚Äúseguramente la sangre se la chup√≥ la chanchelet‚ÄĚ o ‚Äú Pira√Īa la dej√≥ seca con su represi√≥n‚ÄĚ, una criolla versi√≥n de la ley de
Goodwin.

Los comentarios de Internet en sitios de noticias y en redes sociales se han transformado en lo peor de lo nuestro, en una demoracia que se entiende como bella y amplia pero tiene el rímel corrido. Gritos guturales desde la butaca con un tourette infinito.

Si bien el anonimato siempre ha sido un caja de resonancia para este tipo de comentarios, cuando los principales sitios de internet decidieron exigir que los
comentarios se hagan con las identidades de Facebook (algo que hoy en día se le da tanta validez como el carnet de identidad) el troleo no paró.

La √ļnica diferencia es que vemos el mismo nivel de comentarios pero con nombres y apellido, a veces por curiosidad uno revisa los perfiles y son gente normal, hijos, esposas, abuelos. Personas que se sacan un peso de encima con un comentario de rabia parida.

Al final el comentarista destacado de los portales de informaci√≥n en redes sociales juega a ser analista de la realidad nacional de la misma forma que pretende ser t√©cnico cuando la ‚ÄúRoja de todos‚ÄĚ tiene un encuentro. Los caracteres debajo de esa nota permiten sentir que uno tiene las cosas claras y que los que est√°n arriba no tienen idea. La l√≥gica de la sobremesa donde se arreglan los problemas del mundo mientras se entibia el caf√©.

Al final Internet no solo parece ser el recept√°culo de la rabia y la respuesta a los abusos, pero tambi√©n para darnos cuenta de lo que a√Īos de ausencia de educaci√≥n c√≠vica hace en el p√ļblico opinante, pero tambi√©n la ausencia de los elementos bases para llevar una discusi√≥n inteligente en la mayor√≠a de los casos.

Es como uno de los carteles que se ve√≠an en medio de las mismas marchas estudiantiles “hay millones de adultos que fueron ni√Īos sin educaci√≥n” y si nos guiamos por los panelistas de las redes. Se nota.

Muchos de los analistas, o de los que juegan a serlo (yo incluido) se preguntan si la actividad de redes sociales se traduce necesariamente en votos. Espero que s√≠, tomando la lecci√≥n de “dientes de sable” el perro que no solo ladraba, sino que tambi√©n mord√≠a.

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