Notas
Nuestro necesario proceso constituyente y el caso colombiano
Publicado por: Ricardo Bustamante
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‚ÄúCon esta Constituci√≥n hemos vivido veintitantos a√Īos de paz‚ÄĚ, sentenci√≥ en una entrevista hace unos d√≠as el ex ministro y ex integrante del Tribunal Constitucional, Jos√© Antonio Viera-Gallo. De forma igual de precisa no hay que ser muy perspicaz para deducir la postura del personero concertacionista respecto al debate sobre la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente en Chile. La misma premisa contraria que profesan muchos miembros del bloque opositor, como, por cierto, de la alianza gobernante.

Mientras que para muchos otros, la pertinencia democrática de iniciar un proceso constituyente es el camino a seguir. Y más allá de la discusión de que si efectivamente estamos ante una crisis constitucional o una de representación que amerite un llamado a plebiscito para ello, el diagnóstico para el abogado y encargado de reformas constitucionales del comando de Michelle Bachelet, Fernando Atria, es muy claro.

La Constituci√≥n -en resumidas cuentas- define la identidad y forma de existencia de una naci√≥n, y la de 1980 es sencillamente antidemocr√°tica, pues ‚Äúes una Constituci√≥n que se protege del pueblo‚ÄĚ, ya que, entre otras cosas, sobre representa a las minor√≠as, excluyendo a las mayor√≠as, y reproduce una desigual distribuci√≥n de poder.

No se trata de solo consultar a la ciudadan√≠a si quiere convocar a una Asamblea Constituyente porque s√≠, pues se necesitan ciudadanos y movimientos sociales empoderados y capaces de entender el proceso, se requieren propuestas claras y una estrategia de articulaci√≥n de diferentes actores sociales para conformarla. As√≠ lo expone Claudio Fuentes, director del Instituto de Investigaci√≥n en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, quien tambi√©n forma parte del movimiento ‚ÄúMarca Tu Voto‚ÄĚ, que impulsa una campa√Īa para que la ciudadan√≠a escriba en su voto las iniciales ‚ÄúAC‚ÄĚ manifestando su inter√©s por establecer una nueva Constituci√≥n a trav√©s de un mecanismo plural, incluyente y participativo como es una Asamblea Constituyente.

Y como no tenemos referencias nacionales de cómo se realizan procesos constituyentes de forma democrática, bien viene mostrar luces de cómo los colombianos reformaron su Constitución en 1991 tras un acuerdo transversal e histórico.

El presidente colombiano Virgilio Barco propuso en 1988 iniciar un proceso para reformar totalmente la Constituci√≥n de 1886, la cual durante su siglo de vida hab√≠a sufrido sucesivas reformas parciales, como la nuestra. Seg√ļn el mandatario, se requer√≠a de una reforma m√°s profunda para sentar las bases de un nuevo acuerdo pol√≠tico en el pa√≠s. La respuesta por parte de la oposici√≥n fue totalmente constructiva (no es as√≠ en Chile) llevando al ex presidente Misael Pastrana, l√≠der del Partido Conservador, a firmar un acuerdo con Barco para emprender el camino de la reforma constitucional. Se inici√≥ a la vez un movimiento estudiantil universitario, llamado “Todav√≠a podemos salvar a Colombia” creador de la propuesta llamada la S√©ptima Papeleta, el cual consigui√≥ que se contara extraoficialmente un voto extra en las elecciones parlamentarias de marzo de 1990, solicitando una consulta popular para la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

La Corte Suprema avaló el resultado de más de 2 millones de votos, argumentando la incapacidad para limitar el poder del constituyente primario; de esta forma, junto a las elecciones presidenciales de mayo de 1990, se consultó sobre la aprobación de convocatoria a una Asamblea Constituyente, resultando aprobada por más del 86% de los electores.

Como consecuencia, se convocó a elecciones para diciembre de 1990, para elegir los 70 delegatarios a la Asamblea. Es más, como una forma de sellar el proceso de paz que el gobierno adelantaba con diversos grupos armados ilegales, se aprobó la inclusión de 4 constituyentes con voz pero sin voto en representación suya (2 del Ejército Popular de Liberación, 1 por el Partido Revolucionario de los Trabajadores, y otro por el Movimiento Armado Quintín Lame). Aunque lo ideal sea incorporar a voceros de nuestros pueblos originarios como de movimientos históricamente discriminados.

¬ŅCu√°n lejos estamos de iniciar un proceso constituyente por vez primera guiado por la ciudadan√≠a? ¬ŅSer√°n suficientes las voluntades pol√≠ticas como c√≠vicas comprometidas? ¬ŅO la clase pol√≠tica actual por mera comodidad al poder rechazar√° el democratizar y legitimar nuestra carta fundamental? ¬ŅCu√°nto hay que esperar? ¬ŅEs el mejor mecanismo?

Para Atria y muchos otros movimientos sociales como ciudadanos no hay muchas m√°s alternativas. ‚ÄúYo no creo que la Asamblea Constituyente sea la √ļnica manera con la cual pueda solucionarse este problema, pero es la m√°s perfecta para darse una Constituci√≥n que sea m√°s legitimada‚ÄĚ. Para m√≠ y muchos m√°s, tambi√©n.

Ricardo Bustamante

Ricardo Bustamante

Ricardo Bustamante


Periodista de la Universidad Andrés Bello, Diplomado en Política Mundial (Universidad de Santiago) y en Democracia en América Latina (PNUD), Tesista de Magíster en Ciencia Política, Universidad Mayor. Se especializa en contenido socio-ambiental, gestión de prensa y generación de redes de contacto

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