Notas
La fantasmal declaración de Vargas Llosa, Edwards y Cía. Ltda.
Publicado por: Francisca Rivas
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El diario La Tercera titul√≥ este 25 de julio: “Intelectuales y empresarios de Chile y Per√ļ llaman a la ‘concordia’” (las comillas en concordia merecer√≠an un comentario aparte). Luego se indica que Vargas Llosa y Edwards presentaron en Madrid tal carta en que piden cerrar tensiones tras fallo de La Haya.

La ep√≠stola viene a sumarse a otra del mismo tenor suscrita por dirigentes del Consejo Empresarial Chileno-Peruano pocos d√≠as antes. ¬ŅSe trata de un doble carteo concertado o estamos ante una mera coincidencia?

Aunque exista m√°s de un indicio para pensar lo primero, como descreo de las autom√°ticas explicaciones tipo complot, supongo por ahora que se trata de una interpretaci√≥n del diario (“Intelectuales y empresarios de Chile y Per√ļ…”) y me concentro en atender lo que nos se√Īala el env√≠o de los ‚Äúintelectuales‚ÄĚ.

¬ŅQu√© dice en suma el ‚ÄúLlamado a la concordia‚ÄĚ (as√≠ denominan la carta)? B√°sicamente tres cosas:
Primero, que hay que respetar los tratados internacionales, cómo no, en este caso el fallo de la Haya.
Segundo, que el ‚Äúenemigo‚ÄĚ es el subdesarrollo, el hambre y la ignorancia, y no alg√ļn pa√≠s vecino.
Tercero, que el susodicho fallo ser√≠a una oportunidad inmejorable para, por una parte, establecer una ‚Äúpaz definitiva‚ÄĚ entre Per√ļ y Chile, y por otra, desterrar los ‚Äúfantasmas‚ÄĚ del pasado.

Este √ļltimo a m√°s abundamiento: que el respeto escrupuloso al fallo de la Haya es una ocasi√≥n propicia para dejar atr√°s definitivamente el ‚Äúsiglo XIX‚ÄĚ y entrar al ‚Äúsiglo XXI‚ÄĚ, dando un ejemplo de entendimiento entre pa√≠ses a fin de cambiar la deteriorada imagen de Am√©rica Latina en el mundo actual. ¬ŅQui√©n, de buena fe, podr√≠a discordar con este racimo de buenas intenciones?

Independientemente que alguien pudiera esperar un an√°lisis o interpretaci√≥n de la coyuntura algo m√°s precisa de un grupo de ‚Äúintelectuales‚ÄĚ (por de pronto, por ejemplo, sobre c√≥mo fue que llegamos a este punto, etc.), me limito a continuaci√≥n a tres frugales remarcas:

1. La imagen o tropo del ‚Äúenemigo‚ÄĚ, a√ļn desplazada del pa√≠s vecino al ‚Äúsubdesarrollo‚ÄĚ (o sea, a Moya), curiosamente no logra borrar -al contrario, lo subraya‚Äď los fantasmas de la guerra (relaci√≥n entre enemigos) del Pac√≠fico.

Esto es, queriendo eliminar por decreto (o con buenas intenciones) las marcas cruentas del pasado, los ‚Äúabajo firmantes‚ÄĚ reintroducen por denegaci√≥n el siglo XIX en plena siglo XXI, justamente lo que en principio dicen no querer alentar. As√≠, la supuesta oportunidad ‚Äúpara salir de una vez por todas de la mentalidad del siglo XIX que ha veces a enturbiado nuestro trato y entrar de lleno a una mirada propia del siglo XXI‚ÄĚ pone la carreta delante de los bueyes.

Antes que intentar dar vuelta compulsivamente la p√°gina hist√≥rica (como si eso fuera posible), como lo pregonara Pinochet insistentemente y aun hoy sectores de derecha en Chile, ¬Ņc√≥mo no plantear la pregunta por la justicia hist√≥rica entre ambas partes?

Pensar con el siglo XIX a la luz o a la extra√Īa opacidad de la justicia las relaciones chileno-peruanas, es tambi√©n pensar, c√≥mo no, las relaciones chileno-bolivianas y chileno-mapuches, todas ellas mal anudadas precisamente en el siglo XIX y que vuelven con inusitado vigor en la hora actual.

2. Aunque hay nutridos fraseos, tanto con respecto al pasado, presente y futuro de las relaciones entre Chile y Per√ļ, as√≠ como a los problemas y desaf√≠os de Latinoam√©rica, en la carta de Vargas Llosa y cia. la palabra justicia brilla por su ausencia (salvo para nombrar la Corte de la Haya).

Ni la discordancia hist√≥rica entre Chile y Per√ļ ni las vicisitudes de Latinoam√©rica nada tienen que ver con la Justicia, es decir, con la injusticia. Que un pa√≠s (Chile) invada a otro (Bolivia), aun contraviniendo los tratados vigentes entonces entre ambas partes, y luego a un tercero (Per√ļ), y finalmente, tras derrotarlos por las fuerza, les cercene a perpetuidad extensos territorios, eso nos dicen Vargas Llosa y cia, mejor olvidarlo: ¬°Olv√≠dense, no habr√° justicia!

Aunque es conocida la par√°bola de Funes, el memorioso (la memoria pura mata), convivir con las huellas, im√°genes y fantasmas del pasado en el presente que se proyecta al porvenir, jam√°s podr√° hacerse de manera gozosa a punta de mera amnesia o pura sordera a las demandas por justicia.

Quienes somos ciudadanos chilenos (aunque como escritores podamos zafarnos del cors√© estado-nacional), quienes luchamos y desarmamos, al menos en parte, la bien o mal llamada dictadura, aprendimos ¬Ņo no? que sin justicia (cuesti√≥n por dem√°s interminable), paz, lo que cabe llamar paz, jam√°s habr√°.

3. Los firmantes del ‚Äúllamado a la concordia‚ÄĚ se manifiestan al cabo preocupados por la ‚Äúimagen‚ÄĚ de Am√©rica Latina en el ‚Äúmundo actual‚ÄĚ, y a la vez temerosos de que los ‚Äúfantasmas‚ÄĚ del pasado ‚Äúnos sigan persiguiendo y paralizando‚ÄĚ. Se sienten perseguidos por fantasmas y apuestan a que una operaci√≥n de imagen los exorcizar√°. ¬ŅSer√° para re√≠r? ¬ŅPara llorar?

Ah y una buena noticia: quienes se abrazaban glamorosos sobre la cubierta del H√ļascar (esto es, en una de las huellas m√°s evidentes del militarismo chileno del siglo XIX), recitando vers√≠culos y afilando espadas hace s√≥lo algunos a√Īos, felizmente no est√°n esta vez entre los susodichos ‚Äúabajo firmantes‚ÄĚ. Uy pa√≠s, pa√≠s, pa√≠s…

Andrés Ajens es escritor penquista (Concepción, Chile); ambos son codirectores de la revista de poesía Mar con Soroche.

URL CORTA: http://rbb.cl/38e3
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