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5 profesores cuentan sus peores experiencias ejerciendo la docencia en Chile

Contexto | Pablo Vera Lisperguer | Agencia UNO
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Para 2017, la celebración del Día del Profesor en Chile quedó pactada para el 16 de octubre. La fecha calza con la creación del magisterio en 1974, durante la dictadura que lideró el fallecido general, Augusto Pinochet Ugarte. Hasta 1973, el día del maestro se conmemoraba el 11 de septiembre.

Muchos establecimientos ya celebraron a sus docentes el viernes. Otros lo harán hoy. No obstante, no todos los profesores chilenos podrán hacerlo, porque -al parecer- esta profesión da pocas instancias para estar contento.

BioBioChile tuvo acceso a las historias de 5 profesores cuyas identidades, especialidades y lugares de residencia no serán revelados a petición personal.

Los relatos dan cuenta del agobio, la poca valoración y de lo peor que han pasado estas personas en la carrera que todos eligieron sin pensar qué les depararía el futuro.

Acá sus historias:

1. Sostenedora loca y ataque de nervios

Mi primer trabajo con contrato a horario completo lo encontré al año de haber salido de la universidad y lo tuve en un colegio con nombre en inglés en una comuna y barrio de lo más normal.

La entrevista la tuve con la jefa del departamento quien, a la mitad del encuentro, salió a ver un problema y me dejó con su segunda al mando. Aparte de mirarme la ropa que andaba trayendo sólo me preguntó donde había trabajado antes. Le gustó la respuesta y me llevó donde la sostenedora.

Entré al amplio y decorado despacho y con una sonrisa me invitó a tomar asiento. La misma pregunta surgió: ¿donde has trabajado?

Como la respuesta volvió a gustar quedó todo pactado y entré a trabajar al día siguiente. De haber sabido al lugar al que iba ir a parar no habría aceptado el jugoso valor por hora: era, por ponerlo en dos palabras, el infierno: padres alzados, directivos aprovechadores, inspectores “sapos”, alumnos de lo peor que he visto y una sostenedora que o estaba loca o estaba loca.

Llegó el día de mi primer consejo de profesores y llamaron al departamento a una reunión a la oficina de la sostenedora.

Yo, recién llegada, y con poco o nada que ver en el drama, tuve que escuchar como nos trataron de estúpidas, de rotas, de malas profesionales y que el mal rendimiento de los estudiantes era de exclusiva responsabilidad nuestra.

Al otro día una apoderada me fue a pegar y esa noche tuve una crisis nerviosa. Avisé por correo que estaba enferma y así se acabó mi participación en esa jungla.

2. Inestabilidad

Cumplí 3 años titulado y en todo este tiempo nunca he tenido un trabajo que no sea un reemplazo.

Tengo amigos que estudiaron Derecho, Medicina, Ingeniería y ya tienen auto, viven solos, están empezando a pagar sus casas propias, han recibido ascensos y yo aquí, con mi familia que me apoya, pero que aunque no lo digan están tan o más decepcionados que yo del camino que elegí.

Si a eso le sumamos que el día que entre a trabajar a un colegio deberé mantenerme dos años ahí para recién poder optar a un contrato indefinido, todo se vuelve aún más triste.

El dinero no lo es todo, eso está claro, pero me da pena que sea mi polola (odontóloga) la que tenga que pagar hasta el pasaje de la micro cuando queremos ir a alguna parte.

No estudien pedagogía, se van a morir de hambre.

3. Tu presunta homosexualidad puede ser un problema

Respondí un aviso de profesor para una escuela de una de las Fuerzas Armadas. El día de la entrevista me encontré con una niña que había salido años antes que mi de la misma carrera. No quedé, lo que no era raro para mi. Me demoré en encontrar trabajo.

Pasaron dos años y me encontré con esta chica en una playa. Inevitablemente salió el tema de la fallida entrevista y me confesó que le contaron de forma muy reservada que la razón por la cual no me dejaron fue el hecho que mi “presunta homosexualidad” podría significar un problema al interior de la escuela.

4. Acusación

Qué irónico. Justo después de un acto del Día del Profesor se acercaron dos apoderados a conversar conmigo. Yo estaba en un reemplazo y ya llevaba un tiempo en el colegio, pero no el suficiente como para recordar a los 40 alumnos de los 8 cursos que tenía.

Me dijeron que estaban muy preocupados por mi conducta y sobre todo por mi trato y que lo que más le preocupaba eran los dichos contra su hijo.

Según él, durante el ensayo de un baile para la ceremonia le dije que era un “enfermo de la cabeza” y no sólo eso: compañeros atestiguaban haberme visto tratándolo así.

Por supuesto nunca le dije eso, nunca lo traté así. Es más, si ese día no llegan con el hijo al lado no habría sabido de quien me hablaban, el niño era cero aporte en clases.

5. Sapoderados, disciplina y desprestigio social

No niego que la falta de disciplina y control al interior de una sala que con mucha suerte logra cobijar a 40 o más alumnos es muy difícil, pero sin duda lo peor de mis años de profesor han sido los apoderados.

De ese grupo destacan los llamados sapoderados: seres que buscan a toda costa defender sus ideas y a sus hijos, muchas veces sin tener razón de forma evidente.

En mi primer año de profesor una apoderada literalmente me acorraló en una esquina para decirme todo lo mal que estaba haciendo en comparación a la colega anterior.

Recuerdo que sus palabras fueron “a mi (nombre de la hija) le iba excelente con la profesora del año pasado, ella es muy inteligente, asi que está claro que el problema partió este año con usted”.

Otra vez, dos papás pidieron una reunión con mi jefe de departamento y llevaron la prueba en la que a su hijo le había ido mal para pedir explicaciones punto por punto del porqué la nota.

Pero lo que más me molesta y apena es el poco valor que ven en mi labor. Mi trabajo, las comunicaciones que envío, los contenidos que cubro, los (pocos) proyectos que pido que desarrollen en casa, las guías que, ojo, preparo en la mía, todo parece ser una molestia y no logra cumplir con sus estándares de calidad en la Educación.

Una mamá abiertamente me dijo un día esperar que a su hijo ni se le ocurriera ser profesor, “que eligiera una carrera de verdad, algo de valor, que fuera importante”.

Y si al Ministerio de Educación le importamos poco o nada, ¿qué hemos de pedirle a los padres y alumnos?

Gracias Radio Bío Bío, estoy con toda la presión de la evaluación docente. Fue catártico escribir estas palabras.

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